“Caídas del cielo”

Novedoso ver a dos monjas fuera del convento vistiendo hábito blanco. Impolutas de cuerpo entero bebiendo gaseosa para calmar la sed del sol de las tres de la tarde, en una panadería de roscones y almojábanas del centro de Pereira.

Las alcancé a ver sentadas en actitud desprevenida, ocupando una de las mesas metálicas, la más arrinconada del establecimiento y cerca a ese infierno que apenas soportan los panaderos  pero que en realidad es el horno que dora los panes.

Dos eran las religiosas acompañadas de un joven adolescente con rostro de Santo Domingo Savio.

De verdad que las monjas parecían bajadas del cielo.

Ambas adultas mayores y también  mayores de talla. Rostros bondadosos y dulces como la piña oro miel.

No presumían de gran cosa pero tenían la pulcritud de las candidatas a Miss Universo.

Cirros, nubes blancas a gran altura que forman figuras caprichosas pero que son esculturas en el firmamento .

Desde la distancia eran más vírgenes “mecatiando” que monjas extraviadas en el mundanal ruido.

Nunca pensé que al fondo de la panadería iba a encontrar a quienes pasan todo el tiempo entregadas a Dios y a hacer el bien a los demás, y mucho menos consumiendo bebidas con demasiada azúcar para ellas que se derriten en amor a Jesús Sacramentado. Hablaban tan suavemente como rezando sus oraciones.

El contacto

Como pensé que no tendría otra oportunidad para recoger información de las religiosas tan “frescas” y relajadas a la vista del público, les llegué a la mesa como periodista dispuesto a coger la “chiva” por la barba.

Un olor a melocotón maduro me envolvió  y un sabor a agua bendita se me quedó en la boca, aún lo siento casi ocho días después.

Como las instalaciones de El Diario, periódico al cual presto mis servicios se encuentra a un piso de la panadería de la carrera 8a. con calle 23, se me ocurrió la idea de invitarlas para entrevistarlas allí, y de paso se dieran cuenta de cómo se procesa la información y se hace la noticia en un periódico de diaria circulación.

Pero la religiosa de más edad parecía dispuesta a derrotarme en mi propósito:

“Amigo, yo puedo tener mucha edad y autoridad pero nosotras no estamos para visitas a recintos que no sean de oración”, me respondió.

“Hermanas, soy un ángel y las escalas a las que invito a subir son menos empinadas que las que llevan al mismo cielo. Además no teman que en un periódico se suda la gota fría para sacar la verdad que es tan esquiva”, les inquirí.

Como veía que a la hermana que la acompañaba y al joven les sonó la idea, terminé diciéndoles con cierta seguridad: “Síganme”.

Todo un triunfo

¡Oh Dios, lo logré! Empezaron a ascender al segundo piso con cuidado de no soltar el pasamanos hasta que llegamos. Fue un triunfo para mí.

Les enseñé la sala de redacción con redactores y reporteros ansiosos y respirando fuerte; producción con grafistas a quienes se les sale el diseño a diario para páginas de buen corte.

Las llevé hasta la cafetería donde los periodistas calman la ansiedad del reporte con “tinto” negro.

Y como en la sede de El Diario se elabora el otro periódico de Pereira, Q’Hubo, lo recibieron y lo hojearon para quedar en imágenes a través de las cámaras de los reporteros gráficos.

Entonces se dieron cuenta que los periódicos de hoy no son más lo que alguna vez fueron porque son lugares en los que se integran las palabras, las imágenes gráficas y el video de un acontecimiento que a juicio del periodista o sus lectores debe publicarse.

En la sala

Con el cuidado y la delicadeza con que se maneja una porcelana las instalé en la sala de visitas para juntar la finalidad y el propósito que me animaba desde un comienzo, y que era entrevistarlas y saber de la comunidad religiosa donde habitan.

El deseo por conocer sus vidas parecía para mí un chocolate caliente que se debe consumir a pequeños sorbos .

La hermana de más edad resultó ser la Madre Concepción de María, la superiora del Monasterio Inmaculada Concepción y San José de las Carmelitas Descalzas de Pereira. La otra que la acompañaba, la hermana María Teresa Zorro Camargo, quien me confesó haber tenido un novio, amor que cambió rápidamente por el amor a Dios.

De otra parte el joven que las acompañaba dijo llamarse  Cristofer y ser oriundo de la Perla del Otún.

¿Por qué se hallaban en la panadería estas monjas de vida monástica, conventual y de clausura?

La priora respondió: -Porque estábamos de consulta médica y luego a la panadería nos llevó la sed física.

¿Sus labores en el convento después de la oración?

Elaboramos bellos rosarios y objetos religiosos. También hacemos el pan que nos comemos.

¿Y la misa?

-Sí, la celebración está a cargo del embajador del cielo en la tierra, el sacerdote Alfredo Arias, de Anserma (Caldas), quien ejerce el cargo diplomático desde nuestro monasterio.

Los inicios de esta orden religiosa en Pereira se remontan al año 1943 con cinco monjas de Medellín. Vivió sus inicios en la casa situada en la avenida 30 de agosto, en el centro de la ciudad y en el sector Pinares de San Martín.

En la actualidad ocupan una modesta edificación en el kilómetro 5 vía a Armenia, vereda Huertas.

Las Hermanas tienen el proyecto de construir allí mismo su monasterio para lo cual en agosto del año 2018 se colocó la primera piedra, esperando las donaciones y ayuda de los católicos para sacarlo adelante y realizar la obra.

De salida

Al descender las religiosas  del edificio de El Diario para llegar a la calle y volver al convento de Huertas, no tuvieron ningún tropiezo e inconveniente. pues en vez de hacerlo con pasos sobre la tierra, ganaron la calle volando cual palomas blancas.

Todas las vírgenes son así, reciben ayuda de los ángeles del cielo.

Ya en plena calle a manera de despedida me dirigí a la madre superiora con la siguiente consideración a manera de despedida:

– Madre, es tal el verano que la calle es un infierno…

¿Y saben lo que me respondió manteniendo el tono de voz suave que la caracteriza?:

-No temas al infierno por sus penas sino porque es un sitio donde no hay amor…

Esta frase, la misma que nos puede servir de reflexión, es de Santa Teresa.