Aula 12: La enseñanza eficaz, el deseo de aprender

Wilmar Ospina Mondragón*

En la anterior Feria del Libro de la ciudad de Pereira, tuve la oportunidad de asistir al lanzamiento del texto Aula 12: reflexiones sobre la investigación en el aula, escrito por Hernán Mallama Roux y Mauricio Suárez. Unos meses después leí el libro con el ánimo de encontrar algo novedoso. Y, en efecto así fue. Ambos maestros, con esta propuesta pedagógica y metodológica, ponen en jaque todo el sistema educativo del país.

¿Por qué en jaque? La respuesta es sencilla: a los maestros les proponen investigar en el aula para dinamizar sus estrategias de enseñanza; a los estudiantes les solicitan desarrollar esa capacidad propia de los seres humanos que es el deseo de aprender, porque en la medida en que un joven se acerca al conocimiento, de manera autónoma, con toda seguridad será una persona libre, propositiva: un sujeto proactivo con su contexto, con sus congéneres y políticamente inteligente con su país; y, en cuanto a la dirigencia gubernamental, tanto a nivel nacional, como a nivel regional, les exigen una mayor inversión en las herramientas fundamentales para llevar a cabo un proceso de enseñanza-aprendizaje más competente, más significativo y más austero para nuestros educandos; pero dichas herramientas, exponen, van más allá de lo físico: Hernán y Mauricio piden, contundentemente, una inversión social y cultural; esto es, en otras palabras, entender que la modernidad no es una máquina que se manipula, o un holograma que se proyecta; un país que le apuesta al despliegue tecnológico y científico debe comprender que es el sujeto (en este caso los estudiantes) la piedra angular de la sociedad.

En tal situación, no se trata de promover leyes que le apuesten al objeto (herramientas), sino al sujeto, para que este, en el futuro, construya una sociedad más equitativa, más resiliente, más solidaria, con una concepción diferente sobre el perdón, como lo escriben los autores de este libro.

Una bitácora

La propuesta de Aula 12 va más allá de una publicación. Es, en realidad, un vademécum, una bitácora, una apuesta metodológica que nos muestra el norte. Sin embargo, el libro de los dos compañeros no solo nos sugiere hacía dónde ir, también nos dice cómo llegar, que es, en el fondo, lo más trascendental. Cualquiera nos puede señalar el norte; pero no cualquiera nos muestra el camino, la ruta a seguir. Y ello es precisamente lo que hacen ambos maestros investigadores: nos trazan la meta, nos muestran el camino y, lo que es mejor, nos enseñan pedagógicamente a enfrentar y confrontar las dificultades, a no echar en saco roto todo lo que sucede en el aula; más bien, cada situación de clase, nos dicen, es un pretexto para sembrar, para modificar conductas, para propiciar espacios de reflexión y para desarrollar el pensamiento crítico en nuestros educandos, un pensamiento crítico que está cimentado en el respeto por el otro, en el diálogo, en la otredad.

Con toda sinceridad, Hernán y Mauricio no se guardan nada; incluso, piensan y resignifican el espacio del aula, pues demuestran, con argumentos, que de nada sirve innovar en los modelos pedagógicos y sus respectivas estrategias si el espacio del salón no se renueva en cuanto al mobiliario, su distribución y la disposición de los educandos. En este sentido, la “expansión mental del espacio” posibilita un diálogo entre pares académicos, incluido allí el maestro. Esta nueva organización del aula suprime, de entrada, el imaginario escolar de los lugares donde se hacen los buenos (adelante) y donde se sientan los que no quieren estudiar. En este sentido, no estamos hablando de un salón focalizado, a la manera tradicional, sino de un espacio dispuesto para todos, de un lugar con un núcleo fundamental: el diálogo. Diálogo con el que surge el debate y, por obvias razones, con el que se reconstruye el saber, todo ello con un objetivo común: mejorar, cada vez más, como seres humanos.

Las 7 misiones

A lo largo de la obra, el lector hallará 7 misiones posibles en relación con la labor pedagógica que deben cumplir los maestros. Asimismo, en esos 7 capítulos se desglosan un sinfín de temáticas (pedagogía, metodología, métodos educativos, herramientas TIC, didáctica), de forma tan sencilla e inteligente, que el maestro que desee romper su paradigma educativo podrá hacerlo sin prejuicio alguno. Y digo sin prejuicio alguno porque Aula 12 no es una camisa de fuerza; al contrario, es una propuesta que, si se la mira como una semilla, seguramente florecerán en el terreno de la educación otras apuestas tan significativas como esta. En sí, Aula 12 tiene el aura de lo novedoso, de lo distinto y, por sí misma, ya es una estrategia que le exige a cualquier maestro innovar.   

Para finalizar, y debo decir que dos o tres páginas es muy poco para contar tanto, hay algo, de este excelente libro, que aún retumba en mi memoria: para los escritores del texto es el maestro el principio no solo fundamental, sino también fundacional de la educación, pues argumentan, en varios apartes, que el bienestar del maestro, más que una necesidad, es una obligación. ¿La razón? La razón es simple, y responderé a la luz de Perrenoud(1).

Para el pedagogo suizo, el éxito de la escuela europea solo tiene un fin: los estudiantes; pero, asimismo, solo tiene un medio: los maestros. Y, son estos últimos los que deben estar absolutamente bien para que, dicho bienestar, redunde tanto en los educandos como en los padres de familia; en sí, en todo aquello que se denomina proceso de enseñanza-aprendizaje. Sin embargo, no se trata del bienestar en relación con la comodidad; el argumento tiene un mensaje oculto entre líneas, el cual desvelaron acertadamente Hernán y Mauricio en su texto y que, con seguridad, es el núcleo de Aula 12: educar es confiar en el otro, es creer en mi vecino, en mi maestro, en mi estudiante; es creer en ese trasfondo que hay en cada ser: su humanidad. Y solo así, con un maestro feliz y satisfecho, es posible que las sociedades del futuro eduquen a sus jóvenes con una mirada distinta, una mirada en la que será más importante la duda que la certeza y, en ese mismo sentido, en la que será más determinante un sueño o una sonrisa antes que un fracaso o una lágrima.

Enseñanza del libro

De hecho, Aula 12 me deja una gran enseñanza: la educación no erradica la ignorancia, en algunos casos, por el contrario, tiende a aumentarla. Y, escribo este argumento, un poco visceral, porque es precisamente lo que desafía Aula 12: la educación tradicional, aquella que está atiborrada de información, de sesgos metodológicos; aquella que no permite la reflexión profunda, la posibilidad de ver el mundo de la escuela como ese gran escenario donde no surge la ciencia, sino ese lugar, quizás “mágico”, donde habita el hombre, donde se hace, a pulso y entereza, una sociedad que está dispuesta al entendimiento del otro y a la transformación del mundo para un bien común. Aula 12 es lo que muchos queremos: un mundo más justo y equitativo, más resiliente, más de todos para todos.

(1) Perrenoud, Ph. (2010). Los ciclos de aprendizaje. Un camino para combatir el fracaso escolar. Bogotá: Editorial Magisterio

* Magister en Lingüística