Arte de barrio

Ángel Gómez Giraldo

Cuando las busetas del transporte urbano y el particular ganan la cuesta que hay entre El Poblado I y El Poblado II, después de “atropellar” el río Consota, gracias a un puente que está por encima del afluente, los conductores sienten aletean el alma porque reciben los colores fuertes de las pinturas, obras en gran formato, que en el día son cómplices de la luz del sol y durante la noche se suman a las del cielo y a la artificial.

Parecen mariposas multicolores durmiendo tras los cristales de una galería de arte hecha en un espacio tan pequeño que parece haber sido construida para una sola obra, pero en la que el autor es capaz de montar una exposición de tres de sus pinturas.

Más que una sala para exponer cuadros es un cubículo o vitrina, con fachada de cristal, al lado derecho de la vía de acceso a este sector de la Perla del Otún, para ser igualmente el único de la capital risaraldense que cuenta con una exposición a la vista del público día y noche.

Y cuando uno visita el barrio se da cuenta que las obras brillan con luz propia, que son los colores del óleo sobre el lienzo y la lona costeña, en contraste de modestos bastidores  y espigados caballetes de madera.

Hasta aquí sin el artista y propietario de la galería de arte sin identificar.

Lo esperé con el interés que el alumno siente por conocer a su maestro el primer día de clase, al frente de las pinturas y arrellenado sobre una silla acabada de reparar, en la tapicería de Luis Aponte, emigrante venezolano quien llegó a Pereira sin en qué sentarse.

Contacto

Luego de una corta espera que uno pasa  pensando en lo que jamás ha pensado mientras mastica un chicle, apareció el hombre de las pinturas de El Poblado II.

No era ningún maestro de las artes, más bien era el alumno, hombre joven -luego me confesaría que frisa por los 29 años de edad y que su nombre es Camilo Leal- cuerpo y caminado menudo, de ojos redondos y pequeños pero bien abiertos al mundo.

Luego fui invitado a pasar con él al frente abriendo de inmediato con habilidad la puerta de acceso a la galería ubicada al costado derecho, y asegurada con un candado tan enorme como enorme es la obra pictórica, tres pinturas de gran formato, que uno no sabe cómo se pudieron acomodar allí.

Camilo nació en la capital del país pero el afecto de la familia lo trajo hasta la casa que ésta ocupa en El Poblado II.

Abriéndole la cremallera a la memoria me confesó que nació con un talento de guayaba dulce  y una inclinación gratinada por las artes en general, especialmente por la pintura.

Como sería para rayar que al ingresar al colegio para estudiar la primaria pintaba el rostro de sus compañeritos de clase y les tatuaba instrumentos musicales en el cuerpo.

Mas por el dintel de los recuerdos llegó su papá y le abrió más la memoria y así pudo revelarme más cosas: que fue su progenitor el que le enseñó a manejar la luz y la sombra, técnicas tan importantes en la pintura.

Este muchacho bogotano, ahora en Pereira, pinta desde niño para una producción de casi 500 obras vendidas.

Es increíble, la galería de arte de El Poblado de Pereira lleva solo 4 meses abierta y son 20 los cuadros vendidos a personas amantes de la pintura.

Reconoce Camilo que el éxito de la galería se debe en parte a  su socio, David Prestige, a quien define como un comerciante con buena suerte para las ventas de arte.

Autodidacta

Otra cosa es que Camilo no cuenta con estudios superiores ni ha estado nunca en una academia de arte.

“Mi formación en cuanto al arte de la pintura ha sido en Youtube”.

Aquí fisgó este joven a Leonardo Davinci, y viendo al detalle la Santa Cena, supo que su máxima virtud fue la de la expresividad de los rostros.

Usted se inició en la pintura con el retrato y se fijó en el español Diego Velásquez .

Porque era admirable esa portentosa capacidad que tenía el pintor español en el movimiento de sus manos y lo que veían sus ojos era tal que los cuadros los pintaba con unas cuantas pinceladas.

¿Un pintor contemporáneo?

Guillermo Lorca, pintor chileno de apenas 36 años que ya ha trascendido en el arte.

¿A dónde piensa llegar con la pintura?

A pintar los colores de la espiritualidad.

panadería

Repentinamente Camilo Leal se levantó de la silla y me invitó a que hiciera lo mismo y lo siguiera, todo con el incentivo de una pan recién salido del horno.

Entonces nos fuimos por un camino de fragancia de pan caliente que nos llevó hasta la panadería Manjares del Prado, frente a las canchas del barrio Villa del Prado de Pereira.

Conocido ya el pintor en el sector, Alejandro Sierra y Yudy Giraldo, propietarios del negocio nos recibieron con parva como para chocolate.

Ellos, una pareja joven y saben que con el amor de dos se hacen mejor las cosas para todas las personas.

Y parece ser cierto ya que ellos sacan un pan tan bueno que es como alimento de dioses y un pandequeso montañero con sabor urbano.

Es que tienen a Mario, un  panadero con rostro de harina y a Miguel, un pandebonero con corazón de queso. ¡Qué muchachos! Nada se les quema.

Luego de probar y comprobar que en Villa del Pardo se come un buen pan y un delicioso pandequeso montañero, el pintor Camilo Leal, quien me ha acompañado en todo un recorrido de barrios, se me viene con este buñuelo caliente:

“Cómo la parece que estoy invitado a exponer mi obra en una galería de arte de Bogotá”.