¿La pérdida del pensamiento racional, en función de la sostenibilidad económica, social y ambiental, es atribuible al vertiginoso desarrollo de la ciencia, la innovación, la tecnología y la IA?
Maurier Valencia Hernández
Con relación a un ensayo de Jorge Emilio Sierra (publicado en Las Artes) sobre el pensamiento de Aldous Huxley y su visión crítica de la posmodernidad en el marco de nuevos fenómenos sociales como el consumismo, la globalización, las redes sociales, la inteligencia artificial y, en general, el impacto de los avances tecnológicos en la actualidad, vistos ya como el mundo feliz descrito por el notable escritor inglés, me permito hacer las siguientes reflexiones, a modo de hipótesis afines a mi generación, en un contexto histórico que comprende más o menos los últimos cien años.
Tales inquietudes las planteo a través de preguntas, orientadas a generar las respuestas correspondientes de los lectores para abrir así un debate de gran trascendencia en los momentos actuales.
¿Esta nueva revolución tecnológica ha hecho al hombre un ser más humano, siendo, conforme a la evolución de los derechos humanos, más libre o, al contrario, le ha dado nuevas formas de dependencia y alienación?
¿El debate en cuestión no sería si la ciencia y la tecnología generan desarrollo, sino si ellas están acompañadas del progreso moral, ético y cívico, así como del bienestar para la humanidad, según Habermas y Bauman, entre otros pensadores contemporáneos?
¿La transformación de la familia y la pérdida de confianza en las instituciones, unidas a una generación de gobernantes pertenecientes a la llamada “sociedad líquida”, han debilitado a la democracia?
¿El deterioro de los valores de la sociedad es sólo atribuible al efecto inmediatista, emocional y de distorsión de la verdad y de la realidad de las redes sociales, o es también parte de la decadencia del capitalismo salvaje en sus nuevas formas de poder geopolítico, amén de que el comunismo, en su esencia, no es un sistema político aplicable hoy en día?
¿El debilitamiento de la ética pública y de la moral social es atribuible al desarrollo tecnológico o a la exclusión e inequidad que proviene del marginamiento en el acceso a ella en vastos sectores poblacionales caracterizados por la pobreza multidimensional y la pobreza absoluta en los territorios y en numerosos países?
Si el consumismo conduce a nuevos modelos de corrupción y el dinero a otras formas de categorización social, unido a aquellas tecnologías que sirven para manipular, ¿estaremos enfrentando una radicalización de extremos emocionales por jerarquías del poder material y no por el acceso a la tecnología que conduce al desarrollo?
¿La pérdida del pensamiento racional, en función de la sostenibilidad económica, social y ambiental, es atribuible al vertiginoso desarrollo de la ciencia, la innovación, la tecnología y la IA? ¿O será más bien el resultado de los múltiples enlaces de la acumulación concentrada de la riqueza, aquella que se mezcla con el poder a cualquier costo y por cualquier medio?
¿Será que asistimos a un “mundo feliz” en medio de una sociedad líquida en la que lo material está por encima de lo humano, inmersos en una generación de cristal cuya felicidad está conformada por las aristas de un prisma que distorsiona los colores trascendentes de la vida y que se obnubila con los destellos de las alegrías pasajeras?
Queda abierto el debate.
(*) Exdirector administrativo de Comfamiliar Risaralda

Aldous Huxley
(Godalming, 1894 – Los Ángeles, 1963) Novelista y ensayista inglés de prosa enciclopédica y a la vez visionaria. Nieto de Thomas Henry Huxley, que había sido el principal defensor de la teoría de la evolución en tiempos de Darwin, y hermano del también eminente biólogo Julian Huxley, Aldous Huxley se educó en una familia de sólida tradición intelectual. En su juventud quedó prácticamente ciego, y en 1942 publicó un libro, El arte de ver, acerca de sus esfuerzos para recuperar la visión. Se graduó en literatura inglesa en el Balliol College de Oxford (1913-1915) y trabajó para la célebre revista Athenaeum y como crítico de teatro en la Westminster Gazzette.
Sus primeras publicaciones fueron colecciones de versos, entre ellos The Burning Wheel (1916), Jonah (1917) y Leda (1920). De su prosa, la primera entrega fue Limbo (1920), y prosiguió con cuentos como los de La envoltura humana (1922). Ya en 1921 publicó su primera novela, Los escándalos de Crome, crítica mordaz de los ambientes intelectuales. Huxley viajó constantemente con su esposa, tanto por Europa como por Estados Unidos, América y la India. Residió en Italia, donde escribió una de sus obras notables, Contrapunto (1928), en la cual despliega su solidez intelectual y las técnicas novedosas del arte de la novela.
En 1932 publicó otra gran obra, Un mundo feliz, tal vez su libro más importante y uno de los que lo hizo más conocido: una ficción futurista de carácter visionario y pesimista de una sociedad regida por un sistema de castas, y donde imagina una sustancia o droga llamada soma, utilizada con fines totalitarios. Un mundo feliz ocupa un lugar de privilegio entre las ficciones distópicas del siglo XX, junto a novelas como 1984, de George Orwell, y Fahrenheit 451, de Ray Bradbury. En 1936 publicó Ciego en Gaza, de carácter autobiográfico, en el que desarrolló la contraposición entre intelecto y sexo.
En 1948 publicó Mono y esencia, prosa intelectual que influyó en varios escritores, entre ellos el cubano José Lezama Lima, que recomendaba su lectura en su «curso délfico». A partir de la década de 1950 inició una nueva etapa de su vida relacionada con las experiencias con las drogas, de las que resultó su popular libro Las puertas de la percepción (1954), que tuvo también mucha influencia en la sociedad norteamericana. En 1963 dio a conocer su última obra, Literatura y ciencia, que como el título indica es una aproximación entre ambos mundos.


