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domingo, abril 21, 2024

De San Joaquín a Risaralda: La historia no contada

Un libro que narra la historia del municipio caldense entre 1921 y 1956. La vida
administrativa, social, cultural y educativa, así como la violencia, se reflejan a lo
largo de sus páginas.

 

El historiador caldense, Fabio Vélez Correa, acaba de publicar su más reciente
libro denominado San Joaquín Risaralda. Rastros de historia 1921-1956 y
publicado por Manigraf grupo editorial. Este miembro de la Academia Caldense de
Historia recoge y narra con un estilo muy propio y desde diversas miradas, el
acontecer de La colina del viento en esos 35 años de vida administrativa.
Así, a lo largo de sus 410 páginas se encuentran 12 apartados, algunos de ellos
ilustrados con plumillas del maestro Jorge Vélez Correa, entre los cuales se
destacan la Vida cotidiana y otros asuntos del pueblo como la salud y la higiene,
los servicios públicos, la educación, las obras públicas, y las actividades culturales
y deportivas.
También, sobre algunos personajes importantes, las noticias curiosas de aquella
época y los singulares carcelazos a la sin par Eva Taborda, quien “fue en el San
Joaquín de 1921, una mujer de la vida alegre… de lenguaje procaz, belicosa,
rebelde e irrespetuosa. Parece ser que no se llevaba bien con el alcalde Roberto
Restrepo, y en más de una ocasión se ganó su carcelazo por irrespeto a la
autoridad”. (p. 84)
En otros, se cuenta Una primera “historia” aldeana y “Llegó la sin par carretera”.
La del occidente. En este último, se recuerdan los caminos de arrierías, las fondas
y las posadas, la construcción de la carretera de occidente, la reglamentación del
tránsito urbano en Risaralda.

El primer carro
Y no podía faltar la llegada del primer carro, un convertible de marca Mashi. Sobre
dicho aspecto, registra el historiador: “… según el testimonio de Libardo
Montealegre, “el primer carro lo trajo el señor Marco Morales, lo entraron por
piezas y los armaron en un taller. Tenía un recorrido desde donde Pedro Reyes
hasta el sitio llamado Tres Esquinas, costaba diez centavos la “castorila” [vuelta o
recorrido] y los primeros choferes fueron Manuel Obando y el Negro “Tiza”…

mientras unos montaban en la novedosa máquina, otros corrían atrás esperando
su turno”. (p. 120)
De alcaldes… administrando para bien o para mal, Tras las huellas de Fabriciano
Rincón, La tiza en el tablero… Hablemos de educación, los primeros maestros, los
nombramientos, las evaluaciones, la infraestructura escolar. Además de un
balance noticioso, en el que sobresale una nota sobre maltratos escolares, que
afirma: “También me han informado que algunas maestras dizque se están hasta
las doce de la noche pegadas en una puerta conversando pacientemente y que al
día siguiente con el trasnocho van de mal humor a la escuela, donde las niñas
pagan todo el sueño perdido las noches anteriores, pero no con caricias sino conla
férula y el látigo”. (p.220)

Sacerdotes, penitencias y regaños
En Los padres Venancio y Herrera… Curas de leyenda, Vélez Correa recopila las
historias y anécdotas de estos sacerdotes, quienes marcaron la vida religiosa de la
naciente comarca de aquellos lustros.
En este apartado se relata que al llegar el padre Juan de Jesús Herrera Buitrago
de Chile, se propuso construir una Gruta en honor a la Virgen María. Esta sería
una réplica de la que vio allá en honor a Nuestra Señora de Lourdes. Como los
feligreses tenían poco dinero y las finanzas del pueblo eran mínimas, el cura se
las ingenió para que cada pecador ayudara a la construcción del magno
monumento. Entonces, a manera de penitencia, le “solicitaba traer una, dos, o tres
piedras; un talegado de arena o un bulto de cemento, según el calibre de lo
confesado”. (p. 250)
La Gruta se construyó en un “barranco” ubicado en la vía que conduce al
municipio de Anserma. Esta se inauguró el 8 de diciembre de 1942 y todo el
pueblo asistió a la ceremonia. Antes de iniciar el evento, los asistentes narran que
el sacerdote Herrera vio a Ramón, “Níspero”, un vecino de la comarca, parado en
la parte más alta del monumento religioso y portando su sombrero. El cura,
enardecido, le profirió el siguiente regaño en público: “¡Quitate esa gorra,
montañero, y bajate de allá!”. (p. 259) “Níspero” se esfumó ante la mirada de los
feligreses risaralditas.

Violencia
Corría la década del cuarenta, una época violenta que padeció el país y la cual no
fue ajena para el joven departamento de Caldas, y Risaralda no fue la excepción.
El autor del libro rescata el ataque inesperado en la residencia de Ricardo López,
reconocido líder liberal, el 3 de enero de 1946. Hecho que encendía la violencia

futura en las empinadas calles del pueblo, producto de las rencillas entre los
liberales y los conservadores. Así, lo expresó el escritor y periodista, Ovidio
Rincón, en un telegrama que envió al diario local La Patria: “Risaralda. 3.
–Indignación sin precedentes ha causado en todas las esferas sociales el cobarde
atentado cometido contra la propiedad y familia del apreciado jefe liberal de esta
ciudad, señor don Ricardo López, al ser arrojada contra su residencia una bomba
de dinamita que estuvo a punto de destruir la construcción y puso en gravísimo
peligro la vida de sus ocupantes”. (p. 296)
Otro, de los muchos sucesos que recrudecieron la violencia en el pueblo, fue la
muerte “del bandolero conservador Guillermo Gutiérrez, “El Celoso”. El agente de
policía Agudelo le daría fin a su existencia “en una trifulca en una cantina” en
enero de 1948. Gutiérrez era de Belén de Umbría y sembró el terror en el
occidente “… con su cuadrilla de “pájaros” y portando en su billetera, la lista de los
enemigos del partido [liberal] a quienes debía “eliminar”. (p. 301)

El incendio
Sin duda alguna, uno de los apartados que más destaca Vélez Correa en su libro,
es el relacionado con el incendio en marzo de 1948. Los habitantes de Risaralda
vivieron este triste episodio cuando “aproximadamente a las dos de la madrugada
estalló el pavoroso incendio en la casa del señor Bernardo Arboleda… Las llamas
se propagaron inmediatamente a las casas vecinas, tomando una actitud
amenazante dada la fuerza con que estaban consumiendo las edificaciones
adyacentes”. (p.316) De acuerdo con las notas periodísticas publicadas en el
diario La Patria (conservador), este solo se limitó a contar lo sucedido: “Un voraz
incendio amenazó la población de Risaralda”. (p. 315). Mientras que el periódico
La Mañana (liberal) tituló con una interrogante: “¿Fueron manos criminales las que
incendiaron a Risaralda?”, pues “Todos los antecedentes acusan al conservatismo
de haber sido el culpable de la catástrofe. Once casas quedaron reducidas a
escombros y es numerosa la lista de damnificados”. (p. 318)

Vida social
La última parte de esta obra histórica rescata las notas de la vida social del
municipio de las primeras décadas del siglo XX. Algunas de esas noticias se
publicaron en los diarios La Mañana y La Patria de Manizales.
Entre ellas, se cuentan nacimientos, bautizos, matrimonios y defunciones.
Además, se saludaban y se despedían a los que llegaban, a los que se iban, y a
los enfermos se les deseaba pronta mejoría. Nupciales registraba en 1944: “La
simpática pareja, Don Antonio Patiño V. y la señorita Olga Arboleda contraerán
matrimonio, ceremonia que se llevará a cabo el día 11 del próximo mes de mayo.

Felicitamos a tan gentil pareja, y les deseamos que en el nuevo rumbo encuentren
solo flores y sonrisas”. (p. 398)
Finalmente, Vélez Correa revive la vida de su pueblo en un libro documentado de
historias y anécdotas de esos primeros años del siglo XX. Como lo manifestó en el
prólogo de la obra, el también historiador risaraldita, Germán Ocampo Correa: “Es
un libro totalmente esclarecedor para ser degustado, porque no solo es el reflejo
de nuestra aldea durante ese tiempo, es la huella de todos los que compartieron
ese mismo camino, hasta convertirlo en un floreciente poblado, de gentes,
aconteceres y sucesos, que marcaron una senda segura hacia el prometiente
futuro”. (p.8)
*Periódico Portavoz

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