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martes, marzo 5, 2024

Cuaresma: “un viaje de regreso a Dios”

Durante la celebración de la Misa en este Miércoles de Ceniza, el Papa Francisco recordó que “la Cuaresma es un viaje de regreso a Dios” por lo que animó a dejarse reconciliar por Dios para aprender de la Cruz de Jesús que es la “cátedra silenciosa de Dios”.

En su homilía, el Papa destacó que iniciamos el camino de la cuaresma con las palabras del profeta Joel que indican la dirección a seguir “vuelvan a mí con todo corazón” por lo que advirtió: “Cuántas veces, ocupados o indiferentes, le hemos dicho: ‘Señor, volveré́ a Ti después… Espera. Hoy no puedo, pero mañana quizá empezaré a rezar y a hacer algo por los demás’. Y así un día tras otro ¿no? Ahora Dios llama a nuestro corazón. En la vida tendremos siempre cosas que hacer y excusas para dar, pero hermanos y hermanas, ahora es tiempo de regresar a Dios”.

En esta línea, el Santo Padre señaló que “la cuaresma es un viaje que implica toda nuestra vida, todo lo que somos” porque “es el tiempo para verificar las sendas que estamos recorriendo, para volver a encontrar el camino de regreso a casa, para redescubrir el vínculo fundamental con Dios, del que depende todo”.

“La cuaresma no es una recolección de florecillas, es discernir hacia dónde está orientado el corazón. Este es el centro de la cuaresma: hacia dónde está orientado mi corazón”, afirmó.

Por ello, el Papa invitó a preguntarse: “¿Hacia dónde me lleva el navegador de mi vida, hacia Dios o hacia mi yo? ¿Vivo para agradar al Señor, o para ser visto, alabado, preferido, en primer lugar? ¿Tengo un corazón ‘bailarín’, que da un paso hacia adelante y uno hacia atrás, ama un poco al Señor y un poco al mundo, o un corazón firme en Dios? ¿Me siento a gusto con mis hipocresías, o lucho por liberar el corazón de la doblez y la falsedad que lo encadenan?”.

En este sentido, el Pontífice subrayó que la cuaresma es también “un éxodo de la esclavitud a la libertad” porque “son cuarenta días que recuerdan los cuarenta años en los que el pueblo de Dios viajó en el desierto para regresar a su tierra de origen”.

Sin embargo, el Papa reconoció que durante el camino “estaba la tentación de añorar las cebollas, de volver atrás, de atarse a los recuerdos del pasado, a algún ídolo” por lo que añadió que “también para nosotros es así́: el viaje de regreso a Dios se dificulta por nuestros apegos malsanos, se frena por los lazos seductores de los vicios, de las falsas seguridades del dinero y del aparentar, del lamento victimista que paraliza”.

De este modo, el Santo Padre sugirió que “para caminar es necesario desenmascarar estas ilusiones” y para eso ayudan “los viajes de regreso que nos relata la Palabra de Dios”.

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