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viernes, agosto 12, 2022

“Cuando la tormenta desgarra sus nubes de cristal en Neptuno”, poemas de Felipe Díaz

Cuando el día y la noche sucediéndose en su espiral sin fin nos deja ya sin conciliar el sueño, no hay otra salida de emergencia en el cuarto que tomar las hojas vacías y escribir, así se fueron dando uno a uno estos poemas, esta bitácora de la soledad que ha sido para Felipe Díaz una cuerda tensa a punto de romperse y que de tanto dar vueltas a terminado por escupirlo de este planeta, por arrojarlo al espacio como si él mismo fuese un Giordano Bruno envuelto en fuego, como un Giordano Bruno que ha vencido a la muerte, porque, con sus ojos de poeta, ha podido contemplar el Caos, ha podido contemplar cómo la tormenta desgarra sus nubes de cristal en Neptuno, Felipe Díaz trae en su libro, como cometas, estos planetas y este lucero azul, para que también den vueltas sobre los ojos del lector, porque está loco y arde igual que los astros.

Aquí una breve muestra de poemas del libro “Cuando la tormenta desgarra sus nubes de cristal en Neptuno”, ópera prima de Felipe Díaz

 

Felipe Díaz (Bogotá, 1987) En la actualidad trabaja para la Biblioteca Nacional de Colombia en el área de Procesamiento Técnico, en la labor de localización y preparación física, es decir que por sus manos pasan gran parte de los libros que se publican a lo largo y ancho del territorio. Finalista del concurso Bogotá en 100 palabras (2017). Algunos cuentos suyos aparecen publicados en la Gaceta del Ministerio de Cultura (El fin de la desnudez y Aroma de café) y poemas en la Revista Vitalogía.

 

Al viento

El árbol desnuda sus ramas al viento, las hojas acariciadas por la brisa como un manto que viste de muerte.

La penumbra envuelve la hojarasca en su barahúnda y le descansa en el lago a donde tu luna va a mirarse.

En ese revuelo habito.

Susurro de la noche.

 

Las flores del pasado

Cuelgan del viento

las flores del pasado

y el abandono de sus ramas es un fiero avanzar hacia la nada.

Visión del horizonte

en la llanura de las horas y el vértigo de la angustia que se inyecta en la médula como una idea punzante revestida de sombra.

 

Me entra la noche

Me entra la noche en los ojos y sabe alojarse detrás de los recuerdos.

La ciudad duerme (o lo intenta), pero nada me salva de que lo nocturno me alcance.

Me destruyo en las madrugadas,

recojo los pedazos en los rincones de la habitación, pero los encuentro manchados, tristes, desolados.

Una canción siempre me acompaña

y se sumerge conmigo hasta el fondo de la botella.

Allí nos encontramos con la nada y es el cielo colmado de pensamientos el que explota en mi cabeza.

Me entra la noche y no me suelta hasta que la luz del día me quema los párpados y me recuerda que sigo muerto en esta vida.

 

Cósmica fascinación

¿Qué hay de tu luna, que no es otra luna

que la de tu sonrisa celeste?

Recuerdas, luna,

que te dejaste, luminiscente, prendida de mis besos, pendiente de mi piel.

Tu rastro ha sido en mí tallado, como la huella del viajero espacial,

en el espacio mismo que ocupas aquí, cósmica fascinación.

¿Qué hay de tu luna? Luna de colores,

que eres tú,

que eres soledad, bella y silente,

ansiado beso nocturno.

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