La obra estuvo protegida durante dos décadas por allegados del propietario, en una zona indeterminada del Eje Cafetero, para impedir que fuera destruida o fundida por delincuentes interesados en su material.
La escena tenía algo de ritual, de regreso esperado, de página que por fin volvía a abrirse. En la antigua Posada Alemana, a la entrada de Salento, el aire estuvo cargado de expectativa mientras decenas de cámaras, micrófonos y miradas se concentraban en un mismo punto: una figura cubierta por un velo blanco, inmóvil, silenciosa, aguardando el momento de reaparecer ante el Quindío.
Y entonces ocurrió.
Ante los lentes de múltiples medios de comunicación, el velo cayó y dejó al descubierto, una vez más, la imponente escultura de John Lennon desnudo, la obra del maestro Rodrigo Arenas Betancourt que durante años permaneció lejos de su lugar de origen y que ahora recupera su sitio en la montaña, en un retorno cargado de memoria, simbolismo y asombro.
No fue un acto cualquiera. Fue la reaparición de una pieza artística que, más allá de su dimensión física —casi tres metros de altura y cerca de media tonelada de peso—, lleva sobre sus hombros una historia singular dentro del paisaje cultural del Quindío. La estatua, perteneciente a Carlos Lehder, fue donada por él mismo a la Gobernación del Quindío, en un gesto que marcó el acto con una carga emocional particular.
Durante la entrega, Lehder dejó ver una emoción difícil de ocultar. Su alegría se hizo evidente en medio del evento, no solo por el regreso de la obra a la Posada Alemana, sino por lo que representa para él la figura de Lennon: un ícono musical, un símbolo de rebeldía, de mensaje social y de paz. Había en sus palabras, y en el ambiente mismo de la ceremonia, una sensación de satisfacción personal, como si aquella escultura, retirada hace más de dos décadas para su conservación, finalmente hubiera encontrado otra vez su horizonte.
La obra había sido instalada por primera vez en 1980, cuando la Posada Alemana se convirtió en escenario de una apuesta estética tan llamativa como poco convencional para la época. Desde entonces, la figura de Lennon fue parte del paisaje y de la identidad visual del lugar, hasta que en 2003 salió de escena. Su ausencia prolongó el misterio; su regreso, en cambio, reactivó la memoria.
Felipe Arturo Robledo, secretario de Cultura del Quindío, resumió el momento como un “deber cumplido”. Y es que el retorno de esta pieza no solo revive una historia artística, sino que también abre la puerta a una nueva conversación sobre patrimonio, turismo cultural y apropiación del territorio. No todos los días una obra de Arenas Betancourt, con semejante peso simbólico, vuelve a instalarse en el mismo sitio donde empezó a construir su leyenda.
La escultura, además, conserva la esencia disruptiva con la que fue concebida. Es un desnudo artístico que rinde homenaje a John Lennon y que incorpora, según se explicó durante el acto, elementos profundamente simbólicos: las balas que evocan su asesinato, la palabra “Paz” en su cuerpo, la guitarra y el casco obrero como referencias a su pensamiento, su música y su conexión con las luchas sociales. Todo ello quedó nuevamente expuesto bajo la luz de la mañana, frente a los flashes y cámaras que registraron cada detalle del descubrimiento.
Con el paso del tiempo, dijeron expertos y artistas plásticos del departamento, la obra seguirá transformándose a la intemperie. No necesita grandes intervenciones: el clima, el sol y la lluvia también serán parte de su relato, aportándole nuevas tonalidades y reforzando su carácter vivo, cambiante, abierto.
La estatua quedó orientada hacia Salento, el llamado Municipio Padre del Quindío, como un gesto final cargado de intención. Allí permanecerá, por ahora visible solo desde el exterior de la Posada Alemana, mientras el acceso al lugar continúa restringido y se define si en el futuro este espacio podrá consolidarse como un punto de memoria y turismo cultural, con guías, relatos museológicos y un eventual Centro de Interpretación del Eje Cafetero.
Por ahora, John Lennon ya volvió. Y volvió como suelen regresar las piezas que nunca dejan de pertenecerle a un territorio: envueltas en historia, rodeadas de expectativa y descubiertas, esta vez, bajo un velo blanco que cayó frente a todos para anunciar que el pasado, a veces, también encuentra la forma de reinstalarse.
Rodrigo Arenas Betancourt
Fue reconocido por importantes obras en Colombia, como el Bolívar Desnudo, Monumento a los Fundadores y el Cristo sin cruz en Pereira; el Monumento al Esfuerzo en Armenia, el Monumento a la Revolución Marchante en Valledupar y el Monumento a los Fundadores en Bogotá y múltiples obras de gran tamaño en Medellín, entre ellas: el Monumento a la Raza, en la Alpujarra, el Monumento a la Vida en Sura y La Creación en la Avenida Oriental.
Carlos Lehder
Tras cumplir una condena en los Estados Unidos y pasar varios años en Alemania, retornó al país el 28 de marzo de 2025. Su presencia en el Quindío, aunque discreta inicialmente, generó una ola de interés mediático y curiosidad entre los habitantes.
La Posada Alemana
Durante los años 90 y principios de los 2000, la Posada Alemana pasó de ser un símbolo de opulencia a una ruina devorada por la maleza y la humedad. Los cazadores de tesoros vandalizaron las cabañas buscando «guacas» de dinero oculto en las paredes, mientras que las estructuras de madera y concreto cedieron ante el rigor del clima. Las jaulas que alguna vez albergaron leones y aves exóticas terminaron consumidas por el óxido, y los extensos prados se convirtieron en pastizales descuidados para caballos.


