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sábado, diciembre 3, 2022

“Cada oscura tumba”, el dolor de los falsos positivos

José Miguel Alzate

El primer capítulo de Cada oscura tumba, novela de Octavio Escobar Giraldo, revela el retardo mental de un muchacho que cae en el engaño tendido por tres soldados que le prometen pagarle cien mil pesos por ayudar a mover unos bultos de cemento. Vestidos de civil, lo convencen de que ellos son sus nuevos amigos. El joven acepta la propuesta. Lo llevan a un galpón “lleno de grandes bolsas de abono”. Una vez allí, lo invitan a un juego donde, según ellos, se va a simular un fusilamiento. Él se presta para ese juego: lo hacen disfrazarse de soldado. Diciéndole que es un arma de juguete, le entregan un revólver. Convencido de que le están diciendo la verdad, posa para una foto con el arma en la mano. Lo que no sabe es que lo van a matar. Necesitan la foto para demostrar que realizaron una ejecución extrajudicial.

La escena del momento en que Anderson queda listo para la foto obedece a la forma como los militares planeaban los asesinatos. Los soldados, que acaban de ponerse los uniformes diciéndole que son los disfraces para el juego, le ordenan que se pare derecho, y que no se preocupe si las botas le quedan estrechas. “No las necesita para caminar”, le dicen. En su ingenuidad, el joven les pregunta si está bien para la foto. Los hombres se alejan riéndose. Anderson atiende la sugerencia de que sonría mientras disparan la cámara del celular. Cierra los ojos para imaginarse “qué tan duro van a sonar los disparos de mentiras”. Y hasta piensa en cómo dejarse caer al suelo para que se vea como una muerte real. Ignora que la vida se le va acabar cuando sienta sobre su pecho los disparos. 

Primer capítulo

Estos dos párrafos sobre el primer capítulo de Cada oscura tumba pueden llevar al lector a pensar que la novela de Octavio Escobar Giraldo solo narra el drama del personaje que es llevado al galpón para ser asesinado. Sin embargo, no es así. La novela no se focaliza en el crimen cometido por los tres soldados. Aunque la ejecución extrajudicial es su hilo conducente, lo que en sus páginas se narra es la angustia de una mujer que sufre porque su hermano fue asesinado por el ejército y, luego, presentado como si hubiera muerto en un combate. Estos asesinatos se denominaron en Colombia “Falsos positivos”. Melva Lucy personifica el dolor de quienes perdieron a sus seres queridos en estas circunstancias. Ella simboliza el sufrimiento de las familias.

Melva Lucy lleva en su alma el recuerdo de ese día en que a su hermano Anderson lo asesinaron unos soldados que cumplían órdenes de “Triple Jota”, un suboficial del ejército. Esa tragedia llevó a su familia a emigrar hacia Bogotá. Se instalan en una vivienda humilde al sur de la ciudad. Ella consigue trabajo como mesera en una cafetería, donde por tener unas lindas piernas y una cara bonita recibe halagos de los hombres que llegan para tomarse unas cervezas. También piropos groseros de Edgar Garay, un hombre que hace ostentación de riqueza montado en un Mini Cooper. Allí conoce a Ignacio Celis, un jubilado del ejercito que vive solo en un apartamento. Termina viviendo con él y, al final, acompañándolo en la clínica, en su muerte, después de que este mató a “Triple Jota”.

No voy a hablar sobre la diégesis de Cada oscura tumba, la novela del médico Octavio Escobar Giraldo que aborda desde lo jurídico y lo social un episodio que puso en entredicho el buen nombre del ejército colombiano: las ejecuciones extrajudiciales. Lo voy a hacer sobre Melva Lucy, el abogado Gabriel Cuadrado, Hildebrando Ramírez y el militar en retiro Ignacio Celis, personajes de ficción que el escritor manizaleño lleva a su novela para mostrar de qué manera los falsos positivos afectan sus vidas. En el caso de Melva Lucy, el personaje principal, su vida da un giro inmenso. De esa muchacha alegre que por ser atractiva los hombres la acosan, que fue violada y que tuvo que enfrentar un aborto, quedó poco. Sin querer, el dolor por el asesinato de su hermano la llevó a vengarse de quien lo mató. 

Fruto de la imaginación

En esta novela Octavio Escobar Giraldo le da vida a un personaje fruto de la imaginación: Gabriel Cuadrado, un costeño que se hace abogado en Pereira, y que asume la defensa de las familias cuyos miembros fueron sindicados de pertenecer a grupos armados. Por querer dejar en limpio los nombres de las víctimas de los falsos positivos recibe amenazas. Un día, después de que es golpeado por desconocidos, le arrebatan el maletín donde llevaba las pruebas para lograr que se procesara a varios oficiales del ejército por crímenes de lesa humanidad. Y su mujer, Consuelo, una agraciada abogada costeña que los viernes iba a la oficina luciendo un bluyín blanco que resaltaba la redondez de sus glúteos, lo dejó porque no aguantó vivir recibiendo amenazas. Temía que en cualquier momento los mataran. 

Melva Lucy lucha para que el asesinato de su hermano no quede impune. Su compromiso con el esclarecimiento del crimen la lleva a indagar en los juzgados sobre cómo avanza la investigación por los falsos positivos, una herida en el alma de cientos de familias colombianas. Sin embargo, no obtiene respuesta. El dolor lo lleva tatuado en el corazón. Su angustia le hace aceptar la propuesta de Ignacio Celis de hacer justicia por su propia mano. Él se lo propuso cuando se enteró de que su tristeza obedecía a este hecho. El militar retirado, a quien llaman “El suave”, tiene experiencia en estos asuntos: estuvo detrás de varias ejecuciones extrajudiciales. Fue quien mató a Edgar Garay, el hombre del Mini Cooper, en un semáforo, para cobrarle sus irrespetos hacia Melva Lucy.

Octavio Escobar Giraldo escribió una novela fresca, actual, conmovedora. El desarrollo es vertiginoso, y su experiencia como narrador le permite tejer un relato crudo sobre una realidad que vivió el país. Cada oscura tumba es una denuncia sobre lo que ocurrió con las 6402 víctimas de los falsos positivos. El lenguaje subyuga por su calidad literaria, por contar la verdad y por la objetividad en el análisis sobre la inoperancia de la justicia. Un ritmo narrativo rápido, alegre, cadencioso, como de secuencia cinematográfica, y unos diálogos vibrantes, precisos, de frases cortas, atrapan por su fuerza expresiva. Aunque el lector quiere saber cómo es el desenlace de la historia de Melva Lucy, una mujer atrapada en una jungla de cemento, que lleva sobre sus espaldas una tragedia que cambió su vida, al final el narrador deja que sea él quien lo interprete.

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