El día que decidas mostrarte al mundo sin filtros y sin disculpas, te darás cuenta de que no estás sola. Los raros siempre terminamos encontrándonos.
En un contexto social que premia la homogeneidad, surge un llamado a la autenticidad que redefine el concepto de ser “la chica rara”. A través de una carta abierta, Giovanna Zuluaga propone que las diferencias estéticas y los intereses inusuales no son defectos que ocultar, sino el “mayor poder” para alcanzar la libertad personal y romper con las expectativas ajenas.
La autora bogotana narra, a través de Bruma, la cotidianeidad y las preguntas que se plantea una adolescente frente a la relación con sí misma y su entorno.
A las Brumas de hoy:
Si alguna vez has sentido que tus raíces crecen hacia adentro, o que te habitan tantas versiones que es imposible encajar en el molde que los demás esperan, esta carta es para ti.
Primero que todo, no hay absolutamente nada de malo en ti. Sé que muchas veces el entorno te hace creer que ser “la chica rara” es una especie de purgatorio, un estado incómodo y solitario del que debes escapar lo antes posible para por fin encajar y ser aceptada. Nos enseñan a ver nuestras diferencias como errores que hay que borrar para no incomodar a los demás.
Pero hoy vengo a decirte que te han mentido, esa rareza es, en realidad, tu mayor poder. Es la prueba de que tienes una voz propia en un mundo lleno de ecos. Tu forma distinta de ver la vida no es un defecto que debas esconder, es la brújula que te llevará a descubrir quién eres realmente.
Distinto
Sé muy bien lo significa que te miren distinto por encontrar belleza en lo que otros ignoran o temen, en las hojas secas, en el silencio de los cementerios, en los misterios inexplicables o en tener un alma de anciana habitando un cuerpo joven.
Te lo digo porque yo misma me sentí “la rara” muchísimas veces. Pasé demasiado tiempo intentando disimular esas partes de mí que no encajaban para no llamar la atención, tratando de hacerme pequeña para caber en espacios que me asfixiaban. Pero ¿sabes algo? Solo cuando me atreví a mandar las expectativas ajenas al diablo y a ser yo misma, pude de verdad conocerme y aceptarme. Esa fue mi mayor revolución, decidir ser fiel a lo que era y a lo que quería ser. Y te juro que desde ese momento fui mucho más feliz.
No tienes por qué pedir perdón por tus gustos, ni por tu palidez, ni por tus cejas gruesas, ni por nada que te haga única. Allá afuera hay un montón de gente empeñada en que todos seamos copias exactas, consumiendo lo mismo, pensando igual, huyendo de lo desconocido. Qué aburrimiento.
Reglas
Rompe las reglas de lo que se supone que debe ser una chica “normal”. El mundo no necesita más gente fingiendo ser perfecta, necesita personas auténticas que abracen a todas las versiones que las conforman y que no tengan miedo de mostrar sus pasiones inusuales.
Sigue creyendo en la magia y en misterios como el de la séptima luna. El día que decidas mostrarte al mundo sin filtros y sin disculpas, te darás cuenta de que no estás sola. Los raros siempre terminamos encontrándonos.
Sé rara. Orgullosamente rara. Con rebeldía y cariño, Giovanna. *Ilustración de Mafe Mantilla



