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domingo, junio 26, 2022

A?n hay lugar para la utop?a si se sue?a por la educaci?n

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Gabriel Restrepo*

Si hay en Suram?rica un lugar de la utop?a, est? situado en la Orinoqu?a colombo-venezolana. Los misioneros jesuitas tomaron la Utop?a de Tomás Moro como gu?a de sus conocidas reducciones ind?genas en las fronteras del imperio español y lusitano, de Paraguay por el sur y al r?o Orinoco. De ello hay una pel?cula muy buena, La Misi?n (1986) filmada en el Atrato con una buena actuaci?n de Robert de Niro. Por oponerse a la explotaci?n de los bandeirantes brasile?os, los jesuitas fueron expulsados de Espa?a y de sus dominios en 1767.

 

Pero no hay utop?a sin contra utop?a. Los bandeirantes de ayer y de hoy son descendientes de los explotadores del oro o del caucho. Los territorios de la utop?a se superponen a los ?mbitos de la barbarie generada por la ilusi?n de El Dorado. El cineasta alem?n Werner Herzog trapuso esas modalidades de la demencia en su pel?cula Aguirre o la ira de Dios (1972) y en Fitzcarraldo (1982). En aquella el rebelde Lope de Vega desaf?a en el curso del Amazonas y del Orinoco al imperio español. En la otra un cauchero intenta redimirse con un teatro de ?pera a trasladada su tramoya a Manaos a lomo de mula y de indio por entre bre?as andinas y pantanos del Amazonas.

 

Arauca pertenece a ese teatro orbital con los indecisos signos de violencia o paz. Por el Orinoco inici? Humboldt su misi?n de ilustraci?n geogr?fica y emancipaci?n política de latinoam?rica siguiendo las huellas de El Orinoco ilustrado del jesuita Gumilla. Pero no hay que olvidar que la saga de Arturo Cova en la Vor?gine se extendi? hasta Arauca y que esta fue la tierra brav?a del tame?o Guadalupe Salcedo.

 

As? que celebrar en Tame, el 15 de febrero pasado, el bicentenario exacto del Congreso de Angostura con un Encuentro Internacional, Nacional y Regional bajo el signo de una Nueva Ruta Libertadora por la Paz y la Educaci?n fue un acto excepcional. Cuatro historiadores, dos colombianos y dos venezolanos; tres soci?logos; tres artistas, dos dramaturgos de M?xico acompa?ados por el gran maestro pereirano Diosc?rides P?rez alternaron con l?deres de movimientos sociales, educadores, estudiantes, religiosos, productores y creadores culturales para celebrar el nacimiento de muchas naciones. Puesto que el Congreso celebrado en Angostura signific? el nacedero de cinco estados andinos y de uno centroamericano, Panam?.

 

Este ha sido sin duda alguna el más grandioso inicio de un año de conmemoraciones. Singular fue que no se realizara en Angostura, hoy Ciudad Bol?var, debido a los problemas internos del vecino pa?s, ni en la Colombia de la capital o de sus grandes ciudades por andar ocupadas en la querellas internas y externas. Tame fue perfecto albergue por ser uno de los municipios con mayor identidad hist?rica, ya que allí se encontraron las tropas de Bol?var y Santander. De allí ascender?an a Pisba con el s?quito de 600 ind?genas makaguanes, agrupados por el Teniente Coronel Fray Ignacio Mari?o y Torres en un ?ej?rcito de la niebla?: ?honor a los descendientes de los ignotos ind?genas, muchos de los cuales fueron sepultados en La Laguna del Soldado vecina a Pisba! Seis patrias les deben a?n un inmenso homenaje que servir?a para redimirlos de la indigencia.

 

Dimensi?n preclara del encuentro en Tame fue abordar solo las dimensiones civiles del Congreso de Angostura, olvidando por el momento la evocaci?n de las fanfarrias militares. El concepto de pueblo soberano apareci? en escena, junto a todo el tejemaneje de las elecciones, la representatividad y una ideolog?a democr?tica. Porque tal Congreso de Angostura fue como la edificaci?n de ?una casa en el aire?, como en el verso del vallenatro Adaluz. Y porque el Congreso de otrora fuera instalado con la pieza oratoria más formidable de Bol?var: un discurso muy superior a la famosa Carta de Jamaica de 1815. Esta se convertir? en la receta perfecta para echar las culpas de nuestros males al imperio del norte, en tanto que en el Discurso de Angostura se?al? Bol?var, a tono con Rousseau y su maestro Sim?n Rodr?guez, que la soberan?a política deb?a fundarse en la educaci?n del soberano, es decir del pueblo. Y para ello propuso erigir la educaci?n como cuarto poder p?blico encargado de la formaci?n moral y ?tica para la conciudan?a.

 

?No son estas las mejores avenidas para superar tantos impases como ahora ti?en el horizonte de un gris tormentoso? ?No apunt? el movimiento estudiantil a ese antiguo ideario, a?n sin saber la fuente? Porque a?n nos merecemos una utop?a llana siempre que sea por los signos de la educaci?n y de la paz. De resto es volver a las refriegas que tem?a Bol?var o a los bochinches tan denostados por Francisco de Miranda.

 

* Profesor pensionado de la Universidad Nacional, coordinador del proyecto Nueva Ruta Libertdora por la Paz y la Educaci?n.

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