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Pereira
viernes, agosto 12, 2022

Arte, Cultura y Sociedad

Valentina Osorio Arango

vosorio20@estudiantes.arenadina.edu.co

Amarilla. La luz que me reflejan estos balcones, siempre es amarilla. Aun situados en lugares muy diferentes de la ciudad, siempre huelen a ella. Luky Strike, Cerveza Póker, Good girl de Carolina Herrera y velitas aromatizantes. Elementos concretos, muy particulares. Un ser pleno. Mi mejor amiga Lulo.

     En año 2018 entre los meses de junio y diciembre marco una metamorfosis. Vivo la mayor parte de este semestre con lulo en el cuarto piso de un edificio en la novena. En este balcón siempre había mucho ruido, sonaban las sirenas, muchas voces, tráfico y siempre olía a queso fundido por las arepas que hacían en el primer piso. Las tardes caían amarillas y me veían sentada en esa silla negra, despeinada, con un Chesterfield en la mano derecha. Las noches normalmente eran de fiesta en Helium o salidas casuales a cualquier café que oliera a polvo, cerca al lago, para tomar un café.  Irreverente, sarcástica, fresca, asombrada, con ganas de búsqueda, espacios en blanco, algo llorona, enamoradiza e impuntual. Temblorosa ante el mundo que estaba explorando, a punto de conocer.

 

 

Balcón número 1 – Centro, parque El Lago 2018- 2019 ciudad de Pereira (18 años).

 

 

 

 

     Allí contemplo la ciudad y trato de crear escenarios, siento miedo, me raspo las rodillas, soy feliz, terca, cometo errores y me recuerdo que hay un proceso de construcción. Me muevo, no lo sé todo, recuerdo que estoy viva, lloro, me arrepiento, agradezco al firmamento, pienso que no soy todo lo que me dicen, soy un borrador, un instante, un momento. Me mantengo viva para llevar la contraria. Alejarme de lo impuesto y desear distinto.

 

 

 

Balcón número 3 – Calle 23, Centro 202-2022 Pereira (21 años).

 

 

 

 

    Se desdibuja mi cercanía con lulo a raíz de la pandemia. Tiempos grises independientes. Lloro y pierdo mil batallas. Una lágrima por lo inevitable. Por los temores, porque me voy a equivocar y porque soy un poco más que nada. En esta nueva etapa de reencuentro, ella vive con su nueva pareja, Juan, de 24 años. Este balcón en Álamos no cambiaba las costumbres, los cigarrillos y las conversaciones ya eran de 3. Nuevos vecinos en cada ventana, respirar más puro, menos ruido y más olvidos, es testigo de cómo conocí el amor. Llegué y me marché. Partí antes de cultivar un jardín y la brevedad de mi vida me dejó con el corazón hecho polvo.

    La desnudes que mi alma vivió en este lugar, toma las mejores partes de mí. Forja caminos nuevos. Crecen hojas. Me reconstruyo. Acepto las pérdidas, aprendiendo que el amor es la sensibilidad más elevada y más peligrosa. Termino de llorar. Salgo y me enamoro de nuevo, pero esta vez del camino que me lleva a comenzar una nueva experiencia en el quinto piso de la calle 23, donde todo es más tranquilo, más libre y frío. Un comienzo diferente para el fin de una carrera.

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