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martes, febrero 7, 2023

Ariel Ávila publica su nuevo libro: El mapa criminal en Colombia

El autor explica la reconfiguración de la guerra en Colombia después de la firma del proceso de paz con las Farc.

Luego de transitar por la inmensidad de las zonas rurales y los pueblos, veredas y municipios más afectados por los grupos armados, hablar con sus gentes y entender en terreno sus nuevas realidades, el autor y su equipo de investigación revelan las respuestas a preguntas como:

¿Por qué no se silenciaron todos los fusiles en Colombia después del proceso de La Habana?

¿Cuáles son los grupos armados cuya fortaleza económica y militar se alimenta de economías ilegales como el narcotráfico, la compra y venta de armas, la trata de personas, la minería ilegal y otras actividades ilícitas?

¿Por qué se sigue reciclando la guerra?

El mapa criminal en Colombia, una detallada anatomía de la guerra en el país, es un texto de obligatoria lectura para entender por qué nos seguimos matando. Y es, a la vez, la ruta para alcanzar la paz total.

Fragmento de la obra

Lo que se entiende por posconflicto puede ser analizado, en realidad, desde una serie de escenarios, y estos escenarios dependerán al menos de tres cosas: por un lado, del apoyo popular a los acuerdos y a la aplicación de estos —incluyendo los temas de justicia transicional—. En segundo lugar, del tipo de alianza que se establezca entre las élites nacionales y las regionales con respecto a la paz. Para O’Donell et al. (1986), es fundamental el papel de las élites dentro de la viabilidad de los acuerdos de paz y el futuro del posconflicto; incluso, para muchos autores es trascendental el papel de determinados grupos sociales (Skocpol, 1984). Por último, igualmente importantes son el papel de la comunidad internacional y el apoyo que le den a lo acordado (Valencia & Ávila, 2016).

En todo caso, hay otros tres factores endógenos a la confrontación armada, que determinarán sustancialmente lo complejo del posconflicto. En primer lugar, la existencia o no y el tamaño de la economía de guerra. Generalmente, luego de una década de confrontación armada, los conflictos armados tienden a crear una economía propia que les permita reproducirse más allá de los actores armados que la crearon. En una buena cantidad de conflictos armados había financiadores externos, pero hubo conflictos que crearon una potente economía de guerra. Por ejemplo, Irlanda del Norte no estaba llena de cultivos de hoja de coca y minería ilegal cuando se hizo el proceso de paz, pero Colombia sí lo estaba. La existencia de economías de guerra y el tamaño de esta provocarían disputas criminales para el control de ese botín una vez dado un acuerdo de paz. Lo interesante aquí es qué tantos actores de la guerra participan en dicho proceso de paz.

Un segundo factor endógeno a la confrontación armada es la cantidad de grupos que participan en el acuerdo y la existencia de otro tipo de organizaciones criminales. En países donde se pacta con un único grupo, las posibilidades de la construcción de paz son más altas, caso diferente del de zonas donde se pacta con un actor y quedan otro u otros por fuera. Esa paz a medias determinará sustancialmente qué actores tienen la capacidad para copar los espacios dejados por el grupo armado que firmó en zonas de economías de guerra. Por ejemplo, en Colombia, los acuerdos de paz casi siempre han sido parciales: en los años noventa del siglo XX, a pesar de todos los acuerdos que se produjeron con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC-EP) y el Ejército de Liberación Nacional (ELN), quedaron por fuera una serie de grupos paramilitares.

En este último caso, solo los de Ariel Otero negociaron: Durante los años 90 y 91, varios movimientos insurgentes suscribieron acuerdos de paz con el Gobierno colombiano: M-19, Partido Revolucionario de los Trabajadores, Movimiento Armado Quintín Lame. En marzo de 1991, el Ejército Popular de Liberación, EPL, firmó acuerdos que llevaron a la desmovilización de 2.000 guerrilleros. Esta decisión la tomamos conscientes de los cambios que en el país y en el mundo se estaban operando; sin renunciar a los ideales de justicia social y democracia; después de una profunda discusión interna dirimida democráticamente, hecha de cara al país. Tales acuerdos de desmovilización fueron rubricados, en representación de la Internacional Socialista, por el doctor Manuel Medina, prominente miembro del Parlamento Europeo, y Monseñor Gerardo Vera Bustamante, en representación de la Iglesia Católica. (Comisión Interamericana de Derechos Humanos, 1993, s. p.)

Por fuera de esos acuerdos quedaron las FARC-EP, el ELN y una serie de grupos paramilitares y criminales, que llevaron al país a la peor ola de violencia que se había conocido. Aun después de los acuerdos de paz, de la caída del Muro de Berlín y de una nueva Constitución, Colombia vivió lo peor de la guerra entre 1995 y 2005. De esa forma, para entender cómo lograr una estabilización, se deberá tener en cuenta no solo la existencia de las economías de guerra, sino también la presencia de otros grupos armados ilegales y organizaciones criminales.

El tercer factor endógeno a la guerra se refiere a la arquitectura que tomó la fuerza pública en el marco de la guerra y aparato de seguridad crea unas formas de relacionarse con las comunidades, de ver la realidad y de entender la nueva realidad, de tal forma que si no hay modificación será muy complejo entender el posconflicto y la construcción de paz.

Ya han pasado cinco años desde la firma de los acuerdos de paz y cuatro desde la dejación de armas. En teoría, el periodo de la estabilización ha terminado o está por terminar; además, el periodo de la consolidación debería estar avanzado, pues en cinco años —también, en teoría— muchas trasformaciones deberían haber comenzado.

El autor

Ariel Ávila, Senador de la República de Colombia. Politólogo con maestría en Sociología de la Universidad Nacional de Colombia. Fue subdirector de la Fundación Paz y Reconciliación, columnista de los diarios El País de España y El Espectador de Colombia, entre otros medios iberoamericanos.

Ha sido profesor en la Universidad Externado de Colombia y en la Universidad Nacional de Colombia. Es autor de varias publicaciones sobre conflicto armado y seguridad como Mercados de criminalidad en Bogotá, Los retos del posconflicto, Seguridad y justicia en tiempos de paz y, más recientemente, Detrás de la guerra en Colombia y Por qué los matan.

Fue ganador de la distinción Investigación o Creación Artística y Cultural de la Universidad Nacional de Colombia.

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