APP lanzaría alertas para proteger las abejas en el mundo

Esta aplicación mostraría mapas de riesgo que incluyan, por ejemplo, zonas en las que se apliquen o no muchos plaguicidas, lo que les permitiría tanto al apicultor como a las personas interesadas en esta actividad estar enterados de los lugares aptos para la crianza de las abejas

Agencia de Noticias Universidad Nacional

Mediante un modelo basado en machine learning (rama de la inteligencia artificial), la App utilizaría datos geoespaciales, a través de la medición y el monitoreo del ambiente, la temperatura, la humedad, la concentración de gases y el recorrido de nubes de pesticidas, para lanzar alertas y proteger a estas especies.

Así lo detallan las estudiantes Angie Pineda y Paula Medina, de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional de Colombia, quienes con dicha propuesta obtuvieron el segundo lugar en la competencia ActInSpace 2020, evento organizado para Colombia por la UNAL, la Universidad Jorge Tadeo Lozano (Bogotá), la Universidad de los Andes y la Corporación de la Industria Aeronáutica Colombiana S.A..
Con esta herramienta, el apicultor podría descargar el informe completo de sus alertas y tendría información útil y aplicable a aseguradoras, centros de investigación y gremios que quieran usar datos y predicciones.

El 84 % de los 264 tipos de cultivos en el mundo dependen de la polinización, por lo que el valor económico de este proceso que cumplen las abejas es de alrededor de 265.000 millones de euros anuales.
Sin embargo las migraciones y muertes de estas especies han aumentado por factores como cambios en la flora apícola, desbalance ecosistémico, uso de pesticidas y cambios abruptos en el medioambiente.
Entre los efectos de la extinción de las abejas está la desaparición de diferentes especies animales, que ocasionaría a su vez un desequilibrio en el ambiente. Además representaría desabastecimiento alimentario y un impacto negativo en la economía de las cadenas agroindustriales, pues cerca del 70 % de los alimentos no estarían disponibles.

 

 

 

 

 

El proyecto propuesto por el equipo Moonballon logró el segundo lugar en la segunda versión del ActInSpace, en el que las agencias aeroespaciales disponen el conocimiento para los emprendedores participantes. En la versión 2020 participaron 24 equipos y cerca de 120 emprendedores en 6 charlas especializadas, con 32 mentores y 12 jurados. Para Angie y Paula “este reconocimiento es muy satisfactorio, pues hemos contado con poco tiempo para desarrollar la idea”. Ellas tuvieron el apoyo de expertos como Óscar Ojeda, ingeniero aeroespacial; Ferney Beltrán, ingeniero electrónico, y Andrés Sánchez, investigador apicultor.

Al rescate de las colmenas

“El mundo de las abejas es el mundo de la vida”, dice el profesor Sanín Ortiz Grisales, de la Facultad de Ciencias Agropecuarias de la UNAL Sede Palmira, quien lidera esta iniciativa junto con un grupo de estudiantes.

“Las abejas son muy dinámicas, es posible que hoy tengamos una captura muy buena y mañana ya no estén. Ellas deciden si se van o no. Hay que mantenerlas en unas condiciones muy buenas para que permanezcan”, explica el docente.

Entre las condiciones favorables se encuentran el sol y que el ambiente sea acogedor, es decir que esté rodeado de árboles, vegetación y que no esté próximo a lugares sucios, gallineros o establos. Así mismo, para darles seguridad a las abejas debe haber mínimo 500 metros entre cualquier habitación humana y animal. Es importante recordar que si ellas están tranquilas no atacan a nadie.

El profesor Ortiz explica que la realidad hoy es que en América ya no existe la especie Apis mellifera o abejas europeas (muy mansas) 100% puras. Hacia 1956, el genetista brasileño Warwick Kerr, al ver que las abejas europeas eran de baja capacidad productiva, llevó a Brasil abejas africanas de Tanzania (Apis mellifera scutellata) –muy productivas, trabajadoras y resistentes– para realizar cruzamientos.

Sin embargo, a este científico se les escaparon unos enjambres de los híbridos africanizados y ahora están distribuidas en un rango geográfico que va desde el Chaco (Paraguay) hasta el río Bravo en Estados Unidos. “Definitivamente esta especie aguanta mejor las enfermedades que las A. mellifera, por lo que tenemos que aprender a vivir con ellas”, enfatiza el profesor Ortiz.

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