Agroindustria de la caña: eco al trabajo y la economía nacional

Duberney Galvis

Invitado por el joven Jhonson Torres, representante de los trabajadores de la agroindustria de la caña en Colombia, participé como conferencista del ciclo de capacitaciones para corteros de caña en La Virginia, impulsadas entre el Ingenio Risaralda y trabajadores organizados en Sintrainagro. Se prepararon en normas laborales y la economía del sector.

Abordamos la agroindustria azucarera como actividad estratégica: es materia prima para la industria, consigue divisas y es un alimento. Una fuente de energía producida en 120 países, 75% a partir de caña de azúcar. Es cultivada en zonas tropicales como Colombia donde aporta 286 mil empleos entre directos, indirectos e inducidos, siete mil de estos corresponden al Ingenio Risaralda.

Es más, en este sector, por cada empleo contratado en la fase agrícola, se crean 0,71 empleos extra en la economía, y en la fase industrial se crean 4,33. (Fedesarrollo/2019). Caso concreto en La Virginia, dos de cada tres personas, tiene relación económica con la empresa.

Pero el negocio también navega aguas internacionales, caracterizadas por la tendencia a la sobreoferta y la volatilidad de los precios Así, por ejemplo, durante el 2018-2019, la producción mundial superó la demanda en diez millones de toneladas. Esto crea existencias que jalan los precios internacionales hacia abajo, de febrero del 2017 al 2018, cayeron más 200 dólares por tonelada.

Surcando esas aguas, las potencias mundiales aterrizan en el mercado colombiano. Aprovechando además ventajas obtenidas de los TLC y acuerdos regionales. En consecuencia, para el 2018, aproximadamente dos de cada diez libras de azúcar consumidas en Colombia eran importadas, sin incluir al etanol. Además, hubo diversas embestidas contra el azúcar nacional, no solo provinieron de los preocupados por el consumo adecuado, que el gobierno convirtió en un nuevo tributo al consumidor; sino de otros con magnitud global, como Coca Cola.

Ante este panorama, es oportuno el reciente análisis del empresario Mayer, en El Tiempo, sobre un necesario cambio en los tratados de Libre Comercio TLC y la tributación inequitativa. Mayer amplía la voz de los trabajadores en la idea de renegociar los TLC y aplicar aranceles a las importaciones, para crear riqueza nacional. Y aciertan, pues una raíz de la crisis económica es la baja participación del trabajo en la renta nacional, que entre 2002 y 2018, se derrumbó de $48 a $37 de cada 100 pesos.

Tampoco es cuestión de “inventar la bombilla”, sino de aplicar desarrollos económicos de hace más de un siglo: protección al mercado interno y la soberanía para las necesarias relaciones globales. Invención por la que escalan las naciones desarrolladas, aunque patean la escalera para que otros países con potencial, como Colombia, no asciendan.

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