“Adviento”

Se cuenta de un príncipe que vivía muy lejos de la casa de su padre y lo echaba mucho, mucho de menos. Un día recibió una carta de su padre, se alegró muchísimo y la guardó como un tesoro. Pero la alegría y la dicha que la carta le proporcionó no hicieron más que aumentar su deseo de reunirse con él y se decía: ¡Oh, si sólo pudiera tocar su mano! Oh, si extendiera su mano hacia mí, ¡cómo la abrazaría! Besaría sus dedos con devoción, mi padre, mi maestro, mi luz.

Mientras se decía estas cosas un pensamiento iluminó su mente: ¿Acaso no tengo la carta de mi padre escrita de su puño y letra? ¿Acaso no es la letra del rey comparable a su mano? Y una gran alegría invadió su corazón.

La religión judía y la religión cristiana es la religión de la historia y del tiempo. Dios habló y sigue hablándonos a través de los acontecimientos. Y en la Biblia nosotros podemos oír la voz de Dios.

Dios, sin embargo, nos ha dejado muchas notas, textos codificados, que tenemos que descifrar, y que si los seguimos nos llevan derechitos a la meta: “Habrá signos en el sol, la luna y las estrellas”.

Este evangelio se parece muchísimo al telediario de las 9 de la noche.

La naturaleza vacila como un borracho. Los icebergs viajan sin rumbo por los océanos. Los volcanes escupen fuego y azufre.

El cambio climático nos amenaza y nos hace levantar la cabeza.

Las calles se vacían y se llenan de tanques y miles de policías buscan al maligno…

Los corazones ciegos no sólo no ven a Dios y no oyen su voz, sino que no saben interpretar los signos presentes y se niegan a ver a los otros como prójimos y hermanos.

Los signos de los tiempos. Signo de los tiempos es que los hombres se apasionan por todo lo animal y lo humano, pero son ciegos para las cosas de Dios. Sus signos, sus señales no les interesan, no quieren descifrar.

Adviento es tiempo de esperar a Dios. Adviento es tiempo de estar despiertos y de mantenernos en pie ante Jesucristo, dice el evangelio.

Tiempo de oración, reflexión y de la siempre necesaria conversión.

Tiempo que nos invita a leer la nota que Dios ha dejado en su puerta y a descansar un poco. Nosotros hemos de interrumpir el trajín cotidiano y, con alegría, esperar la Segunda Venida del Señor. No sabemos lo que nos reserva el futuro, pero sí sabemos lo que nos reserva el dueño del futuro.

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