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jueves, diciembre 1, 2022

Acerca del doctorado honoris causa para Albalucía Ángel

Mauricio Ramírez Gómez

El pasado 23 de septiembre, el Consejo Superior de la Universidad Nacional de Colombia concedió a la escritora Albalucía Ángel Marulanda el Doctorado Honoris Causa, por los aportes que a juicio del Departamento de Literatura de esa universidad, ha entregado la autora a la literatura colombiana y latinoamericana, mediante su vida y obra. Este reconocimiento es un hecho importante para el ámbito literario de Pereira, pues se trata de la primera autora que consigue que su obra repercuta a nivel nacional, muy a pesar del escaso conocimiento de su obra entre sus coterráneos.

Hay que recordar que hasta hace apenas tres años, en su ciudad natal, la obra de Albalucía Ángel circulaba en fotocopias, casi de manera clandestina. Las primeras ediciones de sus libros eran tesoros que nadie prestaba por temor a perderlos irremediablemente. Por fortuna, por iniciativa de Rosa Ángel, la secretaría de Cultura reeditó la totalidad de su obra narrativa y logró ponerla al alcance no solo del público pereirano sino también del país. Ese sencillo gesto permitió comprender que la obra de Albalucía no es de culto, como se nos ha querido hacer creer, sino que lo que faltaba y sigue haciendo falta es que sus libros circulen masivamente. En una entrevista, la propia Albalucía dijo lo siguiente: “¿Qué hacer con mi obra? Primero que todo hay que distribuirla ya. Lo hice en fotocopias en otro tiempo, aun así la rechazaban. Distribuirla bien, barata, como lo hizo Gloria Zea, esa mujer que se lanzó a hacer ‘Estaba la pájara pinta sentada en el verde limón’ a 100 mil ejemplares por 10 pesos. No me leyeron los intelectuales, porque eso era “un nido de gulungos”. Me leyó el pueblo. En las calles me gritaban: ‘¡Pájara pinta!’”.

En múltiples ocasiones, Albalucía ha expresado su certeza de que “hay que escribir y leer para el futuro que no existe”. Y el presente le ha dado la razón. Durante la más reciente Feria Internacional del Libro de Bogotá, a la presentación de la reedición de su libro “Misiá señora” asistieron masivamente los jóvenes, quienes esperaron con paciencia su turno para un autógrafo y una foto. Es posible pensar que, a pesar de la escasa circulación, sus novelas ya encontraron un público desprejuiciado, con capacidad de asombro.

 

Fenómeno sociológico
En Colombia, a menudo se ha abordado la literatura escrita por mujeres como un fenómeno sociológico, no como una realidad estética. Hasta hace muy poco, escritoras como Albalucía Ángel debieron soportar la exclusión, la sorna y la descalificación. Solo la solidaridad de otras mujeres, como Gloria Zea, ha permitido superar esas injusticias. En la actualidad, gracias a que las mujeres se dieron a la tarea de leerse y estudiarse, las voces de una gran cantidad de autoras se están dando a conocer. Basta mencionar esa maravillosa iniciativa de la Biblioteca de Escritoras Colombianas, que recientemente lanzó la Biblioteca Nacional de Colombia.

A Albalucía Ángel se le ha llamado en numerosas oportunidades “la desvirolada de Pereira”. Si estar desvirolada es entregarse con tanta pasión y tenacidad a la creación, sin duda lo es. Esa desvirolada ha conseguido interesar al mundo editorial por su obra. Próximamente, su libro de memorias ‘Diálogos con un cuaderno anaranjado’ será editado por la Editorial Universidad de Antioquia y la Universidad Nacional editará otra de sus numerosas obras inéditas.

Es hora de que los investigadores comiencen a ocuparse de las obras y los autores pereiranos que, como Albalucía, han conseguido encontrar lectores fuera de los estrechos límites de Pereira y de qué manera la ciudad los ha condicionado en sus búsquedas estéticas. No me refiero a rastrear una manera propia de ser pereirano o encontrar rasgos literarios exclusivos. Me refiero a la necesidad de identificar cómo perciben a los escritores pereiranos fuera de la ciudad. Dice Luz Mary Giraldo: “me sorprendía que una escritora nacida en Pereira, es decir, de provincia y no del centro del país, Bogotá, se atreviera a escribir de manera diferente, como también notaba que lo hacía Fanny Buitrago. Desde las primeras obras de Albalucía, pasando por ‘Dos veces Alicia’, ‘Los girasoles en invierno’, ‘Tierra de nadie’, hasta el presente, su literatura incomoda y reacomoda, mostrando en su claro trasegar vital y literario profundo sentido reflexivo y crítico sobre la existencia y la historia. Partícipe del canon, esta literatura ha sabido resemantizar temas y obras, tendencias, perspectivas de la realidad nacional, situaciones de la condición humana”. Los pereiranos somos responsables de esa percepción de pobreza cultural y falta de originalidad que tienen de nosotros en otras latitudes. Creemos –con excepciones, por supuesto-que lo bueno solo viene de afuera y nos conformamos con imitar a la perfección, porque pensamos que ningún oriundo o educado en este territorio puede ser escritor digno de reconocimiento. Nos lamentamos por no tener una tradición literaria milenaria, cuando apenas tenemos poco más de un siglo de historia. Quizá por eso la obra de Albalucía nos resulta tan extraña, por su originalidad y porque la autora misma no ha sucumbido a los embates o las veleidades de la crítica, ni a las ansias de éxito.

A lo mejor, este reconocimiento a Albalucía Ángel en el resto del país y el desconocimiento de su obra en la ciudad sirvan para comprender que falta una buena colección que nos ponga de acuerdo en las obras de los escritores pereiranos, de todas las épocas, que primero nosotros y luego los forasteros, deberíamos leer. Bien decía Marguerite Yourcenar: “no se ama lo que no se conoce”.

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