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Pereira
lunes, septiembre 26, 2022

Abandoné el ayer

Edwin Giraldo

El asombro es tal vez el sentimiento que experimentamos la mayoría de personas al estar frente al mar. Existen distintas maneras de estar frente a poderosa energía azul, desde lo más cercano en la orilla sobre la arena hasta un balcón, una terraza o inclusive más lejos, en una habitación de esas que anidan en un rincón de nuestra mente. 

“Cierra las ventanas, las calles,

el cielo…
Quédate, tras los ojos, desnudo de gestos”.

     Con la mirada hacia dentro y los veintiocho episodios (poemas, que yo atrevidamente denomino así), es como Alan González Salazar nos presenta su nuevo poemario En este cuarto frente al mar. Quizás sea el diario de un transeúnte que contempla, como en cámara lenta, el basto océano que existe en la ciudad, tal vez sea Pereira o cualquier otra donde los protagonistas de esta obra poética son el silencio y la luz, danzando al ritmo de la calle en una atmósfera de café, hueso de luna y lluvia.

“Busca en otros ojos sus adentros”.

     El aire claroscuro que habita en el otro, en el yo, en todos; construye el oleaje donde se naufraga o se llega a puerto. La cercanía con la muerte, realidades acechando el hoy, aciertos y algunos fracasos (amor), son el equipaje que cargamos constantemente y pasamos desapercibido mientras esperamos el bus, vamos de la mano con alguien desconocido o simplemente esperamos que se detenga la lluvia en cualquier esquina, bebiendo el café amargo de la existencia.

“¿Por qué, solo hasta ahora, me resulta equívoco el destino de cada uno?”

      Libro de manufactura especial. En su interior los versos reposan sobre un tipo de papel reciclado; me da la sospecha que la textura de ese papel se asemeja al hueso de luna que en alguno de sus poemas hace mención. La cubierta impresa en una especie de cartón rústico de tono tierra combina muy bien con la tinta negra, dando así la sensación de tener en las manos un libro de antaño. Pequeño artefacto de bolsillo, perfecto compañero de viaje.

   En este cuarto frente al mar, al fondo las sombras de la conciencia, detrás de las miradas mudas, palabras con aroma a ciudad y café, la estridencia de los sentimientos y el frenesí de la vida…

Buscamos el amor para no morir de espanto”.

     En este pasadizo frente al hoy: “Eres en la lluvia un mar que respira”.

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