15.4 C
Pereira
jueves, abril 25, 2024

55 años de una buena novela: “La Solterona”

Benhur Sánchez Suárez logra una revalorización del papel que ha cumplido la
mujer en la novela colombiana.

José Miguel Alzate
El Premio Esso de Novela Colombiana, que en 1961 ganó Gabriel García Márquez
con La mala hora, lo obtuvo en 1968 Alberto Duque López con Mateo el flautista,
una novela experimental desde el punto de vista técnico. Ese mismo año participó
en el concurso Benhur Sánchez Suárez, un escritor nacido en Pitalito (Huila), con
La Solterona. La historia de Rosario Elena, una joven mujer que para alimentar
sus fantasías sexuales lee a escondidas de la mamá novelas eróticas, ocupó el
segundo puesto. Por esta razón, al año siguiente (1969) fue publicada en la
Biblioteca de Escritores Huilenses. La crítica literaria la catalogó entonces como
una novela moderna, donde se revelaba un excelente narrador. Los lectores se
sorprendieron con la juventud de su autor: veintitrés años de edad.
La Solterona cumple este año cincuenta y cinco años de haber sido publicada.
Cuando se cumplieron cincuenta, Caza de Libros, una editorial de Ibagué, lanzó
una edición conmemorativa, con una carátula donde sobre un fondo verde
aparece una mesa de comedor cubierta con un mantel blanco, y una sola silla.
Benhur Sánchez Suárez la escribió cuando tenía veinte años. Hay que decirlo: en
Colombia son pocas las novelas a las que se les hace una edición conmemorativa.
Esta suerte la han tenido, entre otras, La Rebelión de las ratas, de Fernando Soto
Aparicio; Cóndores no entierran todos los días, de Gustavo Alvarez Gardeazábal;
Cien años de soledad, de García Márquez; La marquesa de Yolombó, de Tomas
Carrasquilla; María, de Jorge Isaacs y La vorágine, de José Eustasio Rivera.

Calidad narrativa
¿Cuál fue la razón para que el jurado del Premio Esso escogiera La Solterona
como merecedora del segundo puesto? En primer lugar, la calidad narrativa.
Desde la primera página, la novela atrae al lector por su lenguaje fresco, por el
manejo psicológico de los personajes y por la buena ambientación de esa casa
donde transcurre la historia. En segundo lugar, porque desde las primeras líneas
se advierte un narrador que no deja escapar detalle en la actitud de ese personaje
femenino frente a las circunstancias que vive. Para Benhur Sánchez Suárez lo
importante al contar una historia es lograr convencer al lector de que los hechos
narrados tienen verosimilitud. Detenerse en qué cosas hay dentro de la casa le
proporciona al relato consistencia descriptiva.

En una tesis escrita por Sonia Milena Rivera Parra para optar al título de Magíster
en literatura de la Universidad Pedagógica de Pereira se dice que, a través de La
Solterona, “mediante un trabajo riguroso con el lenguaje, los juegos narrativos y la
construcción de una propuesta estética”, Benhur Sánchez Suárez logra una
revalorización del papel que ha cumplido la mujer en la novela colombiana. En
este sentido, hay que decir que La solterona cumple un propósito claro: mostrar la
vida de una mujer que, por no haberse casado, está encerrada en una casa, sola,
viviendo la angustia de no tener un esposo con quien compartir su vida. El autor
explora aquí la conducta humana de una mujer que no tiene más aliciente que
soñar con tener a su lado a un hombre que le brinde amor.
Rosario Elena tiene una hermana. Se llama Clara, y tiene por costumbre sentarse
en una mecedora, en el balcón, a hacer tejidos. Un día, al llevarle la hermana un
café a la sala donde está con Rigoberto, el novio, los ve “besándose
convulsionados, una mano de él perdida en la falda de su hermana y una de ella
apretándole el pantalón a la altura de la bragueta”. Esta escena, que ella observa
desde la puerta sin que la pareja se dé cuenta, la lleva a imaginarse en una
situación igual. “Casi que sentía el mismo goce que su hermana cuando él dejaba
perder su mano en las profundidades de su falda”, dice el narrador omnisciente.
Desde entonces empezó a soñar con un hombre vestido de negro que, mientras la
besaba, ella dejaba “que sus manos juguetearan en medio de sus piernas”.

Pedía placer
Es en ese momento cuando surge en Rosario Elena esa necesidad de sentirse
acariciada. Su cuerpo le pedía placer. Dolida porque ella no podía vivir esas
experiencias, le dijo a Clara que Rigoberto no le convenía. Por esta razón, la
hermana la llamó vejestorio, anciana, beata. Es cuando decide inventar que fue
violada por un hombre que vestía de negro, que entró a la casa después de tocar
el portón. Ella sostiene la mentira porque no quiere pasar como una mujer sin
ninguna experiencia sexual. Sin embargo, el andamiaje sobre el que construye la
mentira se le cae. Se debe resignar, entonces, con convertirse en la tía que cuida
a los sobrinos. Rosario Elena no sabe ni siquiera cocinar; la mamá nunca se lo
enseñó. La casa mantiene en desorden, y hasta deja descomponer los alimentos.
En La Solterona, una novela escrita con un lenguaje acariciante, Benhur Sánchez
Suárez habla sobre la personalidad de una mujer solitaria que se resigna a no
sentirse amada. El autor interioriza el alma del personaje para narrar cómo vive
esa soledad en la casa que a su muerte les dejó la mamá, a la que después de
casada su hermana Clara nunca volvió. En esa casa adornada con macetas de
flores, con una alcoba grande y “un corredor con olor a cementerio” Rosario Elena
vive en una soledad plagada de silencios, alejada del mundo exterior, sin
comunicación con nadie. Es una mujer que vive llena de ansiedad, intranquila,
cerrada en su propio mundo, sin anhelos ni proyectos. En la tesis antes citada se
dice que se siente frustrada, atormentada en el alma, sin alegría interior.

Sorprende que, a la edad de veinte años, cuando apenas se está aprendiendo en
buenos escritores formas ágiles de narrar, alguien escriba una novela con calidad
literaria. La verdad, Benhur Sánchez alcanzó la madurez creativa a temprana
edad. En La Solterona hay un escritor con dominio de la técnica narrativa, de
prosa fluida, alegre, cantarina, que le imprime al final de la historia narrada un
remate lleno de sorpresas para el lector. Ese final donde Rosario Elena sale de la
casa para ir a la iglesia después de visitar en el cementerio la tumba de sus
padres, cuando recorre las calles para descubrir una ciudad renovada, con
semáforos en las esquinas y con parejas besándose en la calle, resume la soledad
de una mujer a quien la vida le negó la posibilidad de encontrar el amor y, desde
luego, ser feliz.

SUSCRÍBETE A NUESTRO BOLETÍN INFORMATIVO

Para estar bien informado, recibe en tu correo noticias e información relevante.

 
- Publicidad -

Para estar informado

- Advertisement -
- Publicidad -
- publicidad -