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jueves, diciembre 1, 2022

5 escritores risaraldenses en Antología de Ensayos

En su Antología de Ensayos, recién publicada en Amazon -“Del Quijote y la María a Descartes y Piketty”-, el escritor y periodista Jorge Emilio Sierra Montoya (Pereira, 1955) destaca, en su sección de Ensayos Literarios, a cinco autores risaraldenses, quienes gozan de amplio reconocimiento regional, nacional y mundial.

Se trata, en primer término, de tres poetas: Luis Carlos González (1908-1985) y Miguel Álvarez de los Ríos (1935-2022), de Pereira, y Francisco Javier López Naranjo, de Apía, ganador de numerosos premios internacionales de poesía, especialmente en España.

Ahí figuran, de otra parte, el fundador y director de la revista Iris, Óscar Aguirre, por su obra narrativa, y Gilberto López Ángel, por el libro sobre periodismo e historia de Marsella, su pueblo natal.

A continuación, breves reseñas de los ensayos respectivos.

El poeta de La Ruana

La lista tenía que estar presidida por Luis Carlos González Mejía, en torno a cuya obra literaria Sierra Montoya hizo su disertación al posesionarse, en 2016, como miembro correspondiente de la Academia Colombiana de la Lengua.

El ensayo en tal sentido aborda su poética, donde es notoria -dice- la influencia de la poesía popular antioqueña y española, siendo, ante todo, un poeta popular cuya memoria se exalta cada año en el Festival Nacional del Bambuco, realizado en La Perla del Otún.

“Es el gran poeta popular del Eje Cafetero por ser el mejor intérprete de sus sentimientos, de su paisaje, de sus anhelos y, en general, de los valores culturales que nos identifican”, afirma el ensayista mientras cita composiciones como La Ruana, de la que hace un cuidadoso análisis.

“Pero, también es un poeta romántico”, señala, recordando sonetos como Biografía del corazón y famosas letras de bambucos como Muchachita pereirana y Montañera, entre otros.

Por último, lo presenta como un maestro de la poesía humorística, comparable a Luis Carlos López -“El tuerto” López- en sus célebres Carajadas que por momentos -dice- provocan estruendosas carcajadas, como su poema Bobópolis, donde se burla de nuestra bella capital, igual que lo hace ante sus críticos de pacotilla.

Álvarez de los Ríos

De Miguel Álvarez de los Ríos, fallecido a comienzos de este año en Pereira, Sierra Montoya escribió un amplio ensayo en torno a su obra poética reunida en el libro “Cantos de Maldoror”, publicado en 2014.

“Miguel es el letrado más importante y visible de Pereira, de Risaralda y acaso también del Eje Cafetero”, dijo el académico Héctor Ocampo al presentarlo como “hombre de cultura” por sus dimensiones de escritor, historiador, cronista, crítico literario, periodista y poeta o, mejor, buen poeta.

“Sí, era poeta y lo seguirá siendo en sus propios versos, que nunca mueren”, precisa Sierra.

Otro poeta romántico, sin duda. Con mucho de erotismo, tan de moda en estos tiempos y tan propio de él por su espíritu hedonista, dionisíaco. En estilo clásico, de música y rima, característico, a su vez, de la Escuela Grecocaldense que tuvo su epicentro en Manizales, cuya retórica se siente en cada de uno de sus versos, como latidos del corazón.

El amor se manifiesta, asimismo, en la amistad y, claro, especialmente entre los seres queridos, de padres a hijos, que es algo también muy común en nuestros poetas tradicionales, encabezados por el ya mencionado Luis Carlos González, único en su género.

Y, para despedirse, amor a “la gloriosa poesía”, expresado tanto en verso como en densos ensayos de verdadera prosa poética. 

López Naranjo

En los tres ensayos siguientes sobre autores risaraldenses, Sierra Montoya reproduce los prólogos que escribió a sendos libros de su autoría, publicados recientemente: “Mis sonetos laureados”, de Francisco Javier López Naranjo; “Antología de cuentos”, de Óscar Aguirre, y “Marsella: Historia y Periodismo”, de Gilberto López Ángel.

Para empezar, López Naranjo se presenta como digno representante de la poesía clásica, a la que Sierra intenta reivindicar frente al auge del verso libre y su presunto entierro de pobre al que muchos jóvenes de hoy la condenan, tildándola de obsoleta, pasada de moda y cosas por el estilo.

“Los muertos que vos matáis, gozan de cabal salud”, recuerda.

“La gran poesía no ha muerto. Al contrario, está más viva que nunca”, asegura. Y precisa: Sólo se requiere pasearse por internet, en las redes sociales, para descubrir aquí y allá grupos dedicados a divulgarla, además de la realización permanente de concursos literarios (en España, por ejemplo), restringidos, por lo general, a formas clásicas como el soneto, en los que hay nutrida participación de diversos países, cuyos finalistas y ganadores, de buena y hasta óptima calidad, se reúnen luego en libros impresos de distribución mundial.

En tales concursos, uno de sus ganadores más galardonados es precisamente este poeta apiano, hecho nada sorprendente cuando sus poemas, sonetos en su mayoría, nos deslumbran de principio a fin por el manejo del idioma, sus rimas y ritmos consonantes, campo en el que unos pocos iluminados alcanzan la perfección.

“Como autor clásico -concluye-, López Naranjo vuelve a los temas de siempre: la soledad, la alegría, la naturaleza, la visión mística, la amistad y, sobre todo, el amor y la poesía, dejando huellas, a cada paso, de su espíritu romántico, del que por momentos se burla, con fina ironía, para poner en evidencia el sentido tragicómico que tampoco falta en la vida”.

Óscar Aguirre

El ensayo sobre el escritor pereirano Óscare Aguirre, que es el prólogo a su libro “Antología de cuentos”, se titula “Los cuentos de un intelectual”, cuyo contenido resulta apenas obvio.

“Esto demuestra -afirma Sierra- que el autor en referencia es un intelectual, por lo que sus relatos parecen, en ocasiones, ensayos literarios.

“Son cuentos de carácter intelectual”, insiste.

Y aunque subraya que tal característica no puede menos que limitar el número de lectores porque se requiere una adecuada formación cultural para su cabal comprensión, considera que, de otra parte, puede atraer a las personas que carecen de dicha formación, tanto por su lenguaje claro, transparente, del buen narrador, como por describir situaciones extrañas, fascinantes, dignas de la mejor literatura en Borges, Poe y Lovecraft, entre otros iniciados.

Celebra, además, que esta creación literaria haya nacido en Pereira, en pleno corazón del Eje Cafetero colombiano, dada su tradición cultural, su intensa actividad periodística de vieja data y hasta su literatura costumbrista de origen antioqueño.

“Estamos ante uno de los mejores narradores colombianos en la actualidad”, plantea con honda convicción.

Gilberto López Ángel

Del cofundador y exdirector de la Casa de la Cultura en Marsella, Gilberto López Ángel, Sierra Montoya señala la importancia que tiene la historia para nuestros pueblos, cuyo conocimiento es indispensable para saber quiénes se somos, de dónde venimos y hacia dónde vamos.

“Quien no lo hace -sostiene-, carece de su propia identidad y del sentido de pertenencia para integrarse a la sociedad, así como de los más auténticos valores culturales.

Así, exalta a este autor por recurrir a los periódicos para recuperar la historia municipal, más aún cuando sabemos que el periodismo siempre hace historia, cuyo cabal registro queda consignado en cada una de sus páginas.

Es un libro que debe convertirse en texto de consulta obligada para todos los marselleses, por ser un extraordinario aporte a la historia local, pero también -agrega- para los demás municipios del país y, de manera particular, en escuelas, colegios y universidades, explorando no sólo en los archivos de rigor sino en las voces de los abuelos, recogiendo en esta forma la valiosa tradición oral de nuestros pueblos.

“¡He ahí uno de los mayores retos que no podemos eludir!”, son sus palabras finales, invitando a la lectura de tan rica e invaluable historia del periodismo en Marsella. 

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