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lunes, junio 27, 2022

100 años de surrealismo

Es tendencia

El eje roto del alma

Todas las lágrimas

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Omar Castillo

I

Si bien el Manifiesto del surrealismo fue publicado en 1924, la escritura de Los campos magnéticos realizada por André Breton y Fhilippe Soupault en 1919, puede considerarse el primer texto escrito dentro de las búsquedas que serían propuestas por el Manifiesto unos años después de esta primera experiencia. Entonces con Los campos magnéticos nos encontramos ante la primera escritura Surrealista puesta a gravitar en el hacer creativo de la cultura tal como hasta entonces se entendía en Occidente, pues desde ese primer texto los creadores Surrealistas fundados en sus búsquedas de una moral del inconsciente que penetre otras capas ignoradas de la realidad no han dejado de confrontar la domesticidad cultural predominante en esta región del mundo.

La experiencia vivida y propuesta por André Breton desde el Surrealismo, hace de él una de las conciencias literarias y artísticas del siglo XX para penetrar las rupturas y las fundaciones vivenciadas por muchos creadores durante ese siglo, para comprender el porqué de sus posiciones ante la realidad y la cultura de Occidente y desde ahí, la deconstrucción configurada en sus obras buscando dar paso a una renovación de la visión de la realidad y del arte que representan la vida.

Para André Breton cada experiencia individual es piedra fundacional en el esclarecimiento colectivo que le permite al ser humano encontrar otra relación con la naturaleza, otra comunión vital sin los abruptos depredadores que la han caracterizado. Bretón creía en el individuo, en la comunidad, en la libertad, asuntos complejos hoy, cuando las distorsiones y los encubrimientos están en el orden de quienes quieren controlar y disponer las capacidades cognoscitivas humanas.

Pretender encasillar al Surrealismo como un movimiento del pasado solo útil para museos y anticuarios, es ignorar su fuerza, la capacidad que nos ofrece para adentrarnos por esa críptica moral del inconsciente donde se funda su aventura hacia el desciframiento de lo oscuro y el origen de lo luminoso. A través de analogías atraídas por los ritmos de las palabras que las nombran, el Surrealismo trae a la cotidianidad lo oscuro, ya en un poema, ya en una pintura o en cualquiera de las formas y maneras de lo creativo, lo trae como parte esencial para la realización de lo impredecible de la vida.

El Surrealismo ha nutrido la acción de poetas y creadores en todas las disciplinas del arte. Su presencia y las experiencias que propicia, permiten constatar y ampliar nociones y visiones de la realidad, empero, sus logros también han sido usados en la recreación de juegos de palabras y el diseño de imágenes caricaturescas para el mero mercado del arte, asuntos que el mismo André Breton cuestionó en su momento.

El Surrealismo ha permeado muchas de nuestras maneras y formas, no solo en lo creativo, sino también en lo cotidiano. Hoy se podría decir que el Surrealismo es en gran medida hechura de la personalidad de André Breton, de la conciencia que tuvo de su ser creador y de su don humano para promover en otros la conciencia de su estro creador, del carácter de un hombre cuyas pasiones lo llevaron a perpetrar las más contradictorias acciones. Esto lo podemos observar cuando nos acercamos a sus escritos en verso y en prosa y a las biografías que buscan retratarlo en la intimidad pública de sus 70 años de vida.

Como experiencia, el Surrealismo es un reto para quien decida adentrarse por las rasgaduras a través de las que es posible aprehender los súbitos de lo maravilloso impactando la realidad, penetrando con su “belleza convulsiva” la cotidianidad. Como poética, el Surrealismo no es una receta cuyos componentes garanticen el alivio encapsulado en un poema, pues en un mundo pronosticado para la usura y lo laboral como único destino, la poesía que sucede en el laberinto penetrado por el Surrealismo se yergue alertándonos sobre lo oscuro y lo maravilloso en su diversidad, enseñándonos la existencia en sus ocultamientos y en sus revelaciones vueltas analogías simultaneas en el poema, creando metáforas que con sus ritmos libidinosos nos engarzan y exponen en su continuo. Así las palabras en la escritura del poema reencarnan en una visión atravesada por la claridad del misterio cifrado en su decir analógico, en su movimiento aleatorio. Ante experiencias creativas como estas es inevitable que un lector casual califique un poema así originado de hermético en su decir y de críptico en su contenido.

II
Hoy, en el devenir del decir poético Occidental, el Surrealismo hace parte de movimientos como el Romanticismo, el Simbolismo y el Modernismo, que desde el siglo XIX vienen penetrando con su creatividad el arte y la cultura de una visión donde el ser humano es una brizna más de las fuerzas y contrariedades que mueven el mundo y el universo, donde el ser humano no es el centro alrededor del cual todo gira para su uso y beneficio mientras espera la redención eterna. En Colombia son varios los poetas cuyas voces han sido tocadas por el Surrealismo, además de por otras experiencias, entre ellos vale nombrar inicialmente a Fernando Charry Lara, Fernando Arbeláez, Álvaro Mutis y algunos de los integrantes del grupo Nadaísta.

En Charry Lara el toque Surrealista se siente en la ejecución rítmica de las imágenes que el poeta trae a su poesía: “En la ciudad de bruma la fiesta / De las noches es un bosque / De cabelleras oscuras y de estrellas”. Imagen de penumbras nítidas empero deslumbrantes en la oquedad del misterio que la funde en un sueño real, en un sueño que sucede en la cotidianidad así nombrada, así desvelada. Sin los vértigos imaginativos del decir poético de algunos de los poetas esenciales del grupo Surrealista como André Breton, Benjamin Péret y César Moro, Fernando Charry Lara consigue aprehender la otredad donde se funden las palabras hasta obtener el súbito maravilloso del poema: “Si tu desnudo gesto inmóvil / Si tu rostro que estalló de pronto ante un espejo / Si tu voz mutilada por el árbol por la nube / si tu paso callando por un sótano”.

En la voz poética de Fernando Arbeláez se encuentran varios registros y uno de ellos da un matiz Surrealista que a su vez es tocado por el vacío tal como lo entienden las culturas de Oriente: “Solo hasta borrar / lo sombrío de la luz / solo hasta borrar / lo sombrío de la sombra / llega lo real. […] Lo hemos recibido / todo / del gran vacío”. La poesía de Fernando Arbeláez penetra lo extraño donde prende el poema, el mismo que entrega al lector en secuencias dispuestas para hacer aprehensible lo revelado vuelto sabor y saber de lo cotidiano del habla en palabras que se cuecen en nítidas imágenes: “Meto el otoño en este abrigo roído / salto a las multiplicaciones / de lo irreal / para buscar el misterio del día”.

El itinerario poético propuesto por Álvaro Mutis desde sus primeros poemas, hace que su voz se rasgue en distintas maneras y formas de su decir. Una de ellas acude a la densidad imaginaria del dibujo verbal que realiza en el poema, sea este en prosa o en verso, haciéndolo casi exasperante por lo enrarecido de las atmósferas donde cunden sus tramas, en otra, acude a la escritura del poema en versos de dibujo nítido, casi llano. Entonces resulta evidente en la escritura de Álvaro Mutis su conocimiento de las voces que por siglos vienen nutriendo la poética de Occidente. Así no es de extrañar que en algunos de sus poemas realice maneras Surrealistas, si entendemos por maneras la capacidad de aunar secuencias que conecten lo oscuro donde prende la raíz de la realidad con el vértigo donde sucede lo cotidiano: “Por encima de la roja nube que se cierne sobre la ciudad nocturna, por encima del afanoso ruido de quienes buscan su lecho, pasa un pueblo de bestias libres en vuelo silencioso y fácil”.

En 1958 cuando es fundado el grupo Nadaísta en la ciudad de Medellín, sus manifiestos y propuestas poéticas contribuyen para que en Colombia otros lectores descubran experiencias como las de Dada y el movimiento Surrealista. Todavía hay quienes dicen que el Nadaísmo es una mueca tomada de Dada y el Surrealismo, lo cual enrostra lo huero de la crítica de quienes esto dicen, pues el Nadaísmo es expresión de cuanto se cocinaba en las ascuas de las décadas de 1950 y 1960 en Colombia y en el mundo. La revuelta Nadaísta es tan fundamental como la de la generación Beat en Estados Unidos, Mayo del 68 en Francia o la Primavera de Praga, guardadas las proporciones dadas por las características de cada una de estas experiencias.

El toque Surrealista más perceptible sobre el grupo Nadaísta se da en algunos momentos de la poesía de Alberto Escobar Ángel, Jotamario Arbeláez, Darío Lemos y Armando Romero. Y es en este último en quien más se refleja una escritura poética próxima a las propuestas Surrealistas, aun cuando sus búsquedas no se detienen ahí, pues por sus imágenes cruzan distintos ecos que han contribuido para la tonalidad y los ritmos de su voz: “En el fuego, / en el silencio, / en la piedra, / hay algo que llamea / que no es el fuego, / hay algo que canta / que no es el silencio, / hay algo que se endurece / que no es la piedra”. O como estos donde lo coloquial cruza “la luz del espejo” instalándose en el asombro de quien en él se mira: “¿Sobre qué tierra de cambio insospechado / Habita la luz del espejo? // Un susurro de telas sonámbulas / Trae la respuesta // Herraduras al trote sobre la nieve / Alas ladeadas en la neblina”. Así la poética de Armando Romero se tiñe de formas y maneras donde se evidencian los fundamentos de su voz.

III
En 1973 Raúl Henao publica en Medellín su primer libro de poemas: Combate del carnaval y la cuaresma, en el que es visible la intención del poeta por una escritura próxima a los principios dados por los manifiestos Surrealistas de André Breton. Desde entonces Raúl Henao es quizá el poeta colombiano que más ha insistido en la experiencia Surrealista, su obra es testimonio de una vida dedicada a la exploración del súbito de la palabra que propicia en el poema el acto donde la realidad se revela en lo perturbador y en lo maravilloso de su suceder:

“Los espejos mienten para volver a mirarse en nuestros ojos
En realidad, somos su prole multiplicada, otros espejos vacíos como una sala
Puertas abiertas a puertas adivinadas
Corredores de tiempo sin fondo donde nos precipitamos cada mañana a pesar de la medida y el hábito
Mirajes del agua quieta bajo la que acecha la informe blancura
Espectáculo de nuestros rostros simulados
Tableros del azar y el destino al que queremos implacable y ajeno”.

En la obra de Raúl Henao el toque Surrealista se vuelve una decisión del poeta por la búsqueda de lo maravilloso en medio de lo inhóspito producido por una sociedad usurera, entregada a las ínfulas de su redención. Así, infatigable lo vemos cruzar las calles de la ciudad de Medellín soltando su “Definición”: “El poeta // ese hombrecito sudoroso que corre / tras la gente // para soplarle fuego al oído”.

En 1980 la Editorial Fundarte de Caracas le publica El dado virgen, libro de imágenes intensas y de una elegancia en su dibujo poético que conmueven por los asuntos que penetran a través de lo simbólico y lo coloquial de la surrealidad que las caracteriza. Una muestra es el poema que da título al libro:

“¿Qué llama al viento abofetea el rostro
de la noche? Si pasas oh desconocida
de bucles en la colina inspirada

Silba tu cancioncita mañanera
desde el confortable balcón del milagro

En el jardín, cerca al carbonero florecido,
tu hermosa boca bebe de la zapatilla
del cielo la buena ginebra
del verano

Pero no me engañas si finges abandonarme
a las hienas sonrientes, en brazos
de la mecedora

El día no transcurre suficientemente a prisa
para que el cántaro de la palabra
se aparte de la limonada

Una sola palabra ya dispersa el mundo
a lo lejos: reconcilia el dado virgen
con la rosa de los vientos”.

La obra de Raúl Henao es amplia en sus formas y maneras, siempre amparada por su creencia en la “belleza convulsiva”, al decir de André Breton, que impulsa su poesía y su vida. En ella también encontramos su sentido humor negro contrastando la realidad de nuestro tiempo, que al parecer es el tiempo de todos los tiempos: “¡Ah, por dios! Un golpe de batuta que ponga término a la frase musical de la desesperación, al matiné de la soledad, a la orquesta de la rabia en el desvencijado domingo de toda la vida”.

Otro poeta tocado por el aliento Surrealista es Rafael Patiño, en cuyos poemas gravitan imágenes aleatorias cundiendo hacia una metamorfosis verbal entre lo surreal y lo expresionista, tal como se puede leer en su poema “Festín de los pechos a pesar del paisaje de mi país”:

“Un exterminio mueve su grupa escuálida
En esta bella y triste landa,
Un ajedrez de invisibles cadalsos
Ocupa el paisaje poco a poco.

Invítame a las montañas de tu cuerpo
Tal vez otros horizontes se escondan
En nuestro delirio boca a boca”.

Otros poetas colombianos que también han sido tocados por el Surrealismo son Santiago Mutis, Carlos Bedoya, Óscar González, John Sosa y Luis Fernando Cuartas.
* Medellín, marzo y abril de 2019.

 

 

 

 

 

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