Alfonso Guti?rrez Mill?n
Columnista

Bastantes estudiosos de ciencias pol?ticas considersan que, salvo el brev?simo lapso gobernado por los llamados radicales durante el siglo XIX, tanto la religi?n cat?lica como las fuerzas armadas han fungido como inmarsesibles bastiones del sistema de poder pol?tico cuyos dos siglos de existencia independiente entre nosotos se cumplen el pr?ximo 7 de agosto.

Sin embargo, en estos tiempos de ?realidad virtual? semejantes pilares han dejado de ser intocables: la iglesi? cat?lica se encuentra bajo el fuego lento de las continuas denuncias sobre la pederas?a de su clero; y las fuerzas armadas se encuentran acosadas por miles de casos de ?falsos positivos? que mantienen entre rejas desde meros soldaditos hasta comandantes de batall?n. Y en ambos casos han servido poqu?simo ciertas tradiciones defensivas que por siglos mostraron su eficacia: ni el llamado a respetar el prestigio y la santidad de ese sacerdocio instituido por el mism?simo Cristo, ni el llamado a detenerse ante el honor y el esp?ritu de cuerpo de los militares han podido evitar que persista y a?n se extienda el esc?ndalo p?blico.

Pero la corte vaticana, ?madre y maestra? del catolicismo, ha soportado durante milenios infindad de ataques tanto o m?s leg?timos que el actual: ni la corrupci?n del papado que suscit? la rebeli?n de Lutero, ni un matrimonio, sin duda simon?aco, con los absolutismos reales, lograron oscurecerla definitivamente. Por una sencilla raz?n ?All? siempre fueron capaces de rectificar conductas pol?ticamente peligrosas!

Francisco no solo rechaza la pedofilia sino que ha hecho obligatoria la denuncia ante las autoridades civiles: una conducta que nuestro cardenal Castrill?n se?alara desde el mismo vaticano como inapropiada.

Nuestro estamento militar, con la excepci?n del retiro en tiempos de Uribe de algunos oficiales, duda ante los falsos positivos. Pero ahora, ciertos generales parecen entender la sabidur?a de procederes como los del papado en el sentido de rectificar conducta. Que ya lo dijo Von Clausewitz, el fil?sofo castrense sin par: ?El valor militar puede ser de dos clases: frente al peligro hacia la persona o frente a un tribunal externo y ante la propia consciencia?.

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