Una carrera entregada al servicio

Cada 24 de junio, el mundo rinde tributo a quienes movidos por una mística de servicio inquebrantable, deciden enfrentar la adversidad para salvar a otros.

Venezuela atraviesa uno de sus momentos más amargos, después de los dos terremotos que sacudieron la capital justamente el mismo 24 de junio. Razón más que válida para hablar con Juan Carlos Núñez, socorrista de la Cruz Roja Risaralda, uno de esos héroes silenciosos que desde hace 18 años decidió capacitarse y ser voluntario, tras quedar impactado por un rescate en el barrio Cuba de Pereira.

Batalla de Solferino

Se escogió  el 24 de junio, por la batalla ocurrida de 1859 en Italia, en la que Henri Dunant tuvo que presenciar a miles de heridos sin atención médica. El filántropo suizo organizó a la población local para auxiliar a los soldados sin importar el bando al que pertenecieran.

Núñez relata el peso emocional de las tragedias que marcan el alma y explica porqué, más allá de la adrenalina de las cuerdas y los rescates, lo único indispensable para ser socorrista es tener un corazón dispuesto a ayudar.

Entre el lodo y la tragedia

Don Juan Carlos, ¿qué fue lo que lo llevó a tocar las puertas de la Cruz Roja en el año 2007? “Soy auxiliar de enfermería de profesión, pero teníamos una camioneta y trabajábamos bajo contrato con lo que es hoy la Diger. Una vez acudimos a una emergencia en Cuba, por el sector del Padre Valencia, donde hubo un deslizamiento y quedaron atrapados dos obreros, allí vi trabajar al grupo de rescate de la Cruz Roja; lograron sacar a una persona con vida, aunque la otra falleció. Me quedó la inquietud y poco después me acerqué a dos integrantes del grupo para preguntarles cómo podía pertenecer. Hice un curso de voluntariado de casi un año, me certifiqué como socorrista y ahí empezó mi caminar”.

La primera pérdida

Se dice que los socorristas y demás profesionales que están en contacto directo con el sufrimiento, se ‘curten’ con el tiempo, pero siempre hay un caso que se queda grabado. ¿Cuál ha sido ese momento difícil que más lo ha tocado? “Uno cree que está ‘curtido’ para estas situaciones, pero hay momentos que lo tocan a uno, fue en la vereda El Mosquito, entre Santa Rosa y Dosquebradas, fuimos a rescatar a un niño de unos 5 o 6 años e infortunadamente, lo encontramos sin vida. Fue la primera vez que me enfrenté a un cadáver y ver a un niño impacta bastante. Para manejar eso, nosotros nos blindamos con la adrenalina del momento, pero al salir de la emergencia tenemos sesiones de ‘descarga’ con psicólogos, para liberar todas esas emociones que uno carga durante el servicio”.

Mística y la especialidad USAR

Usted refiere que muchas personas se hacen socorristas por la emoción de tirarse por cuerdas, pero finalmente se retiran. ¿Qué es lo que realmente hace un socorrista en su día a día? “Mucha gente entra por curiosidad y se desmotiva porque no todo es rescate en situaciones extremas. Como voluntarios, cubrimos servicios en conciertos —como el pasado de J. Balvin—, anteriormente las procesiones y eventos escolares, en la Cruz Roja hay muchas líneas para trabajar, ya sea como juvenil, dama gris o socorrista. Los que estamos en el grupo de Búsqueda y Rescate, nos capacitamos constantemente en espacios confinados, rescate vertical y acuático”.

¿Cómo está Risaralda en cuanto a socorristas de la Cruz Roja? “Nos falta personal y voluntarios, pues se requieren entre 21 y 25 personas capacitadas para presentar el examen ante la Unidad Nacional y poder conformar el USAR. Por eso el llamado es a que la gente se inscriba”.

Una familia de corazón grande

Para alguien que tiene un empleo normal y poco tiempo, ¿es posible ser socorrista? “¡Claro que sí! Para ser socorrista no hay que ser deportista ni tener una condición física especial, lo único que se requiere es tener ganas de ayudar y tener corazón. El tiempo lo maneja cada persona, por reglamentación debemos cumplir 12 horas mensuales, las cuales se pueden hacer en un solo servicio de fin de semana. En la Cruz Roja se conoce mucha gente y se crea una familia, es una institución humanitaria con acciones muy chéveres”.

La Cruz Roja de Caldas y Quindío sí cuentan con grupo USAR, pero socorristas pereiranos sí conforman el grupo nacional  USAR COL-1 que se certificó internacionalmente y ahora tiene especialistas que apoyan emergencias fuera del país, como es el caso del bombero Andrés Barbosa que ya partió hacia Venezuela.

«Lo que tenemos los voluntarios es un corazón muy grande y unas ganas de ayudar grandísimas».

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