Un oficio antiguo en manos jóvenes

El ingeniero de sistemas que desentraña el alma de la madera. Steven López es lo que muchos llamarían una persona multitareas.

López dice que sus caminos siempre convergen y hacen giros inesperados, como aquella decisión de optar por el camino de las artes plásticas, cuando apenas se graduaba como ingeniero. La ebanistería llegaría después, para darle espacio a una relación con la madera que desembocó finalmente en la luthería, el milenario arte de construir y restaurar instrumentos musicales.

Día a día

Radicarse en Santa Rosa de Cabal, abrió caminos inesperados. López aplica conocimientos transversales de simetría y pintura para dar vida a violines y guitarras que son en sus propias palabras, organismos vivos. El luthier explica por qué un violín artesanal puede requerir como mínimo nueve meses de gestación y cómo un barniz hecho a base de secreciones de insectos define la calidad acústica de una pieza.

Steven, ¿cómo se conectan esos dos mundos tan aparentemente distantes? “Siempre he creído que uno es transversal en los conocimientos, hay que mezclar de todo un poco para llegar a ciertos niveles. Si no supiera de dibujo, no podría trabajar la simetría, si no supiera de pintura, no lograría los tonos estéticos y si no supiera de ebanistería, no sabría reconocer si una madera está seca u óptima para el trabajo. Mi interés por el violín nació en 2018 por un ‘arrebato’ personal, pero fue el año pasado cuando me inscribí en un programa gratuito en Santa Rosa y descubrí que podía hacer mucho más que solo aprender a tocarlo como instrumento”.

Maderas de maderas

Para quienes no sabemos de música, un violín parece solo una caja de madera con cuerdas. ¿Qué diferencia un instrumento de almacén de uno hecho por un luthier? “Hay maderas de maderas, generalmente las tapas son de pino, las traseras de arce, y los diapasones y clavijas de ébano. Un violín económico puede verse igual, pero usa materiales sintéticos, la gran diferencia está en el barnizado. Por ejemplo, este violín tiene un polichado francés hecho con goma laca, que es un producto natural derivado del excremento de un insecto disuelto en alcohol. A este instrumento que tengo en las manos, le di 42 capas con intervalos de 20 minutos entre cada una, mientras que el barniz sintético crea una cáscara dura, el polichado francés es flexible y permite que la madera respire y vibre, lo que cambia totalmente la respuesta acústica”.

Gestación artesanal

Hablamos de un proceso casi de joyería. ¿Cuánto tiempo le toma entregar un instrumento desde que selecciona la madera? “Depende de las características, pero con los violines que he construido fueron meses de cuidados diarios y revisión constante, solo el barnizado puede llevar mes y medio. Después de las capas iniciales, hay que dejarlo 13 días quieto para que la goma laca se estabilice, luego emparejarlo y esperar otra semana más, es un trabajo de paciencia. En la antigüedad, sin motores ni tecnología, los luthiers como Stradivarius —que hizo entre 1.000 y 1.100 instrumentos en toda su vida— trabajaban solo al tacto, sintiendo con los dedos dónde la madera estaba más gruesa para empezar a desbastar”.

Instrumentos ‘vivos’

Usted menciona que al músico se le enseña a interpretar, pero muchas veces ignora la naturaleza de lo que tiene en las manos. “Es cierto, hay un tipo de desconocimiento sobre cómo cuidar el instrumento, hay que tratarlo desde el respeto porque la madera, aunque el árbol haya sido cortado, sigue siendo un organismo vivo hasta que se desintegre. La madera se contrae con el frío, se expande con el calor y cambia su afinación con la humedad. Es una pieza que está continuamente sometida a cambios ambientales”. Se puede encontrar el trabajo de Stiven en redes sociales como EscultureArt o JStevenLutheria.

Del reciclaje a la experimentación

¿En qué proyectos trabaja actualmente en su taller? “Llevo dos procesos de restauración y he construido uno y medio. Digo uno y medio porque uno lo ensamblé reciclando piezas de alta calidad de otros violines desarmados, experimentando con la voluta para ver cómo modificaba el sonido. El otro, su ‘hermanito, sí lo hice desde cero, también estoy trabajando en un violín híbrido para un músico que guardó unas tapas de cedro durante 40 años, aunque no es la madera tradicional, estamos logrando un instrumento folclórico más rústico y muy interesante”.

“Dicen que nadie es profeta en su tierra, aunque nací en Caldas, fue Pereira la primera ciudad que me abrió las puertas. Risaralda me ha hecho sentir bienvenido y estoy muy contento con todo el proceso artístico que he desarrollado gracias a mi estadía en este departamento”.

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