El latido de la vida en la montaña, sus colores, y la fuerza de esta raza hicieron que Luis Hidelbert Morales, quizá uno de los directores de banda más laureados y experimentados del eje cafetero, retornara al país.
Muchos coterráneos abandonan Colombia tras el ‘sueño americano’, pero el protagonista del Punto Final de hoy hizo lo contrario. Después de lograr una visa por talento y ubicarse por cinco años como director de banda en algunas escuelas elementales de Houston, Texas, como se dice coloquialmente ‘le entró el aburrimiento’ y se devolvió. Su sencillez lo lleva a definirse como un ‘montañero’, también reconoce que no logró conectar con la cultura norteamericana.
Recorrido
El maestro Morales dirigió por dos décadas la Banda Sinfónica de Quinchía —con la que cosechó 14 premios nacionales— Después de su regreso empezó a liderar proyectos que fusionan la rigurosidad sinfónica con el sabor de la salsa y el bolero. Actualmente, se dedica a la dirección de grandes tributos y a pulir su propia Big Band.
¿Qué lo hizo regresar si ya tenía una vida establecida? “La verdad es que no me adapto bien y nunca he podido. Estuve allá entre 1992 y 1993, con una orquesta de salsa llamada Son y Melado, pero esta vez, ni en cinco años me hallé. Mi hija sí se quedó, se graduó el año pasado en Missouri, pero lo mío es por aquí, yo soy muy montañero. Regresé después de la pandemia y estuve un tiempo como formador de formadores en el programa de bandas de la Gobernación de Risaralda”.
Talento
Este director reflexiona sobre los retos de la cultura en Risaralda y la importancia de seguir creando música con sello propio. Maestro Hidelbert, usted es egresado del Programa de Bandas de Caldas y licenciado de la Universidad Tecnológica de Pereira, pero su nombre quedó grabado en Quinchía, tras 20 años allí. ¿Cómo se da ese salto de dirigir una banda municipal a terminar en los Estados Unidos? “Fue un proceso de muchos años. En Quinchía estuvimos hasta el 2015, grabamos cuatro producciones y ganamos muchos premios. Gracias a esos reconocimientos, recortes de periódicos y grabaciones, pude aplicar desde Colombia a la visa. Me la otorgaron a mí y a mi familia con todos los beneficios de una residencia temporal, trabajé como director de banda en una Charter School y en un Community College”.
El proyecto ‘Salsipuedes’
Ahora su enfoque ha cambiado, ya no trabaja con procesos formativos de niños, sino con músicos profesionales. Háblenos de estos proyectos actuales. “Así es, ahora estoy con músicos ya formados y reconocidos, soy el director de la orquesta de Manuel José (el ganador de Yo me llamo que interpreta a José José), también creé mi propia agrupación se llama Salsipuedes Big Band, con la que ya hicimos tributos a la Billo’s Caracas Boys y al Combo de las Estrellas con Fernando González, y lo que viene es muy grande: el próximo 2 de mayo estaré en el Teatro Jorge Eliécer Gaitán en Bogotá y el 9 de mayo en el Teatro Metropolitano de Medellín dirigiendo el espectáculo ‘Nino Bravo Sinfónico’”.
Trabajar y trabajar
También supimos de una alianza internacional con Puerto Rico. ¿De qué se trata? “Es un proyecto que estoy retomando con el cantante salsero Yan Collazo. Antes de irme a Estados Unidos, grabamos con la Sinfónica de Quinchía una producción llamada Tempo de Bolero, ahora vamos a desarrollar esa producción con músicos de Puerto Rico e invitados de la talla de Gilberto Santa Rosa, Víctor Manuel, Francisco Céspedes y José Alberto ‘El Canario’. Estamos apuntándole a iniciar esta producción en cuanto la agenda de todos estos grandes artistas lo permita”.
Memoria Sonora, el legado discográfico del director Luis Hidelbert Morales, incluye cuatro producciones grabadas con la Sinfónica de Quinchía que se pueden conseguir: Sinfónica netamente, Porro, Cumbia y Bolero con Carlos Arturo, la Sinfónica en su Salsa con cantantes del Grupo Galé.
La realidad en Risaralda
Usted que conoce el modelo de Caldas, ¿qué tan fácil es sostener procesos de bandas aquí en Risaralda? “Es complejo porque para nadie es un secreto que las bandas en Caldas son una potencia con un programa de 50 años muy desarrollado. En Risaralda siempre ha sido muy incipiente, arrancan los procesos pero no los continúan, los cambios de gobierno los truncan y eso hace que el tema de la dirección de bandas aquí sea muy difícil”.
«Lo mío es por aquí… yo soy muy montañero».


