Por Duberney Galvis (*)
Claudia Morales, directora de la Feria del Libro de Pereira, considera que este es el momento de que artistas, gestores, libreros, editores, teatreros y demás actores culturales sean escuchados y reconocidos como parte fundamental de la reconstrucción de la ciudad. En medio de esta situación, la Feria del Libro, que se realizará del 5 al 9 de noviembre, busca convertirse en una pausa para el reencuentro y una pequeña luz de esperanza después de la tragedia.
¿Cuál es su llamado?
Ese llamado realmente lo hago como una obligación moral. Soy directora de una feria, lo que no me obliga a estar tocando puertas en ninguna parte más allá de lo que implica la gestión de la misma. Hago esto porque creo que tengo que acudir a todos los recursos posibles para llamar la atención de las necesidades del sector. Esto realmente lo tendría que estar haciendo la gobernación o el municipio a través de sus secretarías de cultura.
Después del diez de agosto, lo que he visto es que esto confluye como en un desprecio o negligencia para observar al sector cultural de Pereira. Eso me ha llevado a tocar la puerta de la ministra en la red de X y a tratar de usar otros caminos para convencerla de la necesidad de hablar con el sector cultural de Pereira. Incluye las puertas de los medios, los colegas nacionales, empresas, otros aliados; intentando elevar una voz por un sector, no para que me hagan un favor a mí y ni siquiera a la feria, sino para empezar a fijar sus ojos, su atención, en algo que verdaderamente lo necesita.
¿Cuáles serían tres necesidades gruesas del sector cultural después del sismo?
Una, infraestructura. Y no solamente hablo del ecosistema del libro, también de las salas de exhibición, del Santiago Londoño, del Museo de Arte, de las salas de teatro. Muchos de estos lugares quedaron devastados; y para otros que tenían espacios en alquiler, como la librería Sabia o Libraria, su lugar de trabajo y de productividad se anuló.
Segundo, el empleo, porque lo ocurrido trajo despidos y puede llegar a ser dramático. Y tercero, el hecho de no tener lugares dónde trabajar y crear.
¿Cómo podría aportar a la reconstrucción el sector cultural?
Empieza por poder ser observados, reconocidos. Un sector puede tener muchas ideas creativas, pero si no es entendido como prioridad, no se tiene en cuenta su capacidad creativa, sus opiniones, pues difícilmente puede pensarse qué aporte pueden hacer. El sector cultural de por sí está llamado a crear, pero requiere los medios para poderlo hacer.
Lo que han venido haciendo muchos actores culturales de la ciudad, teatreros, libreros, editores, colectivos, es acercarse a las comunidades más afectadas, a tratar de llevar un poco de alegría desde la cultura; con títeres, dibujo, pintura, clubes de lectura. Pueda que no tengan cómo aportar en dinero u otros bienes, pero siempre, y esa es la belleza de la cultura, tiene cómo hacerlo desde sus creaciones culturales.
Cuando observas, por ejemplo, los lugares en guerra, como Gaza, Ucrania, generalmente aparecen creadores desde la cultura llevando un poco de alegría con títeres, lectura en voz alta, pinturas, origamis para los niños. Y en esos ratos rompen esa cotidianidad de tragedia y encuentran algo de alegría. Eso es lo que quizás tendría que entender la sociedad y la política pública, con el sector cultural de la mano, crear estrategias para ayudar en la reconstrucción. En esa escala de vulnerabilidad, no hay ni un censo consolidado del sector. ¿Cómo hacer para organizarlos?
Quizás este podría ser el momento de hacer un llamado a la unión porque lo que he observado trabajando de cerca con el sector en Pereira, es que hay desunión. Esto abre rendijas por las cuales se empiezan a colar y a profundizar efectos tóxicos. Si hubiera un sector más unido, más consciente de las necesidades del otro, más solidario, propositivo desde lo positivo, seguramente tendría una visibilidad distinta.
Ese camino debió recorrerse hace mucho, no como antesala de un terremoto u otra tragedia, entonces el nivel del debate del sector con lo público y con lo privado sería mayor.
Creo es la oportunidad para una revisión interna.
Por último, ¿es un hecho que la Feria del Libro de Pereira se corre para noviembre?
Sí, se hará entre el cinco y el nueve de noviembre. Y esta es una buena manera de poder cerrar, invitando a todas las personas a lo quizás sea una pequeña luz de esperanza en medio de esta situación. Recomponer la feria no fue fácil. Es una tarea que demanda un esfuerzo físico, emocional y mental más allá de lo que se puede imaginar, pero se hace con la convicción de que necesitamos reencontrarnos, abrazarnos y tal vez pensar que cinco días de feria pueden ser una suerte de respiro de luz, de alivio. Nosotros no cobramos la entrada a ninguno de los cuatrocientos encuentros organizados. Esto incluye lanzamientos editoriales, talleres, teatro, música, investigaciones académicas. Todo es libre. Si alguien del común quiere ir y aprovechar, quiere disponer todos sus sentidos en la feria, estoy segura de que no va a regresar a su casa igual, va a llegar con el corazón un poquito o muy contento. Por ende, la invitación es aprovechar.
Aunque estamos trabajando con limitaciones y muchas angustias también, seguimos centrados en esa convicción de hacerlo a pesar de las circunstancias, creyendo con firmeza que es por el público y por el sector. (*)columnista El Diario del Otún


