Nicol Echavarria Muñoz es lo que muchos llamarían la ‘sangre nueva’ de la literatura en esta ciudad. A sus pocos años, esta poeta ha logrado nadar contra la corriente de una generación volcada a las pantallas para refugiarse en la profundidad de las letras.
Hay un concepto cultural acuñado en ciertos sectores de la sociedad. ‘Almita vieja’ hace referencia a personas en las que a pesar de tener un cuerpo joven no están eximidas de la experiencia y un conocimiento que simplemente les es natural.
No es fácil hallar adolescentes que hablen sobre la obra de Sor Juana Inés de la Cruz y de la profunda producción poética de Alejandra Pizarnik, como si se tratara del cantante de moda.
El despertar de la ‘vena’ literaria
Nicol es la ganadora del primer lugar en el concurso ‘La poesía es un grito’ y ocupó el segundo lugar en el concurso de cuento de Comfamiliar Risaralda, revela una sensibilidad descarnada que utiliza el canibalismo como metáfora del amor, y la escritura como la única catarsis posible para entender el corazón.
Usted es muy joven, ¿desde cuándo tiene conciencia de que lo suyo es la poesía? “Desde pequeña me ha gustado todo lo que tenga que ver con la escritura, pero hace unos tres o cuatro años vengo adentrándome más en lo que es la poesía, es lo que en este momento siento que me llena más”.
En este camino que usted escogió se puede tener un don, pero necesita pulirlo. ¿Cómo ha sido en su caso este proceso? ¿Es autodidacta o ha buscado maestros? “Empecé por mi cuenta, pero en el tema de corregirme y enseñarme estructura fue fundamental mi profesor de español, Marco Javier. Él me daba sugerencias y me ayudaba para que mis textos estuvieran mucho mejor”.
Beber de fuentes certificadas
Nos comentó que lee a Alejandra Pizarnik y a Sor Juana Inés de la Cruz, eso es hablar de las ligas mayores ya. Compártanos, por favor, algo de lo que escribe para entender esa influencia.
“Este poema se llama Retorno
Ven, regresa y tómame entre tus brazos
Susúrrame al oído mentiras empalagosas
Arráncame con ese beso el alma, desgarra con tus dientes mi carne
Así como clavaste puñales en mi pecho, directo a mi corazón.
Ven, regresa, mi amor».
Remando contra la corriente
Nicol, la gente de su generación está pendiente ahora de Netflix, YouTube, reggaetón o K-pop, y usted parece estar remar contra esa corriente. ¿Qué le dicen sus amigos? “Me dicen que siga por este camino, que no lo deje. Lo más bonito es que varios amigos se han acercado a pedirme que les enseñe a poner sus sentimientos en palabras y se empieza a crear un nicho muy especial alrededor de uno”.
El impostor
Hablemos de sus logros. Usted obtuvo el segundo puesto en el concurso de cuento ilustrado de Comfamiliar con la obra ‘Menú para un ser hambriento’, pero entiendo que el camino no fue fácil por el autosabotaje. “Así es, por años decía que no tenía el talento suficiente para quedar entre los tres primeros, yo solita me autosaboteaba, pero el año pasado me insistieron en que tenía la capacidad y me arriesgué a último momento. A los que nos leen les digo: tengan fe en sus capacidades, no se autosaboteen porque eso les quita oportunidades”.
La metáfora del hambre y el amor
Su cuento ‘Menú para un ser hambriento’, trata de un hombre, Elías, que escribe cartas a su estómago desde la cárcel mientras espera su sentencia. ¿De dónde sale esa profundidad tan oscura? “Me interesan mucho los casos judiciales, de hecho estudio Investigación Judicial. Me llama la atención cómo piensan las personas después de cometer actos atroces y cómo cargan con la culpa, en el cuento utilizo el canibalismo como una metáfora del amor: me parece una de las metáforas más hermosas porque implica complementarse, juntar en un solo ser, el cuerpo, el alma y el corazón, esa es la entrega total”.
En el compilatorio del concurso juvenil ‘La poesía es un grito’ del grupo literario Dos Puntos, quedaron plasmadas obras como Mujer, Mísero Show y Lago Vacío. ¿Qué busca expresar allí? “En los últimos dos trato el tema de cómo la gente lo percibe a uno, de sentirse insignificante frente a los demás o sentir que uno solo sirve para una cosa específica y que, si deja de hacerla, lo van a botar y se quedará solo”.
Por ahora tiene claro que quiere publicar un poemario completo por su cuenta, actualmente escribe en dos libretas diferentes, tacha y corrige mil veces hasta encontrar la frase que va con la ‘vibra’ del poema.
Nicol no deja de perseguir sus sueños. Para ella, escribir es una forma muy buena de hacer catarsis, “es agarrar las fibras de tu corazón y ponerlas sobre la mesa para entenderte a tí mismo. Ayuda mucho a liberar el alma y la mente”.
Por ahora, esta joven anda en una pequeña crisis propia de su edad. No sabe si seguir con Investigación judicial, matricularse en Literatura o estudiar astrofísica.


