Inclusión en talla grande

Transformar el dolor e impulsar el liderazgo social, requiere de ir sanando día a día y de la experiencia de una mujer que con su testimonio transita desde las sombras de los abusos, ausencias y la depresión profunda hasta el éxito de la inclusión.

Sandra Alonso hizo carrera en la actuación nacional, pero más allá le tocó protagonizar la novela más difícil, una vida con altos y bajos que pondrían a temblar al más fuerte. Desde pequeña fue ‘trozuda’, y no le vio inconveniente porque era la gorda simpática y celestina del grupo de amigos, sin imaginar que encontraría en su propio cuerpo la herramienta para salvarse a sí misma y a otros.

Sanar el pasado

Lo que comenzó como un intento de huida de la realidad en el Viaducto, se transformó por un azar del destino, en una oportunidad de verse linda y vestirse bien. Su labor actual como coach de empoderamiento no es una apología a la obesidad, porque ella y su grupo hacen ejercicio, meditan y cuidan la salud mental, la que como todos los demás requiere de salidas con amigos a comer ‘cosas ricas’. “Lo que pasa es que la aceptación para mujeres (y hombres) en la sociedad, es otra batalla que se suma a la de buscar recuperar la propia identidad”.

¿Cómo influyeron las crisis familiares en la mujer que es hoy? “En mi infancia pasaron cosas que generaron mucho dolor, tuve una crianza con padres ausentes, maltrato psicológico y físico, lo que me llevó a casarme antes de los 20 años solo para huir del conflicto familiar. Ese primer matrimonio fue un fracaso total porque me casé con un hombre que resultó ser gay y solo buscaba tapar el sol con una mano casándose conmigo. Todas esas oleadas de traición y falta de sanación interna me hicieron atraer, de manera involuntaria, situaciones similares a lo largo de mi vida».

Un encuentro fortuito

Tras una serie de pérdidas personales y crisis económicas, usted llegó a un punto límite. ¿Cómo fue que el modelaje se convirtió en la salvación y la detuvo de seguir con los planes de aquel día? «Entré en una depresión tan fuerte que me bloqueé y no me volvieron a llamar de la televisión o el teatro, ya no podía con la carga económica y querer tener a salvo a mi hija eran demasiado para mí. Un día me fui a tomar un café al Pereira Plaza para pensar cómo lo haría, estaba llorando cuando llegó una señora llamada Martha, se me acercó para decirme que buscaba una modelo de talla grande. Al principio me dio rabia, pensé que se burlaba, pero esa invitación me ‘embolató la muerte’. Acepté el trabajo, y el día que me volvieron a poner un vestido después de nueve años de usar solo leggings y camisetas, me vi al espejo y me sentí como la princesa más hermosa. Ese impacto fue tan real que decidí que si eso había pasado conmigo, yo debía ayudar a otras personas a sentir lo mismo».

Lucha contra los estereotipos

¿Cómo es el trabajo que hace para cambiar el ‘chip’ de las personas que la necesitan? No es solo enseñarles a caminar o vestir con elegancia, es un proceso de transformación de vida. Llegan a mí mujeres separadas que creen que el mundo se acabó, u hombres que se sienten mal con su físico, y lo que hago es enfocarlos. Estudió Asesoría de imagen y manejo del conflicto mente-cuerpo en España, y así poder brindar herramientas que permitan a las personas mirar su potencial real más allá de una talla». Ser de talla grande no le impidió estudiar Artes Escénicas en Bogotá, o participar en producciones como Padres e hijos y El Cartel de los sapos.

Salud y aceptación

Algunas personas sugieren que estos proyectos hacen apología a la gordura. ¿Cómo responde usted a esa percepción y cómo integra el concepto de salud en su formación? “Soy una paciente diagnosticada con depresión desde los 14 años y sé que la enfermedad mental es algo que hay que saber llevar, al cuerpo hay que enseñarle que hay temas que pueden hacer daño si no se trabaja en ello. Les inculco que aprendan a convivir con cuerpos diversos sin hacerse resistencia, porque la resistencia inflama. Si noto que alguno de los que están en el proceso se sube excesivamente de talla, intervengo porque la prioridad es que estén sanos. El empoderamiento real viene de atribuir cosas positivas a ese ser para que flote y vea su valor, y al ayudar a otros, yo misma he ido sanando mis propias heridas».

El próximo proyecto de inclusión en el que trabaja es una pasarela para el Eje Fashion Week en octubre, a la que integrará no solo modelos de talla grande sino senior, personas con autismo y modelos no convencionales.

«Entendí que estoy en esta vida es para servir y poder generar ese impacto en las personas, a medida que hago eso yo me voy sanando».

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