Hoy la raza afro o negra, según se prefiera, celebra los logros que les permiten tener voz y voto, el pasar de ser una minoría étnica a ser los representantes de grandes de zonas del país.
El profesor Américo Portocarrero es el encargado en esta ocasión de explicar y reivindicar la pertenencia y presencia de su comunidad como fuente de poder y sabiduría. Portocarrero, una de las voces más lúcidas sobre la etnoeducación en el país, analiza el presente a más de tres décadas de la Ley 70 de 1993, reflexiona sobre los frutos de una norma que buscó incluir los aportes de la herencia africana en el imaginario nacional, un camino trazado por pioneros como Manuel Zapata Olivella.
En materia
Para este académico, la lucha afrocolombiana no es solo una cuestión de leyes, sino una gesta por la visibilidad en las escuelas y la resignificación de una identidad que es hoy una herramienta política (no electoral) para reclamar derechos y enfrentar los desafíos tecnológicos del siglo XXI.
Doctor Portocarrero, se conmemora un nuevo año de la afrocolombianidad. Si miramos hacia atrás, ¿cuáles considera que han sido los frutos más importantes para la cultura colombiana? “Pienso que ha pasado un tiempo considerable para ver frutos educativos y culturales en términos de impacto sobre la vida y la cultura de los colombianos. Antiguamente, los aportes africanos no estaban representados en la estructura escolar ni en los monumentos, no había una intención de incluir esos saberes en el imaginario nacional. Hoy, después de 2010, los textos y los currículos recogen estos elementos como parte integrante de la información pedagógica que circula por las escuelas. Es una situación de hecho: ninguna región puede hablar de inexistencia jurídica de esta realidad, porque ya hace parte de las discusiones de la política pública educativa”.
Usted hace una distinción muy interesante entre los ‘Estudios Afrocolombianos’ y la Cátedra. ¿Cómo se adaptan estos saberes según el territorio? “Colombia es un país de regiones y la estrategia debe reconocer esa diversidad. Allí donde la presencia negra es muy fuerte y dominante, hablamos de Estudios Afrocolombianos. Por otro lado, en las ciudades o territorios donde la población negra ha migrado buscando mejorar su situación, implementamos la Cátedra de Estudios Afrocolombianos para reconocer una presencia que muchas veces no ha sido visibilizada. El objetivo de ambas es reconocer las particularidades de cada comunidad en el contexto que le toca vivir, ya sea rural o urbano”.
Resignificar la identidad
Hay una discusión académica y política (no electoral) sobre cómo denominarse: afros o negros ¿Usted cómo percibe este debate terminológico? “Es una discusión intelectual que no debería llamar a enojos, cualquiera de las dos construcciones implica una exigencia de derechos. Lo importante es el uso político (no electoral) de la categoría. Muchos se autorreconocen como negros porque dicen: ‘como negros nos han discriminado y explotado, pues vamos a seguir siendo negros para transformar esa condición’. Es una resignificación del término para trabajar de cara a un cambio en las concepciones sociales. El problema no es la palabra, sino cuando se usa para una práctica discriminatoria y no para circular derechos”.
Tradición y retos
¿Cuál es el gran desafío que enfrentan hoy las comunidades negras para no quedarse atrás en el desarrollo global? “El reto es empoderar de nuevo hacia la acción para generar proyectos de largo aliento que transformen las condiciones de vida. Debemos entender que, junto a nuestras tradiciones, hay necesidades del siglo XXI que debemos adquirir, como la informática, los idiomas y la inteligencia artificial. El desafío está en transitar hacia esos avances sin perder nuestras identidades territoriales. Necesitamos organizaciones fuertes que vislumbren cómo explotar nuestros recursos naturales de forma estratégica para que el beneficio llegue a todo el conjunto de las personas y no solo a unos pocos”.
Para terminar, profesor, ¿qué mensaje le deja a la sociedad colombiana en este Día de la Afrocolombianidad? “Debemos seguir trabajando fuertemente en educarnos y reivindicar la negritud. A pesar de los esfuerzos, todavía persisten concepciones que deben ser eliminadas de las prácticas sociales. La negritud es una forma de organización identitaria que debe seguir enfrentando las exclusiones con fortaleza y conocimiento”.
«Tenemos que seguir reivindicando la negritud como actores sociales vitales… entender que allí hay una forma también de organización identitaria y diversa».


