Testimonio de un médico. El rechazo al personal de la salud no es justificable

Por el miedo que genera el desconocimiento o por la falta de una educación adecuada, algunas personas han asumido una posición de rechazo o de agresión al personal de la salud, la cual es explicable pero de ninguna manera justificable. Así opina el médico Samuel Eduardo Trujillo Henao, egresado de la Universidad Tecnológica de Pereira, y con estudios maestría en educación y especialización en docencia universitaria y estudios de educación básica y anatomía. Con el doctor Trujillo, quien fue director del programa de medicina, decano de la Facultad de Salud en dos períodos, representante de los profesores ante el Consejo Superior y miembro de la junta de la Asociación de Facultad de Medicina de Colombia y del grupo de investigación de farmacogenética del laboratorio de células madre y actual docente de anatomía de la UTP, hablamos sobre el papel del personal médico y de la salud en la actual crisis humanitaria y social provocada por la pandemia del Coronavirus.

¿Cómo evalúa el papel del personal de salud que está en primer línea de contención del virus?

Hay que partir desde 1910 cuando la gripa española no había una situación tan severa como hoy y a ninguno de los médicos actuales nos había tocado vivir una experiencia de ésta, esto es algo nuevo para todos. Es un momento histórico, sin antecedentes. Desde el trabajo que hago en la UTP, que son las ciencias básicas, considero que es lógico que exista un punto crítico que ahora es el miedo, el temor, lo cual es una respuesta normal del ser humano que reacciona a ello de diferentes maneras. Ese miedo, que se maneja en el sistema nervioso, tiene tres niveles de maduración: 1o. donde aparecen el llanto y la búsqueda de ayuda; 2o. una fase en la que hay paralización, uno se queda quieto ante el temor; 3o. cuando ya está maduro ese núcleo hay dos alternativas: o se enfrenta la situación o se sale corriendo. Esto se aplica para muchas reacciones cotidianas de la vida y la supervivencia en todos los mamíferos y el ser humano para enfrentar cualquier situación.

¿Igual situación afrontan, en su momento, los médicos?

Los médicos, al igual que toda la población, estamos viviendo todas las sensaciones que genera el miedo, el temor a lo desconocido. En primera instancia los médicos empezamos a revisar el tema, a repasar las investigaciones que existían, en especial los resultados que se comenzaron obtener en esos estudios en China y en Europa, a fin de actualizarnos en la materia. A ello nos movían dos cosas: la primera, la necesidad de atender muy bien a los pacientes, y la segunda, el miedo ante el desconocimiento de una situación, en donde no hay un tratamiento ni un enfoque claro, en donde no se conocían bien los medios de transmisión y cada día hemos ido aprendiendo. En el grupo de colegas he visto toda clase de reacciones. Ha habido parálisis y ante el decreto que obligaba a los médicos a estar pendientes a ser llamados en casos de necesidad muchos colegas dijeron que no podían, no eran capaces o les daba miedo. Y eso es normal. También hay médicos que se han actualizado, han estado al día y han tenido que enfrentar los casos.

¿Cómo reacciona la gente, en general, frente a ese estado de miedo?

Entre la comunidad se encuentran personas que responden al miedo defendiéndose, atacando. Eso ha pasado: algunos ven a alguien, sea un médico, una enfermera o un auxiliar, con un uniforme blanco o del personal de la salud y les da miedo. Eso es hasta lógico si se miran las estadísticas que ubican al gremio de la salud en primera línea. Risaralda presenta un gran cantidad de personal infectado y ocupa el segundo lugar con más de 100 casos después de Bogotá y antes que Antioquia. Ese temor es explicable, pero no aceptable. A uno le da tristeza y rabia que la gente nos discrimine, que nos señalen por tener un uniforme, lo cual es otra forma de responder a la ira, a la rabia, al temor. Pero las personas, por desconocimiento, reaccionan de esa forma.

¿Pero también son muchos los que les reconocen esa muy necesaria labor?

Quien haya estado al día con las noticias y educándose un poco sobre el tema es lógico que va a tener una reacción diferente y, muy seguramente, va a decir: qué orgullo. Esas manifestaciones de aplauso y de felicitación al personal de la salud son expresiones muy bonitas. De hecho hay un caso en un supermercado a donde fuí a comprar unas cosas con el uniforme de práctica puesto y los cajeros me felicitaron. Así que yo fuí de los que, al contrario, he recibido comentarios a favor y no discriminativos. Eso, el rechazo o los aplausos, los recibe uno de las personas según el diferente nivel de conocimiento que tienen sobre el tema.

¿Pero, en resumen, ese miedo es explicable pero de ninguna manera justificable?

Exacto. Sabemos porqué y dónde se produce a nivel cerebral, pero de ahí a compartirlo hay una gran distancia. Ese miedo es fruto de la ignorancia, del desconocimiento, de la forma como la persona responde a todas sus experiencias vitales. Así como hay gente violenta que golpea a los esposa o a los hijos y nada justifica tampoco un asesinato o una discriminación, pero al analizar el asunto se concluye que esa es una reacción primaria de un alguien que no tiene una estructura mental adecuada, una educación adecuada.

¿Lo que muchos ignoran es que hay otras formas más riesgosas de contagio?

La verdad es que es hay más peligro de contagio al recibir un domicilio que lo traen mal o es más peligroso entregar la tarjeta de crédito para pagar y que se la devuelvan contaminada, que encontrarse en la calle un médico o una enfermera que lo puedan contagiar. Ese personal de la salud seguramente está a dos metros, sabe lavarse las manos, sabe ponerse y quitarse el tapabocas en forma adecuada, utiliza todos los elementos de bioseguridad en la clínica o en el hospital en donde hay un equipo o un par pendiente de que este personal se ponga o se quite esos artículos de protección para evitar una contaminación, porque nos tenemos que cuidar entre todos. Como seguramente mucha gente del común no sabe eso, cuando ve una enfermera en la calle creen que ahí trae el virus. Y eso no es así, es más peligroso entregar la tarjeta de crédito para pagar un domicilio o  alguien que no tiene un buen manejo de la bioseguridad.

¿En lo personal es optimista de que en esta crisis hay luz al final del túnel?

Sí, claro. La historia nos ha enseñado y en todos los casos de infecciones éstos han tenido varios períodos: llegan, nos infectan, mueren muchas personas, pero al final o se forman las defensas o aparece la vacuna. En este momento tenemos un germen que tiene unas características diferentes y nuevas y que está presente a nivel mundial, por eso se declaró la pandemia desde marzo por parte de la Organización Mundial de la Salud, lo cual plantea una situación muy grave frente a otras enfermedades que no son tan letales. Hay virus que uno recoge en la calle, nos contaminan y nos afectan, pero no nos matan, en cambio este sí puede hacerlo.

¿Qué nos dicen las estadísticas al respecto?

De unas 100 personas a 80 les puede dar el virus, unos cuantos terminarán hospitalizado y de ellos tres o cuatro irán a cuidados intensivos pero solo se morirá uno. Pero el que se muere hace mucho ruido debido a la virulencia, a la letalidad y la mortalidad de la enfermedad. En el caso del Covid-19 si miramos el número de pacientes y la cantidad de muertes, vemos como han aumentado la mortalidad y la letalidad. Eso preocupa, estamos muy asustados y no sabemos cuando terminará ésto, pero sí sabemos que cuando se mejoren las defensas o sea cuando todos nos hemos ido contaminando y se nos ha sido quitando el Covid-19 vamos adquiriendo defensas o aparecerá una vacuna. Soy optimista si reviso la historia, pero me preocupa porque si la situación es muy larga se va a ver muy afectada la economía y hay que tener en cuenta que el trabajo también es salud y que compartir en sociedad también es salud. Pero sigo optimista de que ésto tendrá un feliz del que vamos a salir. Así ha sido y así será.

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