Las desigualdades y las brechas que afrontan las mujeres en el mundo laboral

En el Área Metropolitana Centro Occidente las mujeres están mejor capacitadas que los hombres, sin embargo la tasa de desempleo es mayor en el género femenino. Y no solo eso: las mujeres reciben un salario inferior al de los hombres, aun cuando estén ocupando cargos con iguales o similares responsabilidades. Situaciones como éstas quedaron en evidencia en una investigación titulada “Brechas de género: análisis para el mercado de trabajo del AMCO”, la cual fue elaborada por la Fundación Universitaria del Área Andina y la Alcaldía de Pereira. Este estudio fue liderado por John Jairo Marín Restrepo, docente del Programa de Administración de Negocios Internacionales de la Fundación Universitaria del Área Andina.

¿En concreto, qué se buscaba con esta investigación?

Las brechas de género hacen parte de los indicadores de Trabajo Decente institucionalizados por la OIT (Organización Internacional del Trabajo) y que los países que pertenecen a ella deben cumplir. Todos estos indicadores se analizan mirando qué ocurre por sexo y en muchos de ellos se logra identificar problemas en cuanto a la situación de la mujer en el mercado laboral: tasas de ocupación y de desempleo, informalidad laboral, el tiempo que dedican a los oficios del hogar en comparación con el hombre, el acceso a diferentes cargos. La idea, más allá de algunos datos, era ir más a fondo para establecer cuál es la verdadera situación de la mujer en el mundo laboral en el área metropolitana.

¿Qué realidad laboral de la mujer encontraron?

La tasa de desempleo de la mujer en el Área Metropolitana bajó para el 2019 en comparación con el 2018. En ese año esa tasa era del 11.2% y para el 2019 fue del 10.4%. Pero ese indicador sigue siendo más alto que el de los hombres, que el año pasado fue de 7.5%, lo que evidencia una brecha de 2.9 puntos porcentuales lo que es mucho y equivale a una cantidad considerable de personas.

¿Cuál es el nivel educativo de los desempleados?

Resulta que las mujeres están mejor capacitadas en cuanto al sistema educativo, dentro de los empleados las mujeres -que son mayoría- tienen más estudios de educación media y universitaria que los hombres. Esto indica que esa mano de obra, de alguna forma, se está desperdiciando. Esto puede ocurrir por cualquier motivo: porque las empresas no les dan oportunidades, porque no las contratan debido al temor al embarazo sobre todo cuando están recién casadas o tienen novio. Eso se vuelve una barrera para que ellas accedan al trabajo: tenemos una gran cantidad de mujeres desempleadas que están más capacitadas que los hombres.

¿En este caso en concreto, qué se detectó en este estudio?

El 35.8% de las mujeres desempleadas tienen educación universitaria, mientras que entre los hombres desocupados solo el 27 % alcanzan ese rango. Eso es una brecha que indica que la mujer está más capacitadas pero más desocupada. 

¿Cómo se comporta esto en el segmento de los jóvenes?

Para los Ni Nis, es decir los jóvenes que ni estudian ni trabajan, en el 2019 la tasa de las mujeres fue superior con respecto del año anterior. Fue del 25.4%, con un crecimiento con respecto del 2018, mientras que en los hombres fue del 14.2%. Allí hay otra brecha inmensa y evidencia un problema muy grave porque estamos hablando de jóvenes, entre 15 y 24 años, que ni estudian ni trabajan y están sometidos a cualquier cantidad de cosas e invitaciones que les hacen para que traten de solucionar su problema. Eso genera problemas en el sistema productivo, porque son personas que no le están aportando nada a nadie.

¿En el caso de los Ni Nis, el desempleo ha venido creciendo?

Sí, para el 2018 estaba en 24.4% mientras que en el 2019 subió al 25.4%, es decir un crecimiento de un punto porcentual. Eso es preocupante porque la tasa de desocupación viene para arriba. En cifras concretas, la tasa total es del 19.8% lo que equivale a unos 20.000 a 25.000 jóvenes que ni estudian ni trabajan, lo cual es preocupante en el aspecto social y económico.

¿Con relación a la tasa de informalidad, cuál es la realidad?

El índice de informalidad, en general, bajó del 48.8% en el 2018 al 47.4% en el 2019. En el caso de las mujeres, la tasa de informalidad se ubicó en el 2019 en el 51 % y para los hombres en el 44.6%, también ahí hay una brecha de casi 5 puntos porcentuales. La tasa de informalidad, en general, descendió entre un año y el otro. Este concepto de informalidad abarca el empleo independiente, el comercio y actividades informales y de empresas hasta de cinco empleados que no cumplen con los requisitos y no están formalizadas. Esta situación, a través del tiempo, siempre ha sido muy crítica y éste es uno de los grandes problemas que tiene Pereira, aunque la tasa descendió.

¿Qué otros aspectos interesantes detectaron en el estudio?

Nosotros calculamos el índice de feminización que trata sobre la ubicación de hombres y mujeres en los sectores económicos, para conocer por cada hombre cuántas mujeres hay. En los establecimientos financieros y en servicios sociales y de salud, hay más mujeres que hombres, lo cual ha existido como por tradición. En el comercio esa relación está muy pareja y en la industria hay un poco más de hombres que mujeres. En otros sectores, como el transporte, la construcción, los servicios públicos, la minería, las actividades agropecuarias casi no se ven mujeres y la fortaleza siempre ha sido de los hombres.

¿Tal vez porque se trata de actividades físicas rudas?

Por ejemplo en transporte, almacenamiento y comunicaciones por cada hombre empleado solo existen 0.2% mujeres, es decir de cada 10 hombres apenas hay dos mujeres más o menos. Eso se puede observar entre los conductores de buses, de Megabús o de taxis.

Otro aspecto importante es el tema salarial…

Para el 2019 la brecha calculada es del 17.% 5 entre lo que recibe un hombre o lo que percibe una mujer por el mismo empleo. En el Área Metropolitana por cada peso que recibe un hombre a una mujer le están pagando algo más de 82.5 centavos. Este indicador se realizó por tipo de ocupación, en donde entre los trabajadores por cuenta propia esa brecha es del 48.3% -eso es como si los hombres ganaran el doble que las mujeres-. En donde la brecha es menor es entre los empleados normales, particulares y obreros, mientras que es también alta entre los empleados del sector público. Y entre los patronos y empleadores la brecha salarial es del 38.1%.

¿Y en cuánto a la realización de trabajos en el hogar?

En relación con el llamado “suelo pegajoso”, con respecto de la realización de oficios en el hogar, el 38% de los hombres dicen que sí y el 62% de las mujeres. Es otra brecha grande que evidencia las diferencias entre hombres y mujeres en relación con la responsabilidad de las tareas en el hogar.

Lo peor es que este tipo de trabajo no es remunerado…

Eso tiene mucho que ver con un indicador que para la OIT es muy importante: cuánto es el trabajo remunerado frente al no remunerado.  El trabajo no remunerado que tiene que ver con la economía del cuidado, lo que se hace en el hogar, la atención a los niños, entre otras cosas. Aquí encontramos que por cada hora que el hombre trabaja y no le pagan, tiene ocho horas de trabajo remunerado. En cambio la mujer, por cada hora que la mujer trabaja y no le pagan, tiene solo dos horas remuneradas. Esa es una brecha muy grande: la mujer trabaja, estudia, cuida los niños, hace los oficios del hogar y tiene una cantidad de responsabilidades en la casa que no tiene el hombre. Eso se ve reflejado en ese indicador: la mujer trabaja muchísimas horas que no son remuneradas, mientras que las que son remuneradas son casi las mismas que no son remuneradas, en tanto que el hombre no.

¿Qué es una brecha de género?

Se define como “la distancia existente en el acceso, el disfrute, la participación y el control de los recursos, servicios, oportunidades o beneficios sociales entre mujeres y hombres” (DPS, PNUD, 2015). Esas brechas están directamente relacionadas con las diferentes posiciones que hombres y mujeres ocupan en la sociedad y la desigual distribución de recursos, acceso y poder.