Colombia ha estado de espaldas a la economía de la cuenca del Pacífico

Un amplio y profundo análisis de la geo-política de la economía mundial, que hoy gira alrededor de la cuenca del Pacífico ante la cual Colombia ha estado de espaldas, hizo en Pereira Ricardo Mosquera Mesa, profesor asociado en el Área de Ciencias Económicas y ex rector de la Universidad Nacional de Colombia -en dos períodos- y de la Universidad Surcolombiana y ponente en el Senado de la Ley 30 que reglamentó la educación superior en Colombia. Sus opiniones sobre el tema fueron expuestos en una conferencia realizada en la Universidad Tecnológica de Pereira en la presentación de su más reciente libro titulado “Colombia frente a los escenarios del Pacífico: ¿De qué Pacífico hablamos?”.

¿Porqué la pregunta planteada en el título de su libro?

Una cosa es el gran Pacífico que se inicia con India, China y con  los Tigres Asiáticos y el otro es nuestro Pacífico, en lo que hay diferencias que van a responder esa pregunta. Ese interrogante me lo hice cuando organizamos un debate en la Universidad Nacional en Bogotá en la Unidad de Medios y el Centro de Investigaciones para el Desarrollo en el 2013. De ahí salió un libro que se llamó “Colombia frente a los escenarios del Pacífico”, el cual fue escogido por la Facultad de Economía en la colección 60 años de la misma fecha. La tesis central de ese libro es la emergencia de las economías asiáticas que desplazaron la geopolítica del mundo al Índico y al Pacífico como tránsito dinámico de la economía de Sudáfrica a India, a Japón, a Corea, a China, al tiempo que habilitó al Atlántico Sur, con Brasil y Mercosur, configurando un mundo multimodal y multipolar, ya no de relaciones unilaterales, pero con el ritmo más dinámico desde el corazón de oriente, ante cuyos avances tiembla el mundo entero.

¿Qué tan profundo ha sido ese cambio?

Le voy a dar un dato: con el coronavirus si a China le da tos, al mundo le da pulmonía. Es decir que genera una gran tempestad bajo los cielos del mundo.

¿Se podría pensar que Colombia ha estado de espaldas al Pacífico?

Totalmente de acuerdo. Fue el presidente Virgilio Barco, en cuyo gobierno yo fui rector de la Universidad Nacional, el que en alguna conferencia recién posesionado dijo: hay que mirar al Pacífico. Él estaba en ese momento pensando en Japón porque era la economía más dinámica, que después de haber perdido en la Segunda Guerra Mundial -de donde salió muy golpeado junto a Alemania y a los países perdedores y debiéndole plata a todo el mundo, por supuesto a Estados Unidos y a los aliados- emergió como una gran potencia en cuanto ponen en práctica que todo lo pequeño si es funcional y operativo es más importante que lo grande, que por ser demasiado grande demanda más espacio, más combustibles y más cosas. En ese momento entendí que la dinámica del comercio mundial había variado.

¿Qué posición asumió Europa en ese nuevo contexto?

Estando en Alemania me hice la pregunta de porqué el mundo se había globalizado, después de la Segunda Guerra Mundial y de la Guerra Fría, cuando ya no era la polarización entre la Unión Soviética -en ese tiempo- y Estados Unidos, es decir el modelo socialista y el modelo capitalista, sino que ahora era entre grandes bloques económicos. Europa decidió no alinearse ni con el capitalismo triunfante de Estados Unidos aliado con Gran Bretaña y los ganadores de la guerra y tampoco con la Unión Soviética. Se fueron por la mitad y crearon entonces un proyecto que primero se llamó el Mercado Común Europeo, antes fue la Comunidad del Acero y del Carbón, fueron avanzando hasta crear la integración más profunda que no solo unificó mercados y comercios, sino capitales y hasta parlamento y, por supuesto, moneda única. Ante esa lucha la dinámica del comercio mundial varió.

¿Cómo se puede dimensionar esa variación?

Por ejemplo, en los tiempos recientes en el 2019, por esa guerra comercial entre China y Estados Unidos, antes del tema del coronavirus, esa es una pelea que la pierde y la va perdiendo -en cierta forma- Estados Unidos porque ese regreso a los nacionalismos le ha abierto las puertas para que China y sus aliados avancen en el mundo entero. Entonces, ante el deterioro de las relaciones entre esas potencias, hasta Rusia se alía a China como bloque asiático firmando una serie de acuerdos en materia de energía, defensa, aviación, agricultura, tecnología y comercio electrónico y se abre paso el que se llama El Nuevo Camino de la Seda que es buscar unir el mundo entero a través del comercio y la economía tomando como punto estratégico la infraestructura.

¿Hasta qué punto se ha consolidado China en este escenario global?

Estamos ante una situación bien interesante porque, según el Foro Económico Mundial y el reporte de competitividad, los chinos no solo son competitivos por su estabilidad macroeconómica, ocupa en el ranking mundial el 98.8% y el tamaño de su mercado registra el puesto 28, es la segunda economía del mundo y representan el 18 % de lo que se produce en todas partes. Y en materia de los que demandan los minerales (como carbón, níquel, ferroniquel) son los que le compran al mundo más de la mitad de la producción. Así que imagínese el tamaño del problema en este momento cuando hay una cierta crisis porque son el principal socio comercial del mundo y ante cuyas acciones -cualquier que ellos hagan- tiembla el mundo entero. No se necesita ser experto en economía internacional para observar que el mercado tiene nuevos nichos y nuevos protagonistas, lo que se advierte en el hecho que la publicidad está dirigida en imagen y en lenguaje a los compradores asiáticos, quienes según algunas revistas como Forbes y su referente chino, son los nuevos ricos del planeta así como que son los mayores compradores de paquetes turísticos. Ese es el tamaño del reto con los chinos.

¿Colombia con solo dos puertos sobre el Pacífico, puede aspirar a insertarse en la economía de esa cuenca?

Nosotros le dimos la espalda por mucho tiempo a las relaciones con la gran China, apenas sosteníamos como unas relaciones más diplomáticas en sentido estricto pero no éramos capaces de manejar el comercio. Fue en los últimos dos gobiernos, incluido el de Juan Manuel Santos, que se le dio la importancia porque el proceso de globalización, así como la creación de grandes bloques económicos y comerciales, los obligó a plantearnos el tema de qué estaba pasando en el Asia, donde China lidera las economías emergentes, conocidas como las BRICS, donde estaban Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica, no solo como principal productor de bienes y servicios, sino también de inversiones de capital con una expansión sin límite, abriendo sus mercados y dando paso a la inversión extranjera. Pero además estaban evidenciando un cierto distanciamiento de Estados Unidos.

¿Cómo afecta la economía colombiana la falta de infraestructura?

Nosotros, en todo este período estuvimos ausentes de ese proceso. Pero lo más grave es que nuestra capacidad para competir en el mercado mundial refleja un atraso extraordinario. Para comenzar, el atributo para el comercio internacional es tener infraestructura y, en eso, Colombia es un país aislado; cualquier cosa que se produce en el interior (Cundinamarca, Boyacá) cuesta más sacarlo desde Bogotá a cualquier puerto (Buenaventura, Barranquilla, Cartagena o Santa Marta). Puede costar incluso el doble de lo que cuesta poner los productos desde esos puertos en los mercados europeos o norteamericanos. Nosotros no tenemos infraestructura, la navegabilidad de nuestros ríos no existe, no tenemos ferrocarriles, entonces tenemos una enorme problemática: no somos competitivos desde el punto de vista económico.

¿Y cómo se dimensionan hoy nuestras relaciones comerciales con China?

Hoy a China, a donde compramos unos 10.000 millones de dólares, solo le exportamos 4.000 millones, tenemos una balanza comercial desfavorable de más de 6.000 millones. Eso no sería grave sino estuviéramos ante un evento: un dólar que esta por encima de los $ 3.500, así que si una exporta más pues muy bueno, pero con unas importaciones más altas pagamos mucho más por lo que compramos. Y con unas materias primas, que llamamos commodities, como petróleo, cobre y el carbón, que están con mercados a la baja, lo que vendemos es más barato y nos compran menos, mientras que lo que compramos es más caro.

¿Qué hacer, entonces?

Lo primero es replantear nuestra política exterior. Es que Colombia ha manejado una relación absurda: estar casados con la economía norteamericana que compite con nosotros mismos. Estados Unidos nos vende hasta maíz y productos agrícolas, bienes del sector agropecuario que nosotros producimos y esa competencia la hacen en condiciones desiguales. Y lo último: estamos ad portas de ser importadores de petróleo de Estados Unidos. Además Estados Unidos quiere que le declaremos la guerra a Venezuela y que peleemos con nuestro vecindario. Uno puede tener la opinión que quiera sobre Maduro y el régimen venezolano, pero en lo que no nos podemos equivocar es que son más de 2.200 kilómetros de frontera donde los problemas de Venezuela se vuelven los nuestros sino sabemos manejar las relaciones comerciales. Un dato final: a Colombia le resultaría más barato comprarle petróleo a Venezuela y hasta establecer gasoductos bilaterales, que el petróleo que estamos produciendo en nuestro país porque allá los costos de operación son más bajos.