El tema que es tan naturalizado y que algunos asumen como un acto inofensivo, tiene consigo implicaciones que pueden atentar en contra de la dignidad especialmente de las mujeres. Para Fernando Velásquez, antropólogo, hay que hacer una diferenciación entre qué es un piropo y qué es el acoso callejero, ya que el primero por definición es un elogio que viene de la concepción de emitir palabras bonitas hacia alguien o algo y en nuestra cultura lo enunciado va en relación con el aspecto físico en este caso de las mujeres. No obstante, el hecho se convierte en algo reprochable en términos de convivencia por la manera en cómo se dice y es allí en donde encontramos el componente acoso.

 

“El piropo se vuelve una expresión más de lo que es el acoso en tanto entendamos que este es un acto de intimidación ejercido por alguien que asume un poder y una dominación sobre el otro”, dijo Velásquez.

 

Así pues, el acto violento del piropo se encuentra en que es una acción que se impone a una persona sin su consentimiento y autorización y se convierte en acoso callejero que está vinculado con prácticas violentas que se ejecutan, principalmente, en contra de las mujeres en el espacio público.

 

“Son comportamientos que aparentemente pueden ser aceptados socialmente, pero denigran y violentan a las personas que los padecen. Consisten en acciones verbales, pero también no verbales (silbidos, gestos, movimientos). Cuando se habla de acoso sexual callejero se indica en las prácticas que violentan de manera objetiva el cuerpo de las mujeres”, manifestó Edisson Orozco Villa, psicólogo y profesor de la Universidad Cooperativa.

 

 

Un acto intimidante

 

El acoso callejero hace parte de una violencia naturalizada, en donde los hombres suponen que con sus enunciados enaltecen la belleza de una mujer. “No solicitamos comentarios,  ni siseo, ni tampoco miradas intimidantes, en algunos casos sobrepasan los límites y nos tocan, porque no sólo se reduce a las agresiones verbales a veces llegan a lo físico, no comprendemos por qué no no nos dejan caminar tranquilas”, indicó María José  Tobar Lasso, integrante de la Ruta Pacífica de las Mujeres.

 

Lastimosamente, esto es un problema que a diario viven las mujeres; muchas caminan por las calles con miedo y temor, lo cual queda en evidencia cuando cambian de acera para evitar pasar cerca a un grupo de hombres.

 

“Tenemos miedo de salir solas a la calle, de subirnos a un vehículo de transporte público y no saber qué va a pasar, temor de ponernos una falda sin esperar un comentario que atente contra esa vestimenta convirtiéndonos en un objeto totalmente hipersexualizado con el tema de las piernas, los senos, las caderas, entre otras partes de nuestro cuerpo”, agregó Tobar.

 

Finalmente, el piropo es un gesto verbal o no verbal que se orienta, la mayoría de las veces, a las mujeres y es una práctica que durante años ha sido aceptada. Sin embargo, en la actualidad es importante reconocer que ciertas prácticas que eran consideradas como inofensivas, como pasa con ciertos chistes, tienen una carga social que resulta violenta para ciertos grupos de personas a los cuales les negaron la palabra.

 

El acoso

Existen variedades de acoso que van desde las más evidentes hasta algunas que son sutiles y que muchas veces no se cuestionan (exigencias económicas, restricción en actividades sociales, maltrato físico). El acoso puede ocurrir en los ámbitos familiares, pero también en las labores y en el espacio público.  Una de las principales características es que se produce una imposición de poder sobre alguien que por características físicas, sociales o culturales no puede responder.

 

La intimidación social hacia la mujer está asociada con situaciones históricas y prácticas culturales muy antiguas. Durante siglos las mujeres han sido ubicadas, al igual que ocurre con los niños, en lugares de dominio y propiedad masculina. Por esta razón, para muchos hombres ha sido natural considerar que tienen el poder para decir y hacer lo que quieren con el cuerpo de las mujeres.

 

“Esto puede ir desde decir un piropo hasta, como hemos visto, matarlas. Sin embargo, las mujeres en la actualidad han logrado transformar estas miradas centradas en la dominación masculina y han permitido pensar en un nuevo lugar de relación. En este sentido los movimientos feministas han servido para enseñar, tanto a hombres como mujeres, la disparidad que existe en las relaciones y la importancia de pensar en la equidad”, dijo el docente de la Universidad Cooperativa.

 

 

¿Cómo actuar frente al acoso?

 

No hay una manera de establecer la forma correcta de actuar frente a este tipo de situaciones, ya que las reacciones siempre son subjetivas. Algunas mujeres pueden hacer caso omiso al piropo, otras pueden tornarse agresivas y responder de manera arbitraria.

 

“Es importante que si estamos en un lugar con flujo constante de personas, hagamos sentir nuestro descontento con el piropo que nos lanzan porque tenemos que evidenciar nuestra incomodidad “, dijo María José  Tobar Lasso, integrante de la Ruta Pacífica de las Mujeres

 

 

Mirada desde quién ‘lanza’ el piropo

 

John James Gómez Gallego,  docente del programa de psicología de la Universidad Católica de Pereira,  explica cómo funciona la mente de quienes enuncian los piropos.

 

“Cada persona tiene ciertas  maneras de personalidad en donde la voluntad no funciona,   por ejemplo, una persona puede tratar de abstenerse de comer para bajar de peso pero hay algo más allá de su voluntad que lo empuja a alimentarse compulsivamente, así pasa con los que enuncian piropos, en donde no depende de un dominio consciente, pero eso no cambia el hecho de que siguen siendo responsables de lo que hacen”, indicó el docente.

 

Para el antropólogo, Fernando Velásquez, es fundamental que los hombres sean empáticos y se pongan en este caso en el cuerpo de las mujeres, pues ellas tienen que soportar todos los días miradas, insinuaciones y hasta contacto físico.

 

 

Dato

El acoso callejero es la violencia más naturalizada que viven a diario las mujeres, pues la sociedad piensa que es normal que a las mujeres se les diga palabras obscenas

 

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