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lunes, febrero 26, 2024

Vientres alquilados

Es tendencia

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Pbro. Diego Augusto Arcila
Columnista

En una tarde de acompañamiento espiritual y consejería, María -nombre ficticio, a quien agradezco que, después de ser escuchada, me permitiera introducir este tema en la presente columna, guardando el sigilo profesional- decía: “he alquilado mi vientre en tres oportunidades, dos han sido exitosos, uno lo perdí; hoy siento que no he hecho bien, me encuentro triste, pienso en mi vida, los bebés que he llevado y que no son míos; igualmente la alegría que llevé a unos padres que no podían o no querían gestar -dos parejas heterosexuales y una homosexual-. Lo hice por dinero y hoy por hoy me siento vacía.
El vientre alquilado o embarazo subrogado, es un acto reproductor que genera el nacimiento de un niño gestado por una mujer sujeta a un pacto o compromiso, mediante el cual debe ceder todos los derechos sobre el recién nacido a favor de otra mujer que figurará como madre. Continúa María: “lo hice impulsada por mis condiciones precarias y pobreza; fui contactada por supuestos “profesionales”, hicieron todo por mí, yo solo después de llenar los requisitos de ley, me dispuse con todas las normas médicas a practicarme el procedimiento. Lo hice por 15 millones”.
El impacto producido hoy por los éxitos de la ciencia embrionaria y de gestación, no pueden deslumbrarnos. Hoy hay algunos que se preguntan cándidamente, ¿qué hay de malo en el intento de obtener una concepción humana de modo distinto al de la unión sexual entre el hombre y la mujer? La procreación sin sexo no es nueva, pero será siempre jugar a ser Dios y Creador, y esto puede estar pasando una costosa factura a la sociedad, a la familia como la institución natural más importante, a la ciencia que quiere “traspasar” los límites de su ética, al derecho que no siempre legisla en consecuencia a la justicia y al bien. Y a María porque hoy se siente parte del intercambio “económico” de una sociedad decadente donde todo se “vende” y se “compra”, aún la vida misma.
María, -pregunté-: ¿crees que después de esto eres feliz? No, respondió, “lo hice como se hacen muchas cosas hoy, sin informarme, por mis condiciones de pobreza, por mi lejanía de Dios. No me justifico, padre, pero creo que el mundo está al revés, sin valores, sin principios, sin el orden natural de la vida; siempre escapando a la realidad, siempre saltando responsabilidades, siempre
obteniendo lo que quiere, aún los hijos, así haya que pagar por ellos”. María, -le respondí-: “Dios te ama profundamente, siente que Él te abraza, no vuelvas atrás, da gracias a Dios por tu vida y las que gestaste -en tu vientre- así no los hayas visto crecer”. Finalmente, María -nombre ficticio y a quien agradezco- afirma que el eje cafetero se ha vuelto centro de esta práctica, dado las necesidades de sus habitantes, -que antes vivían de remesas- y hoy han disminuido; unido a la belleza de sus mujeres, clima cálido y “oportunidades” que tiene la región. Ya desde hace mucho tiempo existen hasta catálogos de las futuras mamás, que, en la mayoría de sus casos, contratan su vientre y se sumergen en una aventura insospechada, dadas las necesidades.

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