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domingo, julio 14, 2024

Una experiencia religiosa

Es tendencia

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Iván Tabares Marín

Columnista

Dediqué más de tres años a estudiar la historia del cristianismo con el propósito de entender el cambio súbito ocurrido después de 1959 en el control de la ideología o la cultura de nuestro país. Trataba de saber por qué y cómo el marxismo había arrebatado a la Iglesia el poder sobre la educación y sobre nuestra forma de pensar después del triunfo de la revolución cubana.  Desde 1881 el Estado había entregado al clero la función de escribir los textos con que éramos adoctrinados. Cambiamos de adoctrinadores cuando llegaron los marxistas.

El texto Confesión de fe crítica (2008), del sacerdote jesuita Alfonso Llano Escobar, empezó a darle coherencia a mis estudios. El sacerdote de 83 años confesaba estar dispuesto a aceptar los cambios de los últimos 30 años en la teología católica. Esos cambios incluían la modificación de doctrinas trascendentales como la resurrección de Jesús y la virginidad de María. Jesús no resucitó; fue exaltado por Dios. La virginidad de María no es un dogma, y puede ser negado, según declaración del mismo papa Benedicto XVI. La expresión “hijo de Dios” es solo una metáfora.

Yuval Noah Harari me enseñó otro punto fundamental: los mitos hacen la historia. Para crear una empresa comercial, un régimen político o una religión es necesario convencer a un grupo grande de personas sobre un mito, un cuento, algo imaginario. Eso vale para el cristianismo, una venta de queratina, el marxismo, el nacionalsocialismo o la democracia.

Me encontré con el filósofo alemán F. Hegel (1770 – 1831) a través de la lectura que de él hizo Alexandre Kojève. Aprendí la conexión que existe entre religión y política, y cómo la Iglesia católica se enclaustró cuando vio amenazado su poder por la Reforma protestante y no aceptó el reto de Martín Lutero para modernizarse. Se dedicó a incinerar libros y herejes, pero no pudo salir de su corrupción milenaria. La Reforma nos trajo la democracia, la nueva versión del evangelio de la igualdad de todos los seres humanos y de la compasión.

Los pensadores del siglo XX complementaron los planteamientos de Harari y Hegel: una sociedad (la estructura mental o la ideología que la fundamenta y le da vida) es imposible si no se centra en un mito. Estamos condenados a vivir motivados por mitos en un mundo que es solo virtual o simbólico.  El sacerdote John Dominic Crossan me presentó a Jesús histórico, resumido en el 32 por ciento de las palabras atribuidas a él por los evangelios. El Cristo de la iglesia católica es el gnóstico o esotérico inventado por Pablo y los evangelios que fundaron el antisemitismo.

El toque final a la investigación sobre mi experiencia religiosa la encontré en la teología de un pastor protestante, Rudolf Bultmann, discípulo de Martín Heidegger. Bultmann buscaba desmitificar los evangelios como la mejor forma de encontrar a Jesús histórico, el único aceptable para todo hombre y mujer de buena voluntad. Feliz Navidad.

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