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jueves, junio 20, 2024

UNA ESCUELA DE PAZ

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Por: Neverg Londoño Arias

La paz es ese anhelado estado de tranquilidad resultante del equilibrio y la estabilidad. En los seres humanos representa la felicidad, y en las sociedades organizadas la ausencia de conflictos y el cumplimiento de convenios para la conservación de ambientes de tolerancia consecuentes con el respeto por la vida. Considerada como una de las mayores utopías de la historia humana, la irenología la estudia en todas sus variables y las viejas tradiciones de pueblos tanto pacíficos como violentos la convierten en el buen deseo hacia el otro en el saludo, la oración y el rito.

Por su lado, la violencia es el fruto de deseos de poder, insatisfacciones, desajustes emocionales, odios, marginalidad, desigualdades, inconformidades, resentimientos históricos, injusticias y venganzas.  Panorama de negaciones que tiende a generar “un gran estancamiento” y de alguna manera la necesidad de encontrar espacios de paz que “transformen pacíficamente los conflictos”. 

Colombia ha vivido la violencia a lo largo y ancho de su historia. Los grandes conflictos son producto de la desigualdad social, la posesión de la tierra y la rebatiña por el poder político. La paz como condición de desarrollo integral ha sido buscada y negociada en largas jornadas en las cuales cada una de las partes defiende sus intereses: “La paz mas desventajosa es mejor que la guerra más justa” (Erasmo).  

La paz también se aprende. Así lo viene demostrando “La Cátedra de la Paz” que lidera el Departamento de Humanidades de la Universidad Tecnológica de Pereira: “proyecto académico, escenario de formación política en el marco de la comprensión de los conflictos, el juego de memorias y la emergencia de la verdad”.  La Escuela de Paz del Eje Cafetero con diez años de trabajo incansable, ha tratado de construir respuestas en espacios académicos a un conflicto persistente “que necesita ser pensado desde las dinámicas del odio”, las movilizaciones inconclusas y los reclamos sociales atenuados y llevados al olvido por el sesgo que imponen las promesas de falsos redentores. 

La oferta académica ha sido dirigida “a personas con capacidad de incidencia social y política”: comunidad educativa, fuerzas armadas, funcionarios públicos, empresarios, comunidades étnicas, víctimas del conflicto armado, líderes y lideresas de movimientos políticos y de derechos humanos, custodios de semillas y funcionarios públicos”.  El propósito: “Configurar un escenario de diálogos académicos y políticos que le apuesten a la formación de una nueva ciudadanía comprometida con la construcción de la paz…” 

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