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sábado, mayo 18, 2024

Un voto consciente

Es tendencia

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Andrés García

Columnista

En tan solo cinco días, nuestro país elegirá su clase parlamentaria. No es cualquier cita. Es el preámbulo del futuro. Es el prólogo de un libro escrito para 45 millones de lectores-protagonistas. Es el portal que nos conducirá hacia un sendero de más oportunidades para todos o, por el contrario, el paso en falso hacia el despeñadero que arrojaría a la nación a las profundidades del abismo de la ineficiencia, la corrupción, el atraso y la injusticia. Depende del voto consciente.

En nuestras manos tenemos la mejor y más poderosa herramienta que la democracia nos puede ofrecer. El voto es mucho más que el simple hecho de acercarse a una mesa de votación, solicitar los tarjetones, marcarlos y depositar en una urna el sufragio. Es la oportunidad para decidir sobre el presente y futuro de Colombia y sus territorios. Es la oportunidad de planificar el camino a seguir. Es la fase previa a las elecciones presidenciales del mes de mayo y, por tanto, la pieza que integrará el rompecabezas a armar durante el próximo cuatrienio.

En calidad de servidor público no me corresponde ni debo expresar una posición política sobre el particular, aunque claramente como constituyente primario se me otorga el derecho a elegir, para lo cual ya tengo identificada mi fórmula a Cámara y Senado. No hablaré de candidatos (as) y menos de colectividades. He estudiado cada una de las apuestas que me interesa respaldar en calidad de ciudadano colombiano, para posteriormente hacer el debido seguimiento a quienes resulten electos y demandar resultados. Finalmente es con el dinero de nuestros impuestos que la clase parlamentaria opera. Los ciudadanos somos la Junta Directiva de ambas cámaras. El tema es que muchos o no lo saben o lo olvidan.

En círculos de confianza he dicho que creo más en las personas que en los movimientos. Para mí el liderazgo no se ejerce en cumplimento a los estatutos y principios de un partido. Incluso, algunos de estos van en contravía al deber ser del líder. Un verdadero líder no se mide por el número de likes ni por los K de seguidores que tenga, aunque las elecciones se ganen con números de votos a favor. Al líder al que hago alusión no lo hace la maquinaria, como tampoco es quien más sale en fotos, pancartas ni repartiendo abrazos.

El líder, y me excusan las damas por hablar en masculino pero así es nuestro lenguaje patriarcal, pero preciso que me refiero a ellos y a ellas, es quien antepone los intereses de los demás por encima de los propios y cuya estatura ética y vocación de servicio es proporcional a las necesidades del ciudadano de a pie. No creo en parlamentarios que vuelan en primera clase. Creo en quienes desgastan sus suelas recorriendo caminos polvorientos, hablando menos de sí mismos y trabajando más con la gente, por la gente y para la gente. ¡Por ellos yo voto!

(Las opiniones aquí expresadas no comprometen a la RAP Eje Cafetero, entidad de la que soy su Director de Comunicaciones).

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