María Irma Noreña
Después del terremoto, nuestra región enfrenta el desafío de recuperar sus hogares y volver a poner en marcha su economía. Para muchas familias, reconstruir significa tener nuevamente un techo seguro, pero también recuperar el trabajo y los ingresos que les permiten salir adelante.
Por eso valoro la expedición del Decreto 1261 de 2026, mediante el cual el Gobierno Nacional declaró el Estado de Emergencia Económica, Social y Ecológica. Es una decisión necesaria y un buen punto de partida para movilizar recursos y adoptar medidas extraordinarias en favor de los territorios afectados.
El decreto plantea apoyos temporales para proteger los empleos de las micro y pequeñas empresas, transferencias económicas para trabajadores independientes damnificados y herramientas financieras para emprendedores, como periodos de gracia, garantías y tasas subsidiadas. En vivienda, abre la posibilidad de flexibilizar los subsidios y facilitar arriendos temporales para las familias que perdieron o debieron abandonar sus hogares.
Estas medidas pueden ayudar a que una comerciante recupere su mercancía, un emprendedor repare su local, una pequeña empresa conserve sus trabajadores, un independiente vuelva a generar ingresos y una familia encuentre un lugar digno mientras reconstruye su vivienda.
Sin embargo, un decreto no levanta por sí solo la puerta de un negocio ni devuelve a una familia a su hogar.
Su verdadero valor dependerá de que las medidas se desarrollen con recursos suficientes, requisitos sencillos, información clara y una ejecución cercana a los territorios. El Decreto 1261 es el punto de partida, no el punto de llegada.
Como senadora de la República, acompañaré este proceso con decisión.
Haré seguimiento a cada decreto que desarrolle estas ayudas, ejerceré control político para que los anuncios se conviertan en resultados y defenderé los recursos que necesitan el Eje Cafetero, Chocó y Valle del Cauca. También promoveré la articulación entre el Gobierno Nacional, los mandatarios locales, los empresarios y las organizaciones sociales.
Esta reconstrucción debe permitirnos recuperar lo perdido y construir una región más segura, preparada y productiva. Cada negocio que vuelve a abrir protege empleos; cada trabajador independiente que recupera su actividad sostiene una familia; y cada vivienda reconstruida devuelve tranquilidad y esperanza.
Con la ayuda de Dios, la fuerza de nuestra gente y el compromiso de las instituciones, volveremos a crecer. Desde el Senado seguiré trabajando para que este buen punto de partida se convierta en oportunidades reales y en un nuevo futuro para nuestras familias.
