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sábado, junio 22, 2024

Un menú familiar

Es tendencia

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Héctor Tabares Vásquez
Columnista

A manera de escape de un presente electoral, lleno de incoherencias. Es, desde luego, salir en la búsqueda de competentes restaurantes y de una cena agradable, donde uno pueda catar y degustar a su amaño, poseer el encanto y la amenidad de una escogencia grata al espíritu. Afirmarse lo contrario o ignorar esa realidad, es ocultar la existencia numerosa y de gran calidad de los múltiples centros enclavados en locales dotados de las más exigentes necesidades y apremios. Todo es válido en esta materia y ya no son demasiado vistosos los estereotipos encaminados a trazar una línea inalterable en cuestiones atinentes a ciertos y determinados platos, obligatoriamente acompañados de bebidas especiales y supuestamente, a tono y en armònia a la clase de manjar del momento. Decir otra cosa, implicaría desatender la mayoría de los eventos constantes y en boga orientados a promulgar o promocionar cocinas de todos los matices, en órdenes nacionales y extranjeros, pululando en las redes sociales, canales de televisión y en internet.

Igualmente, incurriese en el error propio y en una flagrante contradicción, en lo personal y también es recurrente en el acontecer, de frecuentar sitios de evidente consistencia en ese plan y de alguna reconocida fama en el medio. Empero, no es posible desconocer otros hechos y fenómenos alrededor del tema en mención, los cuales nos llevan a conclusiones exiguamente ortodoxas y comunes. Empezamos por el origen, la formaciòn, la instrucción y educación, incorporando en ellas el grado de cultura, la posición, el sector y los recursos económicos, incidentes notoriamente en la elección de unos sabores y de una culinaria personalizada. Apreciación aislada o bastante individualizada en el cometido de sostener, como vivencia y experiencia en el asunto, de haberse amoldado, de tal talante y solidez a una tipo de nutrición, que suena raro y extraño, convencerse de no estar muy preparado y contemplar un campo abonado hacia especies diferentes.

Lo expresa el mito urbano y la filosofía popular “A uno, como lo levantaron”. Y de aquí se desprenden tantos comentarios, dichos y apuntes, cuantas tendencias logren darse en el mundo y en un horizonte tan vasto y extenso. De ahí entonces nace la certeza de volver a una costumbre sana, saludable e inmodificable, de constituir en últimas la ración casera, el favorito innegable y continuar con el razonero populachero de “No hay como la comidita de la casa”, no obstante ripostarse “Pero es muy bueno de vez en cuando, en la calle”. Lo discutible de todo este escrito pseudo gastronómico, es la seguridad y la persuasión de habituar a nuestro organismo y en particular las papilas gustativas, lo singular del metabolismo, a unas apetitosas viandas en las cuales aparecen incluidas la bandeja paisa, el sancocho en todas sus variedades.

En otras palabras, debe contener yuca, plátano, fríjoles, arroz y carnes rojas o blancas. Y si fuera poco, las infaltables arepas, seguidas de cualquier otro condimento. En fin, lo principalmente acogido en el ambiente actual, es la diversidad, la fusión, los aditamentos y la introducción de una serie de cartas salpicadas de combinaciones regionales, ecuménicas, universales, propiciando una excelente mesa, la facilidad de tomar una decisión al instante de ir en el programa correspondiente, situación normal y corriente en el entorno. Pese a todo, sin lugar a dudas, además ante la acometida de la modernidad, el imperativo de obrar acorde al estilo contemporáneo, es provechoso recordar el modo de comportarse en una época caracterizada en el orden y la disciplina, teniendo a la mano la llamada de atención de no asimilar nada entre comidas.

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