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miércoles, abril 17, 2024

Un dilema de largo plazo, pero que pereza pensar en eso

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Julián Cárdenas Correa

Columnista

Creo que todos tenemos claro que le tenemos pereza al largo plazo. Es más, muchos no quieren preguntarse qué es largo plazo. Si miramos en retrospectiva, hace poco estábamos esperando el cambio de milenio, y ya vamos por la tercer década de este siglo.

Pensar en lo que pasará en treinta años, o incluso diez años, sabiendo que no sabemos cómo cerrará la inflación en 2022, luce como paranoico; máxime cuando apenas estamos saliendo de una pandemia que nos amenazó a todos (Y que nos puso a tratar de o querer vivir como nunca el “hoy”). La preocupación normal y generalizada es cuánto costará un kilo de papa la próxima quincena, quiénes serán los próximos ministros de Gustavo Petro y… así luzca ridículo… cómo será el desenlace del matrimonio Shakira y Piqué.

Pero así nos interese más conocer el nombre de la amante del jugador del Barcelona, hay situaciones complejas respecto a las cuales podemos referirnos como de esas que “nos suben pierna arriba” (Y de las que ya hemos escrito en este espacio de manera reiterada).

La preocupación por el crecimiento poblacional, o mejor, el decrecimiento poblacional que, como todo el mundo, experimentará Colombia dentro de poco (unos 25 años según todos los modelos); luce como algo reservado sólo para expertos. Pero creo que no debe ser así, es más, muchos líderes destacados, tanto a nivel empresarial como político y social, ya se muestran preocupados.

Si uno asume que las personas entre 30 y 49 años son los principales compradores de viviendas y vehículos, por citar un par de ejemplos respecto a bienes que se demandan, es de esperar que, como cada vez serán menos personas, pues cada vez habrá más presión para poder llegar a vender lo que hoy vendemos.

¿Quién compra, por ejemplo, casas con piscinas? Podemos especular que personas con hijos pequeños o con expectativa de tenerlos. Si los nacimientos son cada vez menores, ¿en qué momento tendrán que cambiar las constructoras su estrategia y pasar a construir viviendas unipersonales? O, ¿qué pasará con los colegios y universidades? ¿En qué punto dejarán de ser viables algunos de ellos por la caída dramática de los nacimientos?

Una ligera navegación por sitios como Population Pyramid, nos deja fríos. Y muy fríos cuando vemos cómo caerá la población en nuestro país a partir de escasos 25 años, pero también cómo ya (2022) no queda nada de aquello a lo que nos referíamos como “piramide poblacional”.

Incentivar el que las parejas jóvenes tengan hijos, es fácil decirlo, pero casi imposible lograrlo. Por esto no debe resultar imposible imaginarnos lo que empezará a pasar en cuestión de unos pocos años (diez años por ejemplo son eso, pocos años); con muchas actividades económicas y evidentemente, con la marcha de nuestra economía.

Desafíos descomunales que están siendo, o aplazados, o desconocidos; pero en todo caso no están siendo enfrentados. Así como “acabamos” de ver pasar  en Y2K, “pronto” veremos cómo esta realidad nos atropella.

En resumen es bueno, de vez en cuando, preguntarnos cómo serán muchas cosas en un par de décadas y cómo eso afectará a nuestra economía, nuestras empresas, nuestras ciudades… nuestras familias y a nuestros hijos.

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