Un “Bendito menor” no aparece de la nada

Crhistian Londoño Orrego

“Instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo no se apartará de él”. — Proverbios 22:6

La muerte de Naín Andrés Pérez Toncel, alias “Bendito Menor”, puede presentarse como un golpe contundente contra el crimen organizado, y lo es, pero sería cómodo cerrar la historia ahí.

No podemos normalizar que un joven de apenas 26 años, comandara una estructura criminal y exhibiera en redes armas, motocicletas, dinero y una vida construida alrededor del poder, para muchos jóvenes que están creciendo en entornos de violencia cotidiana, ese mundo puede parecer no solo posible, sino deseable.

Y aquí es necesario hacer una pregunta incómoda: ¿en qué momento perdimos a ese muchacho?. No se trata de justificar sus conductas, las víctimas existen, el dolor y la responsabilidad también, pero una sociedad inteligente, no debería limitarse a eliminar al delincuente que llegó a la cima criminal, debe preguntarse qué ocurrió antes para que un joven encontrara en las armas, el dinero ilegal y el poder criminal como un  proyecto de vida.

Mientras discutimos sobre seguridad, niños crecen sin otros referentes que los de la calle; jóvenes ven el dinero rápido más atractivo que años de estudio; muchachos aprenden que un arma genera respeto y la violencia, poder, mientras que los funcionarios de escritorio, alejados de esa realidad, diseñan políticas públicas de juventud para talleres, incentivos y actividades, pero ¿Estamos ofreciendo alternativas de vida?

El arte, la cultura, el deporte, la educación y el emprendimiento no pueden ser actividades para llenar el tiempo libre, Tienen que convertirse en proyectos de vida, respaldados con inversión, formación, oportunidades y acompañamiento permanente.

Porque mientras el crimen ofrece identidad, pertenencia, dinero y poder, el Estado debe ser capaz de ofrecer algo mejor, la muerte de “Bendito Menor” puede cerrar una vida criminal, pero jamas el problema, porque existen hombres que estuvieron en ese mismo abismo y hoy son ciudadanos, padres, esposos y trabajadores, porque alguien llegó a tiempo para mostrarles que su vida podía ser otra.

La pregunta urgente es ¿Cuántos niños están creciendo hoy esperando convertirse en el próximo “Bendito Menor”?

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