Neverg Londoño Arias
Va pasando septiembre envuelto en ese extraño halo de nostalgia que provoca el recuerdo de una ciudad trastrocada; pero la marca de su eterno renacer obliga a sanar las heridas, levantar los muros, redecorar las viviendas y reconstruir el fuego del hogar para mostrarse nuevamente altiva. Atrás ha quedado ese brusco remezón que conmovió los cimientos del alma en el pueblito apacible, un lunes de agosto, cuando se esperaba empezar una semana tranquila en esa fusión de trabajo y progreso, estudio y academia, vida que se nos regala y esperanza que alienta a lograr ser mejores.
Fue un instante en el cual todo cambió y fuimos obligados a aceptar lo efímero de todas las cosas; qué en una mínima fracción del tiempo de los relojes, todo puede volverse recuerdo: la callecita de la infancia, la casa de los abuelos, la vivienda de los humildes y los suntuosos palacios de los poderosos, la familia en el hogar compartido, los ahorros de toda una vida de restricciones e ilusiones, los sueños frustrados, la fábrica colapsada y la oficina en ruinas; lugares de trabajo en escombros, un patrón desesperado en el “¿ahora qué vamos a hacer?”, el caótico paisaje urbano que muestra otra estampa y que talvez es una invitación a cambiar; y la solución pronta que se debe buscar con esa fe en sí mismos que derrota imposibles.
Septiembre dedicado al amor, ahora tiene que ser ciudad; parque; amor, cooperación, solidaridad, acompañamiento y amistad; familia, amigo, amiga y vecino. La mano que da y recibe, la mirada que agradece, el mensaje que alienta, la oración que clama al cielo por una bendición en medio de la dificultad. Septiembre es la nostalgia del camino, y aún, lo que pudo ser y no fue.
Amor y amistad son el abrazo al solidario, al profesional que se entrega a ayudar a otros, al que ofrece un poco de comida y al que en sus reducidos espacios aloja a los sin techo. Entregar algo de sí en momentos de dificultad es un acto de amor que recordarán siempre los que una vez creyeron que la divinidad nunca los había abandonado.
El ciudadano de a pie, desconfiado de los promeseros de púlpito y curul, ora para obtener un poco de benevolencia en esta nueva oportunidad para reiniciar el futuro y sin esperar ayudas mal repartidas, con el alma de la tierra en las manos emprende la reconstrucción de su ciudad palmo a palmo, piedra a piedra, “verso a verso”.
