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martes, junio 25, 2024

Transición energética, necesidad, negocio, utopía

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Por: @DuberneyGalvis

“Transición energética, necesidad, negocio, utopía” (2024); un libro oportuno para un tema del que se habla mucho, pero se estudia poco; profundiza en la economía política que supedita la cuestión de la energía en el mundo y en Colombia. Mediante el método catequético que emplea preguntas cuyas respuestas llevan al lector a la pregunta siguiente, los autores postulan que todo cambio energético está asociado a una geopolítica determinada “…que favorece los intereses de unos grupos y sectores económicos y tienen la peculiaridad de cargar los costos sobre otros”. Lo desmenuzan así en tres capítulos: La “necesidad” de la transición energética, la transición energética como negocio y la transición energética total es una utopía.

De resaltar, el enfoque disruptivo apartado de discursos tremendistas ligados a vertientes extremistas del ecologismo contemporáneo no pocas veces influidas por el neomalthusianismo.

Algunos apuntes de su reseña: «los pronósticos más elaborados indican es casi imposible cumplir la meta del Acuerdo de París: evitar que la temperatura media mundial incremente por encima de 2 grados centígrados con respecto a los niveles preindustriales. Lo más sensato para países como Colombia es priorizar acciones de adaptación, como prácticas agroforestales, gestión de tierras de cultivo y eficiencia en sistemas ganaderos que nos preparen para el inminente calentamiento (pp.54-55). Sin embargo, lo priorizado por los gobiernos del llamado tercer mundo, contrario a toda lógica, son los grandes proyectos de la transición energética (una de tantas opciones de mitigación para evitar el calentamiento del globo) cuyas tasas de retorno resultan promisorias para el gran capital.

Como ejemplo, tres grandes proyectos ligados a la transición energética: los parques solares de Ecopetrol, en los que la empresa estatal renuncia a un proyecto propio para asignarle a la transnacional norteamericana AES un jugoso contrato para la provisión de energía durante 15 años (p.114); los parques eólicos de la Guajira, colmados de incentivos tributarios a multinacionales, e incluso aceleran las consultas previas a fin de que las comunidades de la zona no “entorpezcan” los proyectos (pp-114-115), y la producción y exportación de hidrógeno verde, con los que la alemana Siemens y el instituto Fraunhofer se hacen a la parte más rentable del negocio (p.118). Así, “…el modelo que se está esbozando es uno donde Colombia aporta, como ha sido siempre en la historia del país, los recursos naturales básicos, viento y agua, al proceso de manufactura en que la propiedad intelectual de la tecnología permite a quienes la monopolizan captar las mayores rentas fruto del valor agregado.” (p.119).»

Y concluyen, cumplir el Acuerdo de París sería posible si a nivel global primara la cooperación entre países, acción no factible en los tiempos del capitalismo financiero en que unos pocos países imponen a otros su voluntad, mediante demagogia o fuerza. 

Contamos entonces con una sólida obra de dos profesores universitarios, Juan Antonio Escobar y Aurelio Suárez, ligados a la academia y las causas medioambientales de la nación; y en el ámbito local, a la historia de la facultad de Ciencias Ambientales de la Universidad Tecnológica de Pereira.

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