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miércoles, junio 19, 2024

Toros y ética

Es tendencia

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Aunque  el congreso ha aprobado una ley que prohibe las corridas de toros  algunos estoicos pensamos que sería fructífero continuar debatiendo sobre otros aspectos implícitos en esa actividad. Como el siguiente: ¿Desde el punto de vista de la ética (o ciencia de la conducta), una mente formada en los principios que informan el siglo XXI debería repudiar semejante práctica?
El asunto parece resuelto para la gran mayoría de los católicos, pues el número 2415 de la última versión del “Catecismo” acepta que los animales sean utilizados con fines alimenticios o para experimentos científicos que contribuyan a salvar o mejorar vidas humana: pero también condena cualquier acto que tenga por fin hacerlos sufrir “sin necesidad”.
Algunos intelectuales “de izquierda”, como Antonio Caballero y el sociólogo Alfredo Molano se declararon por el bando “torista”. Pero tales actitudes no son muy compartidas en esa tendencia política: recordemos que durante la guerra civil española, los republicanos prohibieron esa “fiesta nacional”. A pesar de ello, ya en pleno régimen franquista dos curtidos luchadores “zurdos”, Picasso y Hemingway, expresaron su personalísimo gusto por semejante práctica.
Hoy, la discusión ética es liderada por el filósofo Peter Singer, quien, en su obra “Liberación Animal” sostiene que la dignidad del ser humano debe hallarse en su racionalidad. Pero ocurre que esta no sería patrimonio exclusivo de nuestra especie: se extiende a otros seres, no humanos, pues el elemento unificador del cosmos radica en el hecho de “tener vida” y no solo en poseer racionalidad. Esto implica tomar distancia de ciertos enfoques filosóficos centrados en el hombre (antropocentrismo).
Singer aduce que hemos detectado muchísimos signos de racionalidad en los animales. Incluyendo su elevada capacidad de aprender y de expresar afectos que parecían exclusivamente humanos como el amor ¡Y hasta el desamor! Pero ocurre además que la racionalidad no caracteriza por completo a la condición humana: si así fuera, asuntos como la guerra, la pobreza, la explotación y el terrorismo ¡No existirían o serían excepcionales!
En el siglo XXI no cabe ya el  “arte” de hacer sentir dolor a los toros: el imperativo fundamental de la ética actual consiste en reducir el sufrimiento ajeno, sea humano o animal. Según Singer “Si un ser sufre…no puede haber justificación moral alguna para negarse a tener en cuenta su sufrimiento”.

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