María Irma Noreña
El Eje Cafetero necesita que Colombia vuelva. Que regrese a recorrer sus parques, disfrutar sus termales, visitar sus pueblos y comprar los productos de su gente. Después del terremoto, atraer visitantes se ha convertido en una necesidad para recuperar empleos e ingresos en Risaralda, Caldas y Quindío.
Sin embargo, hoy existe una barrera que está frenando esa recuperación: el alto costo de los tiquetes aéreos.
Volar de Bogotá a Pereira y regresar puede costar más de $1.100.000, mientras un viaje a Cartagena puede encontrarse alrededor de los $870.000. Aunque el ejemplo corresponde a Pereira, el impacto alcanza a todo el Eje Cafetero, porque nuestros departamentos comparten visitantes, rutas turísticas, comercio y oportunidades de trabajo.
Cuando una persona deja de viajar por el precio de un tiquete, pierde toda la región. Pierde el hotel que tiene habitaciones vacías, el restaurante que compra menos productos, el artesano que no vende, el guía turístico que se queda sin recorrido y la mujer emprendedora que depende de cada visitante para sostener a su familia.
Por eso he pedido una acción conjunta del Gobierno Nacional, las autoridades del transporte y las aerolíneas para facilitar tarifas más competitivas, ampliar las frecuencias y fortalecer la conectividad aérea del Eje Cafetero. También necesitamos una vigilancia efectiva que proteja a los viajeros frente a incrementos desproporcionados.
Esta coyuntura debe llevarnos a una conversación más grande. Caldas, Quindío y Risaralda pueden consolidarse como un solo gran destino, con paquetes y rutas que permitan conocer en un mismo viaje la riqueza natural, cultural, gastronómica y productiva de los tres departamentos. Competir unidos nos permitirá atraer más visitantes nacionales e internacionales.
Además, una mejor conectividad acercará al Eje Cafetero con el Valle del Cauca y el Chocó, fortalecerá nuestra salida hacia el Pacífico y abrirá oportunidades para la inversión, el comercio y las exportaciones. Cada nueva ruta puede convertirse en un puente para que nuestros productos lleguen más lejos y nuestras familias tengan más ingresos.
El Eje Cafetero no está pidiendo privilegios. Está pidiendo condiciones justas para levantarse, producir y seguir aportándole al país.
Desde el Senado continuaré liderando esta agenda para que viajar a nuestra región sea posible y para que el Eje Cafetero se consolide como el corazón productivo de Colombia. Volver al Eje Cafetero también es ayudar a reconstruirlo.
(*) Senadora de la República.
