Víctor Zuluaga Gómez
Mucho hemos avanzado, pero aún falta camino por recorrer. Esta es una de las conclusiones de los análisis que la antropóloga Rita Laura Segato hace en relación con la persistencia de un predominio de la masculinidad, del machismo, que ha tenido presencia desde siempre en los humanos y que continúa presente con mayor o menor intensidad entre todos los grupos humanos.
Al respecto dice: “Se podría decir que el mandato de masculinidad, al modo de las exigencias perversas de un superyó, es el mecanismo principal que anima y alimenta el patriarcado. Así, violencia y patriarcado son dos impulsos que cabalgan juntos, se explican, se confunden y se apoyan mutuamente”.
Es bueno recordar que el origen de términos como “patrimonio”, “patriarcado”, “Patre”, se da en Roma y que la esposa y los hijos y animales domésticos pertenecían al “Patre”, Las mujeres no tenían ninguna posibilidad de decidir, de opinar e incluso se les tenía un lugar especial en donde deberían permanecer cuando no estaban desarrollando ninguna labor doméstica.
En el caso concreto de Colombia, a lo largo del siglo XIX y gran parte del XX, el único oficio que podía desempeñar una mujer adulta era el de profesora, siempre y cuando no estuviera casada, porque en este caso debería estar de tiempo completo en su casa, como “reina del hogar” que realizaba todos los oficios.
Pero la antropóloga Sagato hace alusión a un aspecto bien interesante cuando afirma: “Las mujeres, a diferencia de los hombres, se compadecen con el dolor del otro, ellas pueden hablar de su sufrimiento, de su falta. A los hombres se les ha de enseñar a no ser vulnerables o frágiles, por lo cual les queda difícil reconocer su precariedad. Es por esto mismo que los hombres son los primeros que deben abandonar el yugo masculino y romper con la lógica de la confradía de machos”.
Quienes a esta altura peinamos canas recordamos que no podíamos llorar porque eso era propio a niñas, de mujeres, que por naturaleza era frágiles. Y cuando alguien mostraba signos de debilidad, de inmediato se le decía que, si era una niña, u un término muy utilizado en aquella época, como el de “marica”. El macho, el hombre, no puede mostrar signos de debilidad. Entonces entendemos la razón por la cual el tigre el león y el jaguar se convierten en seres dignos de imitar.
