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jueves, abril 25, 2024

¿Tienen futuro las religiones? Segunda parte

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¿Ante un contexto de incertidumbre sobre el futuro, tienen las religiones un lenguaje de esperanza y de confianza, para que el hombre, pueda afirmarse en certezas como el amor de Dios, frente a un mundo que, afirma cada vez más al sujeto como la única fuente de sentido humano?

Hoy desde la fenomenología, que intenta explicar los fenómenos en términos de objetos externos del sujeto, el hecho religioso es presentado como algo que pertenece a la misma experiencia humana, fenómeno que puede ser estudiado en todas las culturas, desvelando sus particularidades y sus características universales.

La aparición de nuevos movimientos religiosos no es un fenómeno gratuito, sino que va muy unido a la situación de zozobra y de espera que se halla en nuestra cultura. La vida sociopolítica y religiosa tiene sus propios indicadores para señalar el «malestar» de ambas en un momento de crisis.

En el caso de la religión, no sabemos a ciencia cierta si tales movimientos modernos están señalando el fin de una época de secularización y el inicio de un reencantamiento del mundo, o bien se trata de un fenómeno pasajero.

Muchos de los que se declaran creyentes, su experiencia religiosa es un sentimiento de pertenencia heredado, con el que mantienen compromisos no comprometedores. Viven lo religioso sin apenas referencias a lo doctrinal; diluyen la trascendencia divina en los avatares cotidianos para poder disponer de ella, cuando surja la necesidad, centrando su salvación en la consecución de un estado interior equilibrado y seguro. Todo lo que contribuya a mantener vivo el sentido espiritual del hombre es positivo.

En otro aspecto no hay razón para pensar que la pluralidad de religiones sea un mal; ello indica el carácter misterioso de Dios, que está más allá de nuestras formulas humanas. Aunque hoy el proselitismo, atente contra la esencia misma de la religión, el anunciar la verdad, que uno cree y que como tal debe ser conocida, con la única intención de ayudar al otro a descubrir una dimensión imprescindible para la plena realización de la persona humana, no debe ser objetable.

Hoy no hay algo que sea un mejor signo de veracidad que el deseo que se tenga para dialogar, con otras propuestas religiosas, dentro de ese pluralismo religioso, donde los dialogantes estén siempre asistidos por un profundo deseo de verdad. ¿El cristianismo tiene futuro?

Continuará…

Padre Pacho

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