Territorio de bienvenidas

PADRE DIEGO ARCILA

La frase no es mía: «territorio de bienvenidas». La escuché esta semana en una entrevista que el columnista Luis García Quiroga concedió a un importante medio del país, en la quehacía referencia a Pereira, defendía el derecho a la libre expresión y condenaba con vehemencia las amenazas contra una periodista, colega de nuestra tierra. La expresión «territorio de bienvenidas» evoca la forma de ser de los pereiranos: su idiosincrasia, su cosmovisión (forma de ver la vida), su empuje, su honradez y sus ganas de salir adelante, aun en las peores circunstancias. De ahí que también recordara aquello de que aquí «nadie es forastero, todos somos pereiranos». De hecho, aquí cabemos todos: costeños, pastusos, bogotanos, boyacenses, nortesantandereanos, todos, sin excepción. Esa apertura no es un simple eslogan, sino una práctica cotidiana que se refleja en la manera como recibimos a quienes llegan buscando una oportunidad. Pereira es emprendedora y lleva en su ADN una corriente «sanguínea» que rompe toda
clasificación, excepción o limitante. En ereira todos cabemos. El maestro Luis Carlos
González la llamó «trasnochadora, querendona y morena», como lo son sus bellas mujeres,
llenas de talento, bondad y profesionalismo. A Pereira nada le ha quedado grande. Se le llama «Perla del Otún» porque la baña un río que es nuestro y atraviesa el corazón de la
ciudad: perla fina y de gran valor. Pereira es tan famosa que, cuando alguien no logra sus objetivos, se le dice: «Así no vamos a llegar a ningún Pereira». Cuando alguien toca o es tocado en el corazón por Pereira, se queda, se amaña y aquí se muere, porque morir en Pereira también es placentero. Quien la conoce de verdad sabe que aquí el desconocido pronto se convierte en vecino, y el vecino, en familia. Lo que hemos visto durante este mes y medio de tragedia por el terremoto lo confirma:
miles y miles de manos removiendo escombros; gobernantes e instituciones con la camisa «remangada», haciendo lo que les toca, servir. Ollas comunitarias, albergues, toneladas de comida repartidas; lágrimas y más lágrimas que cicatrizan y dan impulso. Eso es lo que hoy debemos valorar. Esa solidaridad espontánea, sin distinción de origen, credo o condición social, demuestra que la hospitalidad pereirana sigue intacta. Cinco mil personas reunidas en la plaza de Bolívar para escuchar a un sacerdote que consuela en nombre de Cristo, foros de proyección y planeación con expertos, y un intendente de la Policía Nacional, Yeferson Montaño, «el policía salsero», que conmovió en redes con un gesto hacia un cantante callejero en Pereira, nos llenan de fuerza y valentía en los mome tos más difíciles de nuestra ciudad. Sí querido periodista Luis García Quiroga: Pereira es «territorio de bienvenidas», y pronto tendremos una «sala más gra de» para que todos, absolutamente todos, se sientan en casa.

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