HÉCTOR TABARES VÁSQUEZ
Recién pasada la jornada electoral dentro de cuya entraña estaba inmersa aceptable mayoría de la población, empezó la temporada del deporte mundial, ocupando la buena cantidad de personas en el ambiente, combinando los gustos y las preferencias hacia la política y el juego entre países de alguna porción del planeta, los de Europa, Asia, África, en particular. En ambos frentes ha sido evidente la radicalización de los amantes del balompié o la consigna ideológica. No falta sino agregar a lo expresado, un evento o algo similar, para completar ese marco de polarización en la cual se vienen convirtiendo las ideas, los credos y las inclinaciones respecto de una u otra bandera o partido. Es un fragmento de la anualidad donde la preocupación en general tuvo, a manera de escenario, la serie de acciones en cuyo seno existió suficiente inquietud alrededor de cuestiones atinentes a la vida, la sociedad, el desarrollo y la economía, de un modo genérico y desde luego, normal en el proceso lógico de comunidad de las características nuestras. Lo considerablemente notorio en el transcurso de tales episodios, en lo referente a la trascendencia e importancia de los certámenes en comento, fue la carencia de interés de naturaleza especial, del elemento humano, integral, en su dimensión, a través de la gama de necesidades, tribulaciones, promesas de hondo calado, de graves desenlaces en la ausencia de intentar proveerlo de lo primario, de lo elemental. Ad látere, así mismo observándose otro fenómeno tan curioso e incidente en el medio, de la magnitud de los anteriores sucesos, como lo es el humo vendido y regado en los dos acontecimientos. Un derroche de demagogia, intereses financieros, partidistas, bajo la égida de programación, de raigambre eminentemente mercantilista. No es fácil disimular los efectos y la realidad de unas actuaciones de enorme significado en incidencia en la colectividad y de vernos muy celosamente entregados a contemplar y obrar masificada cada una de las actividades citadas, en lugares, asentamientos, de un devenir incierto en consecuencias, surgiendo numerosas intervenciones encaminadas a ilusionar a las gentes de todas las categorías. Es imposible substraerse a este tipo de organizaciones y de célebres confrontaciones, porque pertenecen a ilustración, identidad de carácter tal que influiría en un conglomerado rodeado de componentes afincados, embebidos en espectáculos, en situaciones con las limitaciones conocidas. En cualquiera de los asuntos, también hubo la ocasión de hallar un amable grupo y zonas quedando total o parcialmente defraudadas al no satisfacerse sus anhelos y deseos, incumplieron en los ofrecimientos y los resultados ambicionados y esperados. En lo individual, puede tratarse de la presencia del denominado, aguafiestas, ave de mal agüero, sin causar molestia, obviamente, cuando es parte de un sector incapaz de hundirse en el barro de la fantasía y el cuento, del incauto, come vidrio. Está demostrado entonces, seguimos siendo integrantes del universo a quien le es indispensable, precisa de un ápice de cultura ciudadana, un poco de educación, de formación, saber asimilar las cosas y no dejarse enajenar, conquistar por el verbo y la elocuencia disfrazada de inteligencia y de benefactora. En iguales casos, es imperiosa cierta cuota de optimismo, pero bien complementada de gran dosis de intelecto, de estudio, de preparación y de conocimiento amplio de la cabal esencia del incidente. En lo fundamental, vislumbrase infinita escasez de estructura sólida y eficaz.
