Vergonzosa Corte Suprema de Justicia… ¡Qué tristeza!

Jaime Castaño Torres
Columnista

Cuando ya hace muchos años empecé a estudiar Derecho en la Universidad Libre de Pereira, nos enseñaron que el paradigma de la justicia estaba representada en la entonces Honorable Corte Suprema de Justicia y con el transcurrir de los años pudimos comprobar que ello era así. En esa gloriosa época los Honorables Magistrados no tenían ni la más leve injerencia en política, elemento éste fundamental en una recta Administración de Justicia. Sus sentencias eran fuente de sabiduría, ponderación, buen y bien decir, eran piezas magistrales que eran publicadas por una editorial para que sirvieran de orientación a quienes ejercíamos la honrosa profesión de abogado. Los Honorables Magistrados no salían a diario a los medios a comentar las actuaciones de las sesiones que tenían, no salían a publicar qué pensamiento tenía el uno o el otro, ni daban a conocer los fallos sino cuando ya se habían discutido y aprobado en la correspondiente sala, porque sólo en ese momento eran tales después de la rúbrica correspondiente.

No era corriente que un Honorable Magistrado de esa Honorable Corporación (no es pleonasmo) usara su poder para hacer nombrar a su familia en las demás posiciones altas del Estado porque sabían que eso era indigno. Pero eso es historia antigua, en desuso, causando con ello el desmedro de la buena Administración Pública.

De esa época sólo quedan los buenos recuerdos y nos obliga a rendir tributo a los mártires del Palacio de Justica sacrificados en el bárbaro asalto protagonizado por el M-19. Qué grandeza los adornó siempre y les brindará el pedestal de la historia de manera merecida.

Pero a contrario sensu vemos hoy una corte politizada hasta los tuétanos, hecho que la hace incapaz de nombrar a sus pares que se requieren para reemplazar a quienes gracias a Dios se van por cumplimiento del período y que ojalá no aparezcan en otra de las altas cortes como se estila, porque si así fuere seguramente sufrirá ésta el mismo desmedro de la que dejan desprestigiada.

Locuaces que dan a conocer los fallos tres meses antes de tenerlos en condición de publicarlos porque solamente adquirirán la fuerza jurídica cuando estén debidamente surtida o redactada la totalidad de la providencia en todas sus partes para que luego de ello se suscriba como corresponde por quienes toman la decisión, y sólo así y a partir de allí tendrán fuerza de ley.

Pantalleros que salen a comentar a los periodistas amigos los avances de una discusión que dada la magnitud y trascendencia sólo deberá conocerse cuando esté tomada la decisión final, pues lo que hacen ahora es echarle una jauría a quienes tienen una determinada posición frente al tema que está tratando, ocasionando una indebida presión sobre los Magistrados que no comparten el criterio del colega desleal que sale a darse vitrina dando chivas que no deberán existir en actos donde está involucrada como actora la Majestad de la Justicia.
Estamos a 48 horas en el momento que escribo de que esa corporación quede imposibilitada para deliberar porque no hay la mayoría necesaria para hacerlo.

Los medios de comunicación todo el año anterior advirtieron de esa penosa situación pero no valió para que los pretenciosos magistrados cumplieran el deber de designar los reemplazos de los retirados. No les importó para nada que la justicia estuviera ad portas de paralizarse por su vergonzosa conducta, pero en lugar de esperar el condigno castigo que merecen por indecentes muy seguramente los veremos en otras altas posiciones del Estado para vergüenza del Derecho como profesión.

Qué tristeza, qué bellaquería la de estos señores porque por sus indebidas conductas acabaron con el titulo de Honorable que siempre nos precedía la referencia a esa corporación que ellos bellacamente han convertido en una mesa de charlatanería supeditada a sus personales intereses los que per sé los inhabilitaría para Administrar Justicia. Pero esa es la Colombia que tenemos hoy, y sin esperanzas.